Capítulo 29

116 3 0
                                        


Seth Accardi

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Seth Accardi

Mis puños se cierran con cada palabra que suelta el hombre de confianza de Belia, la maldita es una... ¡Qué demonios estoy pagando con ella!

— Entonces hiciste lo que te pidió

— Fue una orden — se defiende Rigel

— ¡Una maldita orden que no debiste acatar! — lo tomo de la camiseta — Mas te vale que ella regrese viva porque sino...

— Ya para

La voz de Erika resuena, ella solo se salva por tener un coño, sino también estuviera como el hombre frente a mí que lo primero que hice al verlo fue darle un golpe en la cara.

— ¿Quieres que pare? — me volteo furioso — ¡La loca de tu hermana también esta secuestrada por quien demonios sabe quién y tú me pides que me detenga!

— Tus gritos no nos van a decir donde esta — me señala — Fue ella la que decidió cada cosa, la intentamos detener y no lo hicimos ¿Tú lo hubieras logrado?

Camino hacia ella furioso y es mi hermano quien interviene cortando mi paso hacia Erika. Ese es otro, desde que llegamos no se ha separado de ella, y es otro tema que debo tratar porque no necesito más problemas.

Mis horas se van entre llamadas intentando averiguar quien la tiene, Oliver ya se encuentra en su territorio recuperándose de la herida del disparo que le dieron el día que se llevaron a Osiel.

Mi paciencia se agota con cada "No sabemos nada" y no me interesa que esta no sea mi organización, con la mirada que les doy hacen lo que les pido al pie de la letra, el tener a Erika también apoyando ayuda.

La puerta se abre de golpe y todos volteamos hacia Dante Mancini entrando, la tensión es inmediata entre nosotros y palpable, no me observa a mí, sino que va directo hacía Erika.

— No tenemos tiempo para...

— Tu hermana no dejo todo al azar — la corta — Me dejo instrucciones mientras iba hacia el lugar donde la habían citado

— ¿Y recién se te ocurre aparecer? — alego furioso

— Tenía que seguir las ordenes de Belia porque ella es la doña

— ¡Y es mi prometida! — vocifero en tono mordaz con la ira creciendo por todo mi cuerpo — En el jodido minuto que te dio las instrucciones debiste venir

— ¿Vas a querer escuchar o seguirás con reclamos? — se suelta de mi agarre molesto — Después de un lapso de veinticuatro horas si ella no se comunicaba conmigo, debía venir aquí y entregarte este mensaje. Belia sabía que estarías cumpliendo con tu juramento de lealtad desde que sus apellidos estaban unidos.

— ¿Qué significa eso? — pregunta la pelirroja

Me quedo inmóvil procesando sus palabras. Dante se encoge de hombros y es entonces cuando lo entiendo, cuando capto el mensaje entre líneas, mis manos buscan mi celular casi por instinto.

Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora