Capitulo 36

104 3 0
                                        

Belia Moretti

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Belia Moretti

El sonido de la lluvia golpeando los ventanales hace que me den nervios. Ya he perdido el conteo de tiempo que he estado metida, apenas y salgo de esta habitación.

Seth entra a la habitación como cada noche, sin decirme nada, solo toma asiento para hacer las mismas preguntas.

— ¿Ya lograste comer algo?

— ¿Seguiremos fingiendo? — mi voz es afilada

No responde, solo me observa sin ni una sola emoción en su rostro.

Odio eso.

— Belia...

— No, odio que digas mi nombre de esa manera — me levanto para caminar hacia él — ¿Hasta cuándo me piensas tener encerrada? ¡Ni siquiera sé cómo está mi familia!

— Ellos están bien ¿Contenta?

— ¿Contenta? — suelto una risa amarga — Estoy en tu puta jaula dorada, cada vez que intento escapar apareces tú haciéndote cargo de la situación ¡Solo déjame ir y consigue otra puta a la cual joder!

Mis palabras hacen que su mandíbula se tense.

— No eres ninguna puta... No vas a salir, no ahora y no así mientras...

— ¿Mientras que? ¿Mientras decides por mi creyendo que es lo mejor? — pregunto — ¡No sabes una mierda de lo que necesito! ¡No fue a ti a quien violaron!

Un puto mes. Estoy casi segura de que un puto mes con algo más de tiempo es lo que he pasado aquí metida como la princesa de un cuento. El tiempo desde que mi infierno comenzó.

— Ya te dije que no vas a ir a ningún lado — reitera levantándose — ¿Quieres largarte? Pues bien, toma las sesiones con la psicóloga y luego te iras una vez vuelvas a ser tu

— ¿Vuelva a ser yo? — lo miro directamente a sus ojos marrones — Me arrancaron la piel Seth y tu pretendes que solo lo olvide como si nada ¡No necesito olvidarlo! ¿Sabes que si necesito? ¡Necesito quemar todo! ¡Necesito encontrar a ese hijo de puta y arrancarle la vida con mis propias manos!

Sus ojos se endurecen.

— Eso te va a destruir más

— ¡Ya estoy destruida! — le grito con toda la rabia que tengo contenida — ¡Ya no hay nada que salvar! ¿Acaso no lo entiendes? Ya no me puedes salvar.

Silencio. Seth desvía la mirada al momento en que suelto mis palabras y sé que lo he lastimado, porque recuerdo las primeras noches donde se disculpaba por no haber llegado a tiempo, así como recuerdo haberle reiterado que él no tenía la culpa. No hablo, solo observo como busca recuperar el control que ha perdido a causas de mis palabras.

— No quiero que me salves — añado débil — Solo...

— No pienso permitir que te dejes consumir

Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora