Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Alessandro
Jetmir me observa en silencio ante lo que le pido. Las llamadas de parte de Belia hacia él no se han detenido y en Foggia las cosas se están complicando cada vez más.
Al final asiente con un gesto seco.
Pido acceso directo a Seth. Jetmir me observa en silencio, como si midiera cada latido de mi corazón, terminan asintiendo con un gesto seco. No confía en mí, lo sé, pero tampoco puede darse el lujo de rechazar ayuda cuanto tiene un enemigo como Belia Moretti dispuesta a prender fuego a medio continente por este hombre.
Cuando me conducen hasta él, lo encuentro encadenado a la silla, la piel marcada por los golpes, pero los ojos... intactos. Malditos ojos. No hay derrota en ellos, ni rastro de rendición. Eso es lo que vine a estudiar.
Me inclino apenas hacia delante.
—Seth Accardi. —pronuncio su apellido con una pausa calculada—. ¿Sabes que es lo que más me interesa de ti? No es tu poder, ni tu apellido... es lo que representas para ella.
No responde. Me sostiene la mirada en silencio, pero noto el desafío.
— Ella destruye ciudades enteras por ti —Me río apenas dejando caer el peso de mis palabras en la habitación —. ¿Sabes lo que eso significa? Que eres su mayor debilidad, y yo... necesito conocer hasta qué punto.
Camino alrededor de él fingiendo buscar respuestas en el aire. En realidad, lo que estoy buscando son grietas, una reacción, una fisura. Algo que me diga como herirla a través de él.
Mientras tanto, en mi bolsillo vibra el comunicador encriptado. Me aparto unos pasos y contesto en voz baja.
—Habla.
—Felippo aquí. Tenemos mapeadas tres de las rutas de Jetmir en Tirana, dos son falsas, pero una conecta con Berat. —Hace una pausa—. ¿Quieres que las filtremos a Belia?
—No. —respondo de inmediato—. Aún no. Solo ten la información lista, lo que necesito es un as bajo la manga.
Cuelgo y vuelvo hacia Seth. Me agacho frente a él, lo suficiente cerca como para que note mi sonrisa.
—Pronto, uno de los dos caerá. —Mis ojos lo recorren, estudiando su respiración, la forma en que aprieta la mandíbula—. ¿Tu o Belia?
Salgo de ese lugar dejando atrás a mi enemigo. Estoy comenzando a vengar a mi familia, recuperare lo que años atrás nos fue arrebatado. El aire del pasillo me golpea y uno de los guardias me pide que lo acompañe, asiento y no me sorprende que Jetmir este moviéndose con cuidado.
Caminamos por corredores que huelen a aceite y metal. Fuera, la lluvia ha limpiado el terreno y el cielo se abre en claros húmedos. El hombre me guía por un acceso lateral.