Capitulo 45

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Seth Accardi

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Seth Accardi

El maldito sonido de mi celular vibrando sobre el escritorio logra sacarme del caos mental que tengo encima. El nombre que leo en mi pantalla causa que se curve una ligera sonrisa de mis labios.

— Demonia — respondo apoyándome en el respaldo del sillón — ¿Ya me extrañas o solo llamas cuando el mundo se está quemando?

— Ambas — lo dice con un toque sensual y a la vez débil — Aunque si hablamos de fuego, deberías ver la cara de mi tío... se está quemando, casi literalmente.

Frunzo el ceño, interesado.

— ¿Jaziel?

— Volví a ir esta mañana con una sonrisa... Tal vez una taza de café y veneno — hace una pausa y puedo imaginarla cruzando con esa arrogancia tan suya — Esta agonizando. A estas horas ya debería estar sintiendo como se le cierran los pulmones

— Joder... Verte en el papel de mala es...

— ¿Excitante? — indaga y ambos reímos — Se cuanto te gusta esto.

— Solo si viene con piernas largas y una glock en el muslo derecho

— Entonces señor Accardi tiene usted un muy buen gusto.

Estoy por soltar una carcajada cuando la puerta de mi despacho se abre de golpe. Benroy ingresa con el rostro tenso, las venas marcadas en la frente, no hace falta ser un genio para saber que viene con malas noticias.

Levanto la mano hacia él, señalando que espere, y vuelvo a la llamada.

— Debo colgar — murmuro — Al parecer algo se jodió

— ¿Qué tanto?

— Con tu suerte, seguro estas involucrada. Te llamo luego.

— Ten cuidado, Accardi — responde — Las ratas están saliendo de las alcantarillas.

Cuelgo y clavo la mirada en mi hermano.

— ¿Qué paso?

— El cargamento... — empieza, pero se detiene. Traga saliva como si las palabras le pesaran en la lengua — Fue interceptado. Toda nuestra gente está muerta.

Me pongo de pie lentamente.

— ¿De qué demonios hablas?

— Nos quitaron las armas Seth. Las malditas Fénix, los lanzadores M32, todo. Dejaron las cajas vacías.

Golpeo el escritorio con fuerza furioso.

— ¿Quién fue?

— No lo sabemos. Las cámaras fueron hackeadas y los dispositivos de rastreo desactivados, todo lo hicieron en menos de siete minutos.

— ¡¿Siete minutos para jodernos el envío más importante del trimestre?! — le grito — ¡¿Dónde carajos estabas tú?!

— No era mi responsabilidad directa...

Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora