Capitulo 47:

120 8 1
                                        

Narra Roberta:
"Hola, Roberta" Solo eso me dijo. Solo eso después de tanto tiempo sin vernos, después de tantas cosas que los dos hicimos mal...

Yo no supe qué más decir, no me salía decir un simple y común "hola"; y él tampoco hizo ningún otro comentario, como si decir solo dos palabras fuera suficiente para mi.

Parecía que no podía sacar mis ojos de los suyos, y al mismo tiempo lo único que deseaba hacer era dejar de mirarlo. Sus ojos, siempre iguales, me hacían doler hasta el último hueco de mi corazón y mi alma; porque era imposible para mi no pensar en lo diferente que podría haber sido todo si jamás me iba, si me quedaba junto a él.

¿Por qué las cosas tuvieron que salir de este modo?

Los ojos comenzaron a picarme, iba a llorar y lo sabía; pero no quería hacerlo. Aún no habíamos intercambiado ni una palabra y yo ya sentía que me deshacía en lágrimas.
Maldita sencibilidad.

Pude haber gritado para que la seguridad viniera y lo sacara en dos patadas, pero sentía que debía quedarme donde estaba, enfrentarlo, ver qué era lo que pasaba, qué pensaba y sentía él; y por sobre todas las cosas, por qué hizo todo lo que hizo.

Me tragué las lágrimas y fingí frente a él ser una mujer fría y completamente entera, para que no viera que me estaba desmoronando por dentro.

Roberta: ¿Qué es lo que querés acá? No podés estar acá.
Diego: ¿Me vas a echar? Vas a llamar a tu seguridad para que me saque, estrellita?
Roberta: ¿Por qué me hablás así?
Diego: ¿Y todavía lo preguntás?
Roberta: Yo debería maltratarte, si vamos al caso.
Diego: Parece que no te gustó mucho mi sorpresa.
Roberta: ¿Sorpresa? (me crucé de brazos) ¿Qué es lo que querés acá, Diego?

El caminó un poco hacia mi, pero no demasiado; creo que aún no estaba del todo listo para acercarse por completo, para sentir que respirábamos el mismo aire.

Jamás pensé que nuestro reencuentro se daría de este modo. Pero no podía correr a abrazar y besar a la persona que me hizo todo lo que él me hizo. ¿Cómo se perdona una infidelidad? A mi Javier me había sido infiel en la secundaria, y aun al día de hoy sentía que si lo veía le golpearía la nariz por ese hecho.

Y al parecer, él estaba pensando en lo mismo, porque me volvió a mirar a los ojos y murmuró:

Diego: Así no es como debería ser nuestro reencuentro. ¿No te parece?
Roberta: Lo que a mi me parece es que si las cosas se dieron así fue por algo, no?
Diego: ¿Por qué no sos clara?
Roberta: No creo que sea necesario aclarar más.
Diego: ¿Qué es lo que vos sabés de mi, a ver? Un pobre chico que nunca dejó de ser eso, solo un pobre chico...
Roberta: ¿Qué es lo que sé? Que si hoy sos solo un pobre chico, como vos decís, es porque vos quisiste.
Diego: No, es porque vos me quitaste la ganas de ser algo más! (me gritó)
Roberta: ¿Me vas a culpar a mi, en serio?
Diego: Vos... te fuiste. Vos... mentiste!
Roberta: Yo no mentí! (esta vez grité yo) En todo caso vos me mentiste a mi. Me prometiste que me esperarías, me hiciste una despedida hermosa con las palabras más bonitas que había escuchado en mi vida... Pero resultaron ser todas mentiras. Vos sos una enorme mentira, Diego.

Si, lo sé, soy muy hiriente con mis palabras; pero solo me sale ser así.

Tenía tanto odio... tanta bronca... tanta frustración. Juro que solo quería poder gritarle en la cara lo usada que me sentía por su culpa.
Porque todos mis miedos se cumplieron de repente. Siempre temí que él se cansara de mi por ser una nena inmadura, que me engañara con alguien mejor y más adulta, y eso fue exactamente lo que hizo.

Además de convertirse en todo lo que ninguna chica a su lado.

Él me miró de la forma más fría que puedan imaginarse. Pero yo lo conocía tanto, que supe con solo ver sus ojos que algo dentro suyo se rompió al escuchar mis palabras.

Diego: ¿Estás muy segura de que yo soy la enorme mentira? No serás vos? Que te fuiste y me dejaste solo acá, que ni siquiera te importé lo suficiente como para intentar comunicarte conmigo a escondidas por lo menos, que hiciste una vida perfecta y llena de lujos, que conociste a otros tipos de ese ambiente mucho mejores que yo seguramente, verdad Roberta? Por qué no dejás de fingir ser la única inocente en todo esto, eh? Yo no te creo. Yo ví con mis propios ojos cada fotografía... no te fue muy difícil sacarme de tu vida. Te convertiste en La Reina, si, pero eso no es lo que sos en verdad.

Y ahora si, las lágrimas brotaron de mis ojos y se resbalaron por mis mejillas.
No podía creer lo que estaba escuchando. Sinceramente, parecía una enorme broma de mal gusto. En el fondo, deseaba que fuera eso, solo una broma de mal gusto.

Diego: ¿Y ahora vas a llorar? No me conmovés, Roberta.
Roberta: ¿Esto es una broma, verdad?
Diego: Nunca hablé tan en serio en mi vida.
Roberta: Diego... (me sequé las lágrimas, necesitaba verme fuerte otra vez, aunque no me sintiera así en absoluto) ¿Cómo podés salir con estos planteos ahora cuando vos fuiste el que me dijo que vaya y persiga mis sueños? Porque fuiste vos eh. Yo estuve a punto de renunciar a ellos, para quedarme al lado tuyo, y vos me diste el empujón que necesitaba para animarme a viajar...
Diego: Claro, porque era tu novio y te amaba, quería verte feliz y cumpliendo todas tus metas y sueños; pero no del modo en que lo hiciste.
Roberta: Yo no hice nada.
Diego: Mentís!
Roberta: Que vos me hayas engañado con cuanta golfa se te cruzó no significa que yo haya hecho lo mismo!! (grité)

Otra cosa más que saqué de mi interior. Maldito descarado... ¿cómo podía decirme algo así? ¿cómo podía hacerme un planteo de estos? No podía creer que se animara a hablar de fidelidad, justo él... justo él...

Diego: ¿Vas a decir ahora que vos jamás hiciste nada?
Roberta: Jamás te engañé. Jamás estuve con otro hombre.
Diego: No me mientas, que ya no sos una nena de 16. Decime Pardo, con cuántos te acostaste en Europa?

Y entonces mi mano fue hacia su cara en menos de dos segundos, y lo golpeé tan fuerte que sonó realmente feo y su cara giró hacia un costado.

Él se llevó la mano a la mejilla y no me miró por varios segundos, durante los cuales yo sollozé casi en silencio, con las lágrimas corriendo por mis mejillas pero sin hacer ni una solo mueca.

Esa maldita basura no podía ser mi hermoso Diego.

Roberta: ¿En qué te convertiste?
Diego: Siempre fui esto.
Roberta: No... antes eras diferente. Antes te miraba a los ojos y podía ver tu alma, Diego. Pero ahora no veo nada. No sos nada.
Diego: ¿Algo más?
Roberta: ¿Por qué sos tan cruel conmigo?
Diego: Quizás el problema es que vos no sos para mi y yo no soy para vos.
Roberta: Sabés que eso no es verdad.
Diego: Definitivamente nunca debí meterme con una nenita de tu edad.

Otra puñalada más para mi maltratado y destrozado corazón.
¿Hasta dónde pensaba llegar él?

Roberta: ¿Viniste hasta acá solo para tratarme como a una cualquiera?
Diego: Vine hasta acá para hacer la única cosa que nos quedó pendiente, Roberta.
Roberta: No nos quedó nada pendiente.

Se acercó a mi, esta vez si lo hizo invadiendo todo mi espacio personal y me miró a los ojos otra vez. No había sentimientos en esa mirada. No había nada. Estaba completamente vacío. Eran dos huecos negros.

Diego: Nuestra relación se terminó, Roberta. Estoy terminando con vos.

Y eso fue todo lo que necesité para comprender que la frialdad y maldad de este hombre eran tan grandes como todas las estúpidas mentiras en las caí como idiota.

Él jamás tuvo ganas de progresar. Nunca me tomó en serio. Nunca quiso dejar las carreras como yo tanto se lo pedía solo por su bien. Nunca quiso serme fiel. Nunca quiso hacer algo bueno con su vida...

Diego nunca me quiso de verdad.

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora