Capitulo 68:

44 6 0
                                        

Narra Roberta:
Los golpes en la puerta de mi habitación eran insistentes y me estaban volviendo loca. En verdad intentaba no ponerles atención, pero era prácticamente imposible.
Me repetía a mi misma una y mil veces que ellos no podían seguir metiéndose en mi vida porque yo ya era una adulta, ni siquiera Dixon podía decidir así sea mi representante y lo que sea... mi vida privada era mia, solo mia.

Comencé a juntar las pocas cosas que me quedaban sin guardar en las valijas. Nora había hecho un trabajo perfecto y todo estaba prolijamente doblado y guardado en mis valijas; pero todavía quedaban algunas cositas que eran importantes para mi y que no podía dejar.

Alma: Roberta, abrí la puerta por favor.
Roberta: Ya te dije que no. (grité)
Alma: Soy tu madre, no me podés ignorar.
Roberta: Si que puedo hacerlo.. al menos si por ahora.
Alma: ¿Por qué hacés esto?
Roberta: Porque quiero.

Seguí guardando cosas, y entonces ella abrió la puerta. Me giré y la miré, sorprendida. Tenía un juego de llaves en la mano.

Mica: ¿Por qué tenés las llaves de mi cuarto?
Marcela: Siempre las tuve.

Abrí la boca sintiéndome estafada. No podía creer que toda mi vida había creído que tenía intimidad, cuando en realidad ella podía entrar y salir cuando se le diera la gana.

Roberta: ¿Qué dijiste?
Alma: No me cambies el tema porque si estoy acá es por otra cosa.
Roberta: Te aviso de antemano que estás perdiendo tu tiempo. (devolví la vista a mis cosas)
Alma: No me interesa. Mirame a la cara, Roberta.
Roberta: No quiero. (seguí guardando cosas en mi bolso)
Alma: Dije que me mires.

La miré, odiaba tener que ser así de obediente siempre. Por muy enojada que estuviera con mis padres, no podía actuar "irrespetuosa" con ellos. Era imposible.

Alma: Decime por qué te querés arruinar la vida así.
Roberta: No me voy a arruinar la vida. Estoy enamorada, dejame vivir en paz.
Alma: ¿Enamorada? Roberta vos no tenés idea de lo que es estar enamorada.
Roberta: ¿Por qué decís eso? Ya no soy un bebé, soy una mujer adulta, sé lo que quiero y lo que necesito en mi vida, tengo mi carrera y mi propia plata para manejarme por mi cuenta, no necesito de su ayuda ni de su aprobación para nada.
Alma: Tu padre y yo solo queremos lo mejor para vos, hija, y lo sabés. Está bien, si, sos una adulta ya y eso lo respetamos. Pero ese tipo te maneja como quiere desde que sos una adolescente.
Roberta: ¿Por qué hablan así de él? Diego siempre se portó excelente conmigo, y también con ustedes.
Alma: Porque está más que claro que él tiene su interés puesto en tus millones, no en tu persona.

No podía creer hasta donde eran capaces de llegar mis padres con tal de mantenerme haciendo pura y exclusivamente lo que a ellos se les antojara.

Nuevamente volví a mis cosas y guardé lo último que me quedaba, en silencio. Luego me colgué el bolso al hombro y la miré otra vez.

Roberta: No voy a tolerar ni un solo comentario más de esos.
Alma: ¿Por qué no querés abrir los ojos?
Roberta: Que ustedes tengan la mente podrida no significa que ninguna persona sea capaz de amar realmente a alguien. Diego me ama y yo lo amo.
Alma: Sos tan ingenua, desde chiquita...
Roberta: ¿Ingenua yo? ¿Estás segura que soy yo la ingenua? A mi me parece que la ingenua sos vos, que creés que con todas estas mentiras estúpidas me vas a poder manejar la vida.
Alma: No me faltes el respeto.
Roberta: No te falto nada, te estoy diciendo la verdad, y si duele lo siento mucho, culpa mia no es.
Alma: Roberta..
Roberta: Basta, esta conversación no lleva a ninguna parte. (intenté pasar por su lado, pero ella se puso en medio otra vez) Mamá, basta.
Alma: ¿A dónde creés que vas?
Roberta: A buscar al chofer para decirle que me ayude a bajar las valijas y subirlas al auto.
Alma: Vos no te vas a ir de esta casa hasta que no hablemos y lleguemos a un acuerdo.
Roberta: Nunca vamos a ponernos de acuerdo, porque vos y papá no quieren hablar conmigo, quiero que yo haga lo que ustedes quieren, no me van a escuchar, no van a buscar un acuerdo, van a hacer todo lo posible para salir ganando solo ustedes.
Alma: ¿Por qué hablás así de nosotros?
Roberta: Esto no es contra ustedes, si? Es por el bien de mi salud mental, y de la relación linda que alguna vez tuvimos los tres como familia.

No le quedó más opción que hacerse a un lado y dejarme pasar. Estaba tan decidida, completamente, no había nada que me pudiera hacer cambiar de opinión.

Bajé las escaleras y atravesé el living con mi mejor cara de indiferencia, ignorando por completo las caras de mi papá y de Gonzalo, que por alguna razón todavía no se había ido a su casa.

Le pedí ayuda al chofer y luego volví a entrar. Mi papá ya no estaba, y Gonzalo se puso de pie con la cartera que yo dejé abandonada en el restaurante en la mano.

Gonza: Esto es tuyo, Roberta.
Roberta: (la agarré) Gracias.
Gonza: Quiero que sepas que aunque te comportaste horrible conmigo, no hay rencores.

Iba a contestarle de forma horrible que no se meta en mi vida, pero por una vez en mi vida me dí cuenta que la equivocada era yo.
Gonzalo tenía toda la razón de estar enojado conmigo. Lo que yo le hice fue horrible, y es más, si alguien me lo hiciera yo me ofendería terriblemente.

Roberta: Mirá Gonzalo... yo te quiero pedir perdón porque vos no tenés la culpa de los miles de quilombos que tengo yo en la cabeza. Nunca debí aceptar la invitación de salir, pero bueno, se me escapó el detalle de que no se puede olvidar a una persona con otra persona. Perdón si te lastimé, de verdad, no quise hacerlo.
Gonza: Ya está, ya pasó. Supongo que sabés lo que hacés.
Roberta: ¿Me odiás?
Gonza: No, cómo te voy a odiar? Pero bueno, me decepcioné un poco.
Roberta: Perdón otra vez.
Gonza: Yo me voy. Fijate que tenés todo ahí, yo no toqué nada.
Roberta: No te preocupes, sé que no falta nada.

Me incliné como para darle un beso en la mejilla, pero él me ignoró completamente y caminó hacia la salida acompañado por Nora, que le abrió la puerta.

Bueno, supongo que aunque me había dicho que no, estaba muy enojado y dolido conmigo.

Dixon: Te acompaño a tu nuevo departamento.
Roberta: ¿No me vas a dar un sermón?
Dixon: Vamos a dejar pasar esa parte.
Roberta: No te hagas que sé muy bien que pensás igual que mis papás.
Dixon: En realidad, a mi no me gusta ese chico para vos porque siempre te hace sufrir.
Roberta: (me quedé callada unos segundos)
Dixon: Si no me decís nada es porque tengo razón.
Roberta: No, en realidad no. Diego y yo ya hablamos y todo está aclarado ahora.
Dixon: ¿Segura?
Roberta: Si, segura.

(...)

El departamento era simplemente hermoso. Tenía mucho que desempacar y demás, pero estaba feliz.
Dixon y yo brindamos en el living para celebrar y luego nos quedamos charlando un buen rato sobre lo que se venía en mi carrera. Tenía muchos shows que dar en todo el país, y luego comenzaba una gira por el mundo.

Me hubiera encantado que mis padres estuvieran ahí conmigo, pero bueno, las cosas quedaron tan mal que eso era demasiado pedir.

Dixon: ¿Vas a poder ordenar todo sola?
Roberta: ¿Y por qué no podría?
Dixon: Porque estás acostumbrada a que todo te lo hagan las mucamas.
Roberta: (reí) Bueno, tampoco soy una inútil..
Dixon: Mmmm.. eso veremos..

Nos reímos los dos. Era agradable estar con Dixon porque aunque no estaba con mis padres, me hacía sentir menos sola.

Luego de un rato más, él se fue y me dejó sola. Antes de irse, me dijo que me dejaba unos papeles con todos los shows y viajes que íbamos a hacer sobre la mesa. Yo saqué mi celular y marqué el número de Diego.

Diego: Roberta.. al fin te escucho..
Roberta: Si, perdón que tardé, pero todo me tomó más tiempo del que esperaba.
Diego: ¿Todo bien en tu casa?
Roberta: No, todo mal, mis padre se pusieron como locos, pero no me importa.
Diego: ¿Y ahora donde estás?
Roberta: En mi nuevo departamento.
Diego: ¿Así que ahora mi chica vive sola?
Roberta: Así es, y podés venir cuando quieras.
Diego: Me encantaría ir ahora.. pero no puedo.
Roberta: ¿Por qué no?
Diego: Tengo que trabajar.
Roberta: Pero es domingo.
Diego: Tengo muchas horas que recuperar.
Roberta: ¿Ah, si?
Diego: Si... voy a hacer las cosas bien en serio.
Roberta: Me encanta escucharte decir cosas así.
Diego: Y lo hago por vos.
Roberta: Por vos lo tenés que hacer.
Diego: Bueno, por los dos.
Roberta: Así está mejor.
Diego: ¿Quedó todo muy mal con tu papás?
Roberta: Dicen cosas estúpidas, ni siquiera quiero escucharlos.
Diego: Me odian, no?
Roberta: No sé si te odian.. pero... están seguros de que no sos para mi.
Diego: ¿Y vos qué pensás?
Roberta: (sonreí) Que te amo demasiado como para que me importe lo que ellos piensan.
Diego: Yo te amo mucho más, mi amor.

Cuando corté la llamada, miré hacia las escaleras, pensando en toda la ropa que tenía que ordenar. Realmente no tenía muchas ganas.

Ignoré mis responsabilidades y agarré las hojas que Dixon dejó sobre la mesa para mi.
A penas leí las primeres líneas me quedé en absoluto silencio.

La semana siguiente, es decir en siete días, tenía que viajar a Córdoba para dar dos shows. Y lo primero que pensé fue: Diego tiene que venir conmigo!

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora