Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Belia Moretti
El olor a humedad es notorio, cierro mis ojos cuando escucho los golpes en seco, las torturas mentales son las que más marcan, las que más duelen y aunque se supone debo estar más que preparada para esto, es imposible, porque es mi padre al que escucho ser golpeado.
No sé qué demonios estaba tramando Jetmir al mandar a sus hombres para que los aruñe, sin embargo, las palabras de uno de ellos no dejan de salir de mi mente. No tengo la menor idea del tiempo que llevamos aquí, la cadena que me entrego Accardi me la han quitado, sabía que no era un simple regalo y tenía la pequeña esperanza de que con eso pudieran sacarnos a los dos.
Pero cuando la descubrieron me la quitaron enseguida. La puerta vuelve abrirse y esta vez es el tal Ezequiel quien lanza a Osiel como si no valiera nada.
— Yo de ti me voy despidiendo de él — sonríe — No va a soportar una tortura más
Su burla me pesa y mis lágrimas caen como cascada, me arrastro hacia mi padre que yace inconsciente y las heridas comienzan a desprender un olor nauseabundo, Osiel medio espabila y su mirada se centra en mi rostro verificando no sé qué.
— Escúchame... — me toma de las mejillas tratando de que me centre — Debes salir de aquí Belia
Niego una y otra vez, no lo puedo dejar solo. Se lo que ha estado haciendo y es dejarse golpear para que no me toquen, sin embargo, muy aparte de ser el Capi di Tutti, es mi padre y le prometí a mi hermana llevarlo de regreso, no puedo dejarlo aquí a su suerte.
Ambos volteamos nuestra mirada hacia la puerta cuando escuchamos pasos, ni siquiera le han dado diez malditos minutos y vienen por él. La puerta se abre dándole paso a según escuche es Eleuterio que ha estado vigilándonos junto a él nuevamente Ezequiel que era más alto y lleno de tatuajes en ambos brazos.
Mi padre se tensa a mi lado a la vez que se reincorpora tapándome de la mirada de ellos.
— ¡¿Qué mierda piensas hacer?! — sigue tapándome al punto de empezar aplastarme — ¡Aleja tus ojos de ella!
Ambos hombres comparten una mirada y es Eleuterio quien avanza a tomar a mi padre del brazo obligándolo a permanecer en una esquina de la habitación.
— ¡Maldito vas a pagar todo! — me levanto, pero un mareo por la falta de alimentación hace que doble un poco mis piernas — ¡Suéltalo!