Narra Diego:
Miré hacia atrás, encontrándome con la sonrisa de Paula. Las sábanas blancas le cubrían el cuerpo, pero sabía que debajo de ellas, estaba completamente desnuda.
No recordaba prácticamente nada de lo que había pasado la noche anterior. Tomé demasiado y perdí por completo el uso de la razón. Ni siquiera sabía en qué momento fue que terminé en la cama de esta mujer.
Me pasé las manos por la cara y solté un suspiro. Roberta me hacía doler la cabeza aun más que la resaca que ahora comenzaba a torturarme.
Sus cambios de humor. Eso de llamarme y luego cortarme. Eso, exactamente eso me sacaba de mis casillas.
A penas me quité las manos de la cara sentí el peso del cuerpo de Paula sobre mi. Ella me abrazó y acarició mi pecho con sus manos tibias. La sonrisa no se borraba de su cara, así que supuse que ella la había pasado muy bien la noche anterior... cosa que yo no podía recordar.
Paula: ¿Dormiste bien?
Diego: Si.. (murmuré)
Paula: ¿Qué te pasa? Estás como cortante y no me mirás como me mirabas anoche.. (intentó besarme)
Diego: (corrí la cara) Anoche estaba borracho, Paula.
Paula: ¿Me estás queriendo decir que te acostaste conmigo solo porque estabas borracho?
Diego: No exactamente, pero creo que eso fue básicamente lo que pasó.
Paula: Ah, pero sos un caradura. (se quitó de encima mio) ¿Te pensás que me podés usar para pasar el rato cuando te cante vos?
Diego: ¿Podés parar con la catarata de preguntas, Paula? Me duele la cabeza.
Paula: Me usaste.
Diego: No sé, no me acuerdo de nada de lo que hice anoche.
Paula: (suspiró) Andate de mi casa, por favor.
Diego: ¿Me vas a hacer una ofendida ahora? Lo nuestro siempre fue así, no me jodas. (me levanté y comencé a buscar mi ropa)
Paula: El problema fue, quizás, que mientras para vos yo solamente era sexo, yo me fui enamorando de vos..
Diego: Odio tener que ser tan cruel, pero ese es tu problema.
Agarré mi camiseta y mi pantalón y me los puse rápidamente, luego comencé a buscar las zapatillas que andaban tiradas por cualquier lado.
Paula se levantó de su cama, envuelta en la sábana blanca y caminó hacia mi. Su mano golpeó mi mejilla sorpresivamente, y yo me quedé mirándola, porque en verdad no me esperaba esa reacción.
Si, quizás yo era un poco bruto, pero siempre lo fui. Y además siempre le dejé en claro que yo no pensaba enamorarme de nadie ni pensar en algo serio con nadie; en verdad no era mi culpa si ella no podía aceptar esa parte de la historia.
Para colmo, Roberta, la última mujer de la que en verdad me enamoré, (y a la que todavía amaba aunque no pensaba admitirlo en voz alta otra vez), no salía de mi cabeza y solo podía pensar en por qué me había llamado hablándome tan tranquilamente, y luego de la nada pareció enfurecerse y me cortó.
Diego: ¿Qué hacés?
Paula: Sos una porquería.
Diego: Supongo que esta porquería debe gustarte mucho, porque me seguís viniendo a buscar, una y otra vez, Paula.
Paula: Andate. Andate con tu estrellita, esa zorra que seguramente se acostó con todo Europa, mientras te hacía el cuentito de que los padres no la dejaban verte.
Diego: (la agarré del brazo y la acerqué a mi, con el ceño fruncido) Mirá, si yo te conté la historia completa no fue para que la usas para darme golpes bajos, sabés? Además si yo quiero ir y buscar a Roberta y complicarme la vida otra vez lo voy a hacer, porque es mi vida, es mi problema. (la solté) Y no me busques más.
Paula: Vos tampoco decís que no, eh..
Solo rodé los ojos, realmente cansado de discutir con ella, me terminé de poner las zapatillas, agarré mi campera que estaba tirada a los pies de la cama y salí de la habitación.
Había estado en esa casa muchas veces antes, y sabía que la puerta de entrada siempre estaba sin llave.
Me subí a mi moto y fui directo a mi casa. Sentía los ojos todavía medio pegados por el sueño, así que lo primero que hice al llegar fue meterme bajo la ducha, lavarme bien la cara y los dientes.
Salí del baño y entré a mi habitación, pateando cosas que andaban por ahí tiradas, porque como se pueden imaginar el orden no es lo mio; entonces mi teléfono comenzó a sonar.
Diego: ¿Qué pasa grandote?
Martín: ¿Cómo que qué pasa? Te desapareciste y no me volviste a llamar, idiota!
Diego: Ah.. es que estos dos últimos días fueron complicados.
Martín: Pensé que te había pasado algo malo, pero luego ví la foto en los diarios y..
Diego: ¿Foto en los diarios?
Martín: Si tonto, la foto en la que están vos y la ídola de mi hermana.
Diego: ¿Qué...?
Martín: Mirá, buscá algún diario que tengas a mano y comprobalo vos mismo.
No tenía tiempo de ir a comprar un diario, así que corté la llamada y lo busqué en internet.
En verdad no lo podía creer cuando ví la foto de nosotros dos ahí, completamente enorme.
El teléfono volvió a vibrar en mis manos. Nuevamente era Martín.
Diego: ¿Y ahora qué?
Martín: ¿Viste la foto?
Diego: Si..
Martín: ¿Me vas a contar?
Diego: Después, ahora no tengo ganas.
Martín: Lamento mucho decirte que vas a tener que jugar el papel de mejor amigo y venir a bancarme.
Diego: ¿Qué? ¿A dónde? ¿Por qué?
Martín: Mi hermana y sus amigas, todas ellas fans de la Pardo, descubrieron en una página de fans en donde va a estar ella ensayando hoy y la quieren ir a esperar para que a la salida les firme autógrafos y se saque fotos con ella.
Diego: ¿Y para qué me querés a mi ahí?
Martín: Porque sos mi mejor amigo y me tenés que acompañar.
Diego: No, otra vez no. Ya tuve suficiente de Roberta por dos días..
Martín: Ay vamos, ni siquiera te vas a tener que acercar a ella, mucho menos subirla a tu moto.. (su voz sonó divertida) ¿Qué hiciste con la estrellita esa noche, Bustamante?
Diego: Nada..
Martín: Si, claro.
Diego: Basta, no me gusta cuando te ponés pesado.
Martín: Bueno bueno, pero venís no? Claro que puedo contar con mi amigo el "reservado".
Diego: Aunque dijera que no, igual me vas a obligar a ir, así que..
Martín: Pasamos por tu casa con el auto en media hora.
Diego: ¿Media hora?
Martín: Hay que ser puntuales para tener los mejores lugares; palabras exclusivas de Flor.
Diego: (suspiré) Está bien...
Dejé el celular sobre la cama y comencé a buscar ropa decente en el desastre que era mi placard.
Hacía mucho que no hacía una limpieza en ese lugar, y la verdad es que la necesitaba.
Terminé de vestirme y corrí desesperado a la cocina por un poco de comida. Sabía que mi hermano seguramente estaría trabajando, pero enseguida comencé a escuchar el griterío de mis sobrinos. Detrás de ellos entró Martina, la mujer de mi hermano, cargada de bolsas.
Martina: Ah.. apareciste..
Diego: Si, estaba con unos amigos.
Martina: No te preocupes, ya nos acostumbramos a que te borres por días enteros igual.. Bastian y Velentino se calman ya! (les gritó a los pequeños que la ignoraron olímpicamente)
Diego: ¿Sabías que si les gritás no te van a hacer caso nunca, verdad?
Martina: ¿Y vos sabías que en este momento deberías estar trabajando, verdad?
Diego: Es sábado.
Martina: Faltaste en la semana, tenés horas que recuperar..
Diego: Javo me cubre.
Martina: Tu hermano no puede estar defendiéndote toda la vida, Diego, ya sos grande...
Diego: ¿Me estás queriendo decir que querés que me vaya?
Martina: ¿Qué? Nada de eso, yo.. solo quiero que intentes hacer algo productivo.
Diego: (mordí un pedazo de pan) En este momento estoy a punto de ir a ayudar a un amigo.
Martina: (rodó los ojos) Me refiero a trabajar, terminar los estudios, casarte, tener hijos.. hacer lo que hace la gente normal..
Diego: Todavía soy joven para eso de casarse y demás, lo del estudio, lo dejamos para otro momento, y al trabajo siempre voy, pero ahora es fin de semana!
Ella solo movió la cabeza a penas y comenzó a acomodar los productos que acababa de comprar.
Yo terminé de comer mi pan y me acerqué a ayudarla, mientras le cambiaba el tema y le hablaba de los chicos, que era algo de lo único que teníamos en común.
Martina había sido una parte importante para que mi hermano abriera los ojos y se acercara a mi otra vez, así que a pesar de ser un completo desastre de persona, con ella siempre era bueno, casi como era antes del viaje de Roberta.
Cuando terminamos de ordenar todo, terminé de arreglarme un poco, me despedí de ella y de los chicos y salí de la casa.
Martín y su hermana Florencia me esperaban en el auto. A ella se le podían notar las ansias en la cara. ¿Tanto solo por ver a Roberta? Cosas de fans, supongo.
Flor: Era hora, nenito..
Diego: Resulta que tengo una vida.
Flor: Una vida demasiado sencilla tenés.
Martín: ¿Van a pelear todo el tiempo?
Diego: Es ella la que me ataca.
Flor: Sos vos el que pasa tiempo con Roberta y no le pide autógrafos para mi! (chilló)
Diego: (me cubrí los oídos con las manos) Controlemos los agudos por favor.
Flor: Entonces vení para acá y explicame todo con lujo de detalle.
Me senté en el asiento trasero del auto, y mientras Martín arrancaba y comenzaba el viaje, me ví obligado a contarle a Florencia todo lo que había pasado, quitando las momentos incómodos como cuando la besé apasionadamente en el baño del boliche, por ejemplo.
Diego: ¿Y qué es lo que vamos a hacer?
Flor: Vamos a conocerla! Bueno, yo por lo menos la voy a conocer...
Martín: Decile la verdad. En realidad lo que vamos a hacer es quedarnos ahí parados como idiotas durante horas, solo para que cuando ella salga seguramente su seguridad no la deje acercarse a nosotros.
Diego: Pfff pero para eso la llamo por teléfono y..
Flor: (abrió los ojos de par en par) ¿Tenés su teléfono?
Diego: Eh.. no, en realidad no.. (mentí)
Flor: Pero dijiste que...
Diego: Tengo el viejo; y eso era una broma... (murmuré)
Flor: Vos y tus bromas, no cambiás más eh!
(...)
Martín tenía razón cuando dijo que nos íbamos a clavar ahí como idiotas durante horas. Ya me dolían los pies cuando por fin las puertas se abrieron y ví que comenzaron a salir algunas personas, la mayoría hombres de gran tamaño y caras poco amables.
Entonces, en medio de todos ellos, reconocí el pelo de Roberta.
Agarré a Flor del brazo y se la señalé. Ella la vió y comenzó a gritar, para luego correr hacia donde estaba ella.
Yo solo sonreí, porque me pareció en verdad gracioso que ella se pusiera así de feliz por solo ver a una persona con la que yo había compartido tantas cosas...
Entonces, de la nada, aparecieron unos periodistas. No sé ni de donde salieron, pero de repente se me tiraron encima como bestias, desesperados por poner sus micrófonos en frente de mi boca.
Periodista: ¿Vos sos el chico de la foto? ¿Conocés a Roberta Pardo?
Diego: Eh.. bueno.. yo..
Miré hacia donde antes estaba ella, y ví que me estaba mirando, mientras su seguridad la llevaba hacia un auto, ignorando a las fans enloquecidas que la habían esperado por horas, desesperados por protegerla de todas las preguntas.
Pero había más periodistas que fueron con ella inmediatamente, y comenzaron a hacerle preguntas a los gritos, esquivando empujones de sus hombres de seguridad.
En verdad me dió tanta rabia verla como se comportaba, como fingía ser una estrella inalcanzable, sin dar notas y sin poner ni siquiera un poco de atención esas adolescentes que la adoraban y la llamaban ídola; que miré hacia los periodistas que tenía en frente, me aclaré la garganta, y con toda la firmeza del mundo hablé:
Diego: Claro que conozco a Roberta Pardo. La conozco mucho más que todos ustedes, eso se los puedo asegurar.
Continuará...
