Capitulo 62:

75 10 2
                                        

Narra Roberta:
Me quedé completamente dura, sin tener ni la menor idea de qué contestar. Sé que cualquier persona razonable en mi lugar le hubiera gritado que no, que se iba a quedar en ese restaurante hermoso con ese chico divino; pero yo no era capaz de decirle que no.
No puedo explicar por qué, simplemente no podía. Pero tampoco podía decirle que si. Ni yo sabía qué quería.
En solo dos segundos mi cerebro comenzó a trabajar tanto que sentía que se me iba a explotar.

Diego no quitaba la sonrisa seductora de sus labios. Esa sonrisa que nunca cambió, a pesar de que él había cambiado tanto. Él sabía muy bien el tipo de efecto que tenía en mi, y sé que también estaba bastante segura de cual sería mi respuesta.
Al menos me consolaba el saber que yo tenía un efecto parecido en él porque por algo estaba siempre persiguiéndome y queriéndome cerca a pesar de decirme que me odiaba, así que no me sentía tan estúpida.

Me dí cuenta que estaba tardando mucho en responder, pero ni siquiera había logrado formar una respuesta inteligente dentro de mi cabeza.
Estaba simplemente en blanco y parecía que no había manera de hacerme reaccionar.

Roberta: No podés venir acá y hacerme esto, Diego.
Diego: Yo puedo hacer lo que quiera y cuando quiera porque este es un país libre.
Roberta: No me vengas con frases hechas..
Diego: ¿Me vas a seguir dando vueltas o me vas a responder de una vez por todas, estrellita?
Roberta: No me digas estrellita.
Diego: Dejá de cambiarme el tema.

Me mordí el labio inferior.

"Por Dios Roberta vos sabés perfectamente que tenés que decirle que no! Ese tipo te dijo de todo, te insultó, dijo que te odiaba, qué hacés ahí parada dudando? Esta claro que tenés que decirle que no!".

Mi parte razonable me estaba intentando convencer de hacer "lo correcto".
Pero después estaba la otra parte, la parte inconsciente, la parte que quería rebelarse contra todo el mundo sin importarle nada; la que se quería abrazar a Diego en la moto e irse hasta el fin del mundo.

"Decile que si. Lo amás. Siempre lo amaste. Es tu amor, tu único y verdadero amor. ¿Gonzalo? Pfff por favor, a Gonzalo solo lo estás usando para borrar a Diego de tu vida, pero ya ves que es imposible. Así que tirá todo al diablo y andate lejos con la persona que querés".

Me estaba torturando a mi misma. Era una guerra interna entre lo que debía hacer y lo que quería hacer.

Diego: Estoy esperando...

Él se tocó la muñeca, dándome a entender que los minutos estaban pasando y que yo debía tomar una decisión.

Cerré los ojos y tomé una decisión rápido, sin pensar, solo la elegí al azar.

Roberta: ¿Qué es lo que vamos a hacer si te digo que si?
Diego: (sonrió otra vez) ¿Eso es un si?
Roberta: No exactamente.
Diego: Yo creo que si.
Roberta: Basta Diego, respondeme la pregunta.
Diego: Primero vas a tener que ser más clara.
Roberta: (rodé los ojos) Está bien, si.
Diego: Esa es mi chica.
Roberta: Yo no soy tu chica.
Diego: Vos nunca dejaste de ser mi chica.

Wow. Si él todavía me quería... si que tenía una rara manera de querer.

¿Por qué era tan imbésil de enredarme con un tipo que en un segundo decía amarme y al otro me odiaba? No lo sé, quizás era demasiado estúpida.

Roberta: ¿Qué vamos a hacer?
Diego: Ahora nos vamos.
Roberta: No, no podemos. Gonzalo nos va a ver..
Diego: ¿Gonzalo es el imbecil con el que estás?
Roberta: No le digas así.
Diego: Bueno, pero es él?
Roberta: Y si..
Diego: ¿Y qué importa si él nos ve?
Roberta: Diego, no sé si esto está bien..
Diego: Usted ya aceptó señorita, y no hay vuelta atrás.
Roberta: Si, yo acepté, pero no quier..
Diego: (me interrumpió) A la cuenta de tres vamos a salir corriendo de acá.
Roberta: ¿Qué?!
Diego: Uno...
Roberta: Diego, no..
Diego: Dos...
Roberta: Diego!
Diego: Tres!

Me agarró del brazo y comenzó a correr, yo obviamente me ví obligada a correr detrás de él.

Recordemos por favor que estábamos en un restaurante "fino"; así que imagínense el modo en que todos nos estaban mirando. Y yo ahí, corriendo como una salvaje, de vestido y tacos altos.
Nos llevamos por delante a uno de los mozos, y obviamente la bandeja con comida que llevaba se cayó al piso, causando un gran ruido y un gran desastre.

Diego comenzó a reírse y siguió corriendo, ignorando los gritos del mozo; yo no pude evitarlo, también me reí.

Ví a Gonzalo mirándome completamente sorprendido, no entendía nada, completamente nada. Escuché que gritó "Roberta!" pero lo ignoré. Ya estaba jugada.

El mozo llamó a seguridad, pero nosotros atravesamos la puerta rápidamente y corrimos hacia la moto de Diego.
Él se subió inmediatamente y yo me subí detrás de él, con un poco de torpeza por el vestido apretado; pero lo logré.

Diego: Esa es mi chica otra vez! (gritó emocionado)
Roberta: Mirá las cosas que me hacés hacer, Bustamante!
Diego: Ahora agarrate fuerte, porque dejamos un poco enojada a la gente de adentro..

Él sonrió y devolvió la vista al frente; después arrancó a toda velocidad.

Me agarré con fuerza de él y miré hacia atrás. Los dos hombres de seguridad salieron corriendo, pero ya nos estábamos yendo, era tarde.

Sonreí, sintiendo el viento en mi cara. Estaba haciendo lo que nunca había imaginado que haría, pero me sentía tan bien que no me arrepentía en absoluto..

Llevé una de mis manos a mi pelo y me quité la ebilla que mantenía mi pelo recogido; luego la tiré a la calle; mi pelo comenzó a moverse en el viento y me sentí completamente libre.

Estaba tan feliz.

Diego aumentó la velocidad cuando llegamos a la carretera que estaba vacía a esa hora de la noche.
Armándome de un valor que no sabía que tenía, me solté de ambas manos y abrí los brazos.

Diego: Veo que perdiste el miedo..
Roberta: No te das una idea de cómo me gusta esto..

Escuché su risa, y después se quedó en silencio otra vez.
Ni siquiera sabía a dónde estábamos yendo, pero estaba feliz.

Cuando detuvo la moto, estábamos sobre un puente. Yo fruncí el ceño.

Roberta: ¿Donde estamos?
Diego: Me sorprende que no reconozcas este lugar.
Roberta: ¿Me trajiste a otra carrera?
Diego: No...
Roberta: ¿Entonces?
Diego: Vení..

Me tomó de la mano y me hizo bajar de la moto, después comenzamos a caminar hacia el borde del puente.
El ruido de mis zapatos era insoportable en medio del silencio de la noche.

Diego: ¿Por qué no te quitás esa porquería?
Roberta: Porque no quiero andar descalza, mirá si me lastimo o algo..
Diego: (rodó los ojos) De todos modos te los vas a tener que sacar para hacer lo que tengo pensado que hagamos.
Roberta: ¿Qué vamos a hacer?

Llegamos al borde, y me dí cuenta que iba en bajada, y que esa bajada de tierra estaba cubierta de pasto.

Roberta: ¿Ahí querés que vayamos?
Diego: Exacto.
Roberta: No puedo andar bajando con este vestido.
Diego: Es de noche, nadie te ve.. mirá, es así..

Se metió por el medio de los caños que había en el costado del puente y de un pequeño salto quedó parado del otro lado.

Yo suspiré y me quité los zapatos, después se los dí a él e hice lo posible por pasar por donde él había pasado sin abrir mucho las piernas para que no se me viera nada. Salté y quedé a su lado.

Diego: Esa mi chica por tercera vez.
Roberta: Y ahora qué?
Diego: Vení..

Con una mano llevaba mis zapatos y con la otra me tomó a mi de la mano. Caminamos por la bajada de pasto y una vez abajo, él se sentó en el piso. Me senté al lado suyo y miré a mi al rededor.

Ese lugar era tan silencioso.. tan tranquilo...

Diego: Como verás, yo no puedo pagarte un restaurante súper fino y lujoso como ese... tipo, pero con esto tan simple y sencillo sé que te hice mucho más feliz.
Roberta: ¿Cómo sabés eso?
Diego: Porque te brillan los ojos... los ojos marrones más hermosos que ví en mi vida.

Lo miré a los ojos y luego miré su boca. Era tan hermoso.

Roberta: ¿Por qué las cosas se rompieron entre nosotros, Diego?
Diego: No quiero hablar de eso ahora.
Roberta: ¿Y de qué querés hablar?
Diego: Ahora no quiero hablar de nada.

Me tomó de las mejillas y me besó. Fue un beso corto. Yo enseguida volví a unir nuestros labios, pero esta vez el beso fue mucho más largo y apasionado.
Me rodeó la cintura con sus brazos, apretándome contra él.

Estuvimos ahí, abrazados, besándonos, casi sin hablar de todo lo que debíamos hablar, haciendo como si nunca hubiera pasado nada, fingiendo que no teníamos miles de temas que hablar y solucionar.

Él tenía razón en lo que dijo. Me había hecho feliz con solo estar sentados en ese lugar. Me había hecho mucho más feliz.

Diego: ¿Tenés hambre?
Roberta: Un poco.
Diego: Entonces vamos a comprar comida.
Roberta: ¿Tenés plata?
Diego: Algo.. vos no?
Roberta: Dejé mi cartera con mi billetera, mi celular y todas mis cosas en mi silla, en el restaurante.
Diego: (rió) Bueno, al menos no te van a estar llamando.
Roberta: Supongo..
Diego: Vení, vamos a comprar..

Volvimos a subir, me puse los zapatos, Diego me dió su campera y subimos a la moto.

Realmente cambiaba toda mi vida de "chica famosa" por una vida así, al lado de Diego.

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora