Capitulo 51:

75 10 4
                                        

Narra Roberta:
No sé por qué el destino se había empeñado en que siempre termine enredada con Diego y sus problemas. Esto no estaba en mis planes, ni siquiera debía estar pasando. Creo que estábamos mucho mejor cada uno por su lado, haciendo su vida, que de más está decir, eran bastante diferentes.

No terminaba de entender como el Diego Bustamante que yo conocí, te había transformado en este casi delincuente... si es que no lo era del todo ya.

Lo ignoré por completo y seguí caminando, arriba había un pasillo y Diego señaló una de las últimas habitaciones. A decir verdad, ese pasillo no era nada bonito, pero mantuve las esperanzas de que quizás el interior de la habitación no estuviera tan mal...

Diego: ¿Qué pasa que caminás tan lento?
Roberta: ¿Podrías hacerme un favor?
Diego: Ya te explique que...
Roberta: No voy a decirte lo que estás imaginando.
Diego: ¿Entonces?
Roberta: Solo no me hables. Se acabaron mis ganas de escucharte.
Diego: ¿Estás muy acostumbrada a dar órdenes ya?

Rodé los ojos y seguí caminando detrás de él. Era demasiado frustrante darme cuenta que él solo me trataba así por una estúpida mentira, porque en verdad no me conocía para nada... no tenía idea de lo que era mi vida nueva.

Aparentemente él no dejaría de hablarme. Supongo que debí sospecharlo, pero tenía la esperanza de que quedara un poco del Diego bueno, que te entiende le digas lo que le digas, en el fondo de su corazón.
Si, me equivoqué, porque este idiota delincuente que caminaba adelante de mi, era como un cubo de hielo.

Abrió la puerta de la habitación y yo casi me caigo de espaldas por el espanto. No es que estuviera tan mal... creo que se veía limpia y sin ningún aroma raro, por lo menos; pero la cama era una matrimonial, es decir de dos plazas.
En otro momento de mi vida hubiera estado feliz de la vida con la idea de compartir una enorme cama con Diego; pero ahora eso ya no era así... porque él lo único que me provocaba de solo imaginarlo cerca mio, era rechazo...

No me había dado cuenta de que no me había movido para nada desde el momento en que mis ojos vieron la cama matrimonial. Lo supe cuando Diego me tomó del brazo y me obligó a entrar para poder cerrar la puerta.
Sacudí la cabeza y saqué mi brazo de su agarre, de un solo tirón.

Roberta: Soltame...
Diego: ¿Qué pasó que no querías entrar? ¿Esto es demasiado grasa para vos, estrellita? ¿Querés que te lleve a un hotel cinco estrellas?
Roberta: ¿Pero por qué no dejás de comportarte como un maldito resentido por un segundo, eh? Esos chistes malos no son graciosos. Y lo sabés perfectamente.
Diego: ¿Resentido, yo?
Roberta: Eso es exactamente lo que sos.
Diego: Quizás si lo sea... pero digamos que tengo mis motivos.
Roberta: Vos no tenés motivos de nada. Lo que vos tenés es una imaginación y una desconfianza demasiado grandes...

Caminé hacia la cama y me senté; estaba cansada... pero no solo físicamente; creo que el peor cansancio que estaba sintiendo en ese momento era el emocional.
Estaba harta, completamente harta. Primero la discusión con Diego en el camarín, luego el tiroteo y la escapada, el viaje en moto, el tener que enfrentarme con todas esas personas que me miraban horrible, luego la estúpida nueva conquista de Diego, la maldita carrera, la persecución con la policía, el tener que estar en este hotel mugriento y deprimente... y ahora esta maldita cama matrimonial que solo nos traería un nuevo problema.

Diego: ¿Imaginación? ¿Me estás cargando, verdad?
Roberta: No. No te estoy cargando; pero no tengo ganas de discutir con vos, no me siento bien.
Diego: Porque no te conviene..
Roberta: Mirá, te recuerdo que si estoy acá, es por tu culpa, porque sos un maldito delincuente; así que tratame bien y llevame lo más pronto posible a casa, de acuerdo?
Diego: ¿Me llamaste delincuente?
Roberta: Si. ¿O estás sordo, eh?

En ese momento lo ví acercarse a mi muy rápido, me tomó con fuerza de la muñeca y me levantó de un tirón, acercándome a su cara de forma peligrosa.
Puedo jurar que en ese momento tuve mucho miedo... Esta persona no era la misma de la que yo me enamoré, no tenía idea de lo que era capaz de hacerme en un ataque de locura...

Diego: No vuelvas a llamarme de ese modo, no vuelvas a hacerlo porque sino...
Roberta: ¿Sino qué? ¿Me vas a pegar? ¿Me vas a matar y después te vas a escapar? Decime, qué me vas a hacer?

Se que soné valiente, pero no me sentía valiente... en realidad me sentía como una hermosa nada delante de él; que se veía tan poderoso...

Diego: No me desafíes, Roberta.
Roberta: No te estoy desafiando, solo quiero que me digas en palabras claras hasta donde serías capaz de llegar. ¿Hasta donde llega tu locura, Diego?
Diego: Vos sabés perfectamente que yo jamás podría lastimarte... No puedo verte llorar, y lo sabés.
Roberta: Ya me lastimaste y ya me hiciste llorar, y no se te movió ni un pelo, así que no intentes convencerme con palabras bonitas.
Diego: Vos me preguntaste si te golpearía, y yo estoy respondiendo a eso Roberta; no podría hacerlo nunca..
Roberta: Soltame entonces.
Diego: ¿Pero no querés saber hasta donde llega mi locura?

Con su mano libre me tomó del mentón y me acercó aún más a sus labios. Yo sentía que iba a explotar por lo nervios del momento... no entendía a dónde quería llegar, no entendía cómo era posible que estuviera cerca de besarme luego de llamarme "puta" y decirme que nunca más quería volver a verme...

Efectivamente él había perdido la cabeza. Por completo.

Roberta: ¿Por qué...?
Diego: Te hice una pregunta. (me interrumpió)
Roberta: Ya no es necesario que me lo digas.
Bruno: Mi locura empieza y termina en vos. (ignoró por completo mi intento por dejar las cosas como estaban y apartarme) En esta chica que debería odiar por completo, y a quien de hecho odio profundamente; pero a la vez no puedo dejar de desear. No puedo dejar de sentir ganas de partirte la boca de un beso cada vez que te veo, Roberta. No puedo no desear tocarte, no puedo... Pero también te odio, te odio tanto que no quiero ni siquiera pensarte...
Roberta: Si me odiás tanto solo apartate de mi, y hacelo ahora.
Diego: ¿Y si no lo hago?
Roberta: Voy a gritar para que alguien venga a ayudarme...
Diego: Nadie te va a escuchar en este lugar, Roberta, además acá estoy como en casa..
Roberta: Diego, no, no te me acerques más...

Intenté alejarme, pero soltó mi brazo y me tomó de la cintura, apoyando su enorme mano en mi espalda, para pegarme a él con fuerza. Corrí la cara de inmediato e intente apartarlo de mi usando mis manos, pero era imposible.
No quería que me tocara... no quería que me besara... No podía entregarme así a una persona que me dijo cosas tan horribles..

Diego: Solo mirate... Tan hermosa, tan convertida en una mujer..
Roberta: Basta, Diego! (le grité) Soltame...
Diego: ¿Cómo es que querés alejarte tan desesperadamente de mi, cuando hace a penas unos años todo lo que querías era estar en mis brazos?
Roberta: Antes no eras esto que sos ahora.
Diego: Esto que soy ahora se muere por besarte, Roberta...
Roberta: No, soltame, soltame ahora!!

En un intento desesperado por sacármelo de encima usando más fuerza de lo normal, caí hacia atrás, de espaldas en la cama y Diego cayó conmigo.
Pude sentir el peso de su cuerpo aplastando el mio... Y me odié por sentir todas esas descargas eléctricas en mi cuerpo al sentirlo pegado a mi.

No... yo no podía hacer que las cosas fueran tan fáciles para él.

Diego: No hacés más que facilitarme las cosas.
Roberta: ¿Vas a violarme ahora, además de un delincuente sos un violador?

Ví como sus ojos se oscurecían por la furia; parecía que iba a golpearme, sentí en serio que de un segundo a otro me golpearía fuertemente en la cara, pero lo único que hizo fue salir de encima mio, quedando así sentado a mi lado en la cama.

Yo respiré aliviada y me senté, intentando alejarme de él tanto como me fue posible.
El silencio incómodo entre ambos, era simplemente terrible.

Diego: ¿De verdad me creés capaz de hacer algo como eso?
Roberta: Vos me creés a mi una puta, por eso intentaste llevarme a la cama hace segundos. Pero yo no soy eso, nunca lo fui, solamente en tu imaginación, en tu mente podrida... Así que sos el menos indicado para hacer una pregunta como esa.
Diego: No estaba intentando hacerlo porque crea que sos fácil.
Roberta: ¿Ahora de repente se te fue todo eso de chico malo que quiere verme sufrir?

Recién entonces se giró a mirarme, se acercó a mi y me señaló con su dedo, mientras mantenía la mirada más fría que puedan imaginarse.

Diego: Vos, me las vas a pagar por todas las cosas que me hiciste, de eso podés estar segura.
Roberta: Yo nunca te hice nada a vos, ahí está el problema.

(...)

Diego no me volvió a hablar luego de eso, solo se sentó en un sillón viejo y mediosucio que había en un rincón, con la vista fija en una tele que solo tenía canales de aire, así que realmente no era nada interesante.
Yo me quité los zapatos y me metí dentro de la cama. Las sábanas eran finas, duras y frías, pero el colchón estaba bastante cómodo.

Me puse de costado, de espaldas a Diego y cerré los ojos, intentando dormir.

A los pocos minutos sentí que la cama se hundía a mi lado. Dejé pasar unos dos minutos y miré hacia atrás, intentando no moverme demasiado. Diego estaba acostado ahí, marcando distancia entre ambos, de espaldas a mi...

Volví a voltearme y cerré los ojos... intentando pensar que no estaba donde en realidad estaba para poder dormir...

Esta era la mejor representación de cómo nosotros estábamos en este momento. Tan cerca... pero tan lejos al mismo tiempo.

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora