Capitulo 58

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Narrador Omnisciente

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Narrador Omnisciente

Italia amanecía gris.

Un cielo plomizo colgaba sobre la costa como un mal augurio, tiñendo las calles de Messina con una luz enfermiza. El viento arrastraba el olor a lluvia y pólvora, mezcla que parecía describir el estado de una de las organizaciones más peligrosas del mundo criminal.

Los soldados vigilaban sus puestos, los mapas se extendían sobre las meses y cada puerta se abría en brusquedad. La noticia había corrido por los pasillos y todos coincidían en una sola cosa:

La doña no podía ir sola.

En el salón principal, Belia se mantiene de pie con los brazos cruzados y la mirada helada. Frente a ella una docena de voces discutían entre sí, intentando razonar con alguien que ya había decidido.

—No es negociable —sentenció Bianca con el ceño fruncido, cruzando los brazos frente a Belia—. No te vamos a dejar ir sola. Es suicidio. Jetmir te quiere vulnerable.

—Ella no esta pidiendo permiso —Gruño Meyer desde un rincón, pero su voz cargaba un miedo que intentaba ocultar.

Armani dio un paso adelante, golpeando la mesa con la palma de la mano.

—¡No vamos a arriesgarte! —su pecho subía y bajaba con furia contenida—. Si algo te pasa Belia, toda la Cosa Nostra cae con tu nombre ¿Acaso no lo entiendes?

Belia no pestañeo.

— No es una solicitud—cada palabra cayo—. Nadie va a ir conmigo, eso es una orden.

Un murmulló se extendió por la sala. Einar, desde una pantalla, dejo caer su pluma. Osiel y Erika entraron en ese momento, ambos pálidos y tensos.

Osiel avanzo hacia su hija.

— Los Moretti no entregan su sangre así como así y menos a un gusano como Jetmir.

— Papá... —comenzó ella, pero él la interrumpió.

— Lo que le pase a tu esposo no me interesa, no pienso perderte otra vez.

Belia aparto la mirada un instante, respiro profundo guardando silencio.

Ese silencio fue suficiente para que Osiel creyera, aunque fuera por un segundo, que había logrado detenerla. Su padre suspiro y salió acompañado por Bianca y Meyer que también dieron por concluida la discusión.

Todos pensaron que la habían convencido.

Pero apenas la puerta se cerró, Belia giro sobre sus talones caminando en dirección opuesta.

Su habitación estaba en penumbra.

La ventana abierta dejaba entrar el aire frío de la madrugada, moviendo las cortinas negras. Ella abrió el armario sin ninguna prisa, tomó su chaqueta negra para ponérsela.

Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora