Capitulo 52

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Seth Accardi

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Seth Accardi

Cada veinte minutos recibo mensajes de Belia preguntando si ya aterricé. Es rara su insistencia, incluso para ella.

Que tienes

Nada... Solo ten cuidado

Dolcezza, deja de preocuparte.

Tengo una sensación de vacío en el estómago. No sé si es por lo que me mostro antes de partir o por lo que ambos ahora sabemos, sus laboratorios, me mostro el poder que tiene, las toxinas que maneja.

Y lo más jodido de todo es que también sabe sobre mí. Sobre mis armas, las nucleares, las de largo alcance, las que diseñamos para destruir naciones si es necesario. No sé cómo reaccionar a eso, por es porque me asuste sino el hecho de que ella es la única que podría entender lo que significa cargar con ese tipo de poder.

El jet privado comienza a descender. Federico me informa que ya está en Italia encargándose de lo que le ordene después de hablar con Belia.

— Se aproxima aterrizaje — anuncia el copiloto.

Asiento mientras acomodo el reloj, me ajusto la chaqueta y fijo la mirada en la pista que se ilumina bajo nosotros. El hangar privado se abre una vez tocamos tierra y dos camionetas blindadas me esperan, mi mirada conecta con el hombre que está a unos pasos con su habitual arrogancia.

Carlton Delaney, uno de los jefes del ala armamentista de la mafia estadounidense flanqueado por cuatro de sus hombres.

— Accardi. Puntual, como esperaba.

— No suelo hacer esperar cuando hay dinero de por medio.

Sonríe con los labios, pero no con los ojos. Nos damos la mano e intercambiamos rápidamente lo que le corresponde al otro.

— Tenemos que revisar el inventario en el camión negro — responde — Después hablaremos de cantidades y plazos.

— Perfecto — respondo — Que sea rápido

Ambos caminamos hacia el vehículo seguidos por nuestros hombres. Un zumbido me tensa y mis instintos me dicen que no somos los únicos en este lugar.

— ¿Escuchaste eso? —me pregunta el hombre junto a mí.

Apenas asiento cuando todo estalla y las luces del hangar se apagan.

Una explosión retumba de la parte trasera del predio haciendo volar una de las camionetas como un proyectil. El estruendo ensordece, los disparos no se hacen esperar, vienen desde las sombras, los tejados e incluso la entrada cerrada ahora es un campo de fuego abierto.

— ¡Cobertura! —grito a uno de mis hombres.

Caigo al suelo junto a Carlton, que recibe un disparo en el brazo. Su grito es seco, furioso. Los hombres de ambos lados responden, las balas silban y las explosiones siguen una detrás de otra.

Saco mi arma apuntando a la silueta que ubico desde un camión.

Carlton se arrastra tras el coche blindado, disparando con la zurda, uno de sus guardaespaldas es alcanzado en la cabeza, otro cae sobre mí, muerto cubriéndome del siguiente impacto.

—¡Nos vendieron, hijos de puta! — escucho a Carlton gritar mientras su sangre mancha el pavimento.

—¡Muévanse! ¡Retirada! — grito a mis hombres.

Cubro la espalda de Carlton mientras él vacía un cargador sobre las sombras que se mueven por los tejados. Disparo a uno de los tiradores que intenta flanquearnos. Lanzo una granada que revienta con un estallido seco a pocos metros de donde una docena de hombres intenta rodearnos.

—¡Te cubro, muévete! — le grito.

—¡Ni loco te dejo solo! — responde, con una mueca de dolor mientras se aprieta el brazo sangrante.

Retrocedemos, disparando. Nuestros hombres caen, el fuego cruzado es tan denso que el aire se vuelve irrespirable, las balas pasan a centímetros. Me lanzo sobre Carlton cuando un proyectil va directo a su cabeza, rodamos en el suelo terminando detrás de uno de los muros del lugar.

—¡Nos quieren vivos a ti o a mí! — gruñe.

Entonces lo veo, no están buscando llevarnos a los dos. Vienen únicamente por mí. Uno lanza una granada de humo volviendo todo denso, gris, asfixiante. El zumbido en mis oídos se mezcla con el estruendo lejano de las balas. Apenas puedo ver y respirar.

—¡Seth! —escucho la voz ronca de Carlton —¡A la izquierda!

Tropiezo junto a él. Disparamos al azar mientras el humo nos engulle. Nos alejamos a tientas, separados por un muro derrumbado, su silueta se desvanece entre la nube gris mientras escucho su arma vaciar el ultimo cargador.

Una ráfaga me pasa silbando junto al oído. Me agacho, corro hacia una de las columnas metálicas mientras disparo hacia la fuente de las luces láser que intentan fijarme como blanco, el calor del fuego, disparo a un atacante que se desliza desde el techo. Le doy, el cuerpo cae sobre el concreto con un crujido seco, otro intenta flanquear por la derecha, no lo pienso, disparo tres veces.

El segundo impacto lo derriba. Carlton, desde el otro lado, lanza otra granada. La explosión sacude los cimientos y la nube de humo se expande.

El humo se espesa. Los disparos se multiplican y mi oído izquierdo zumba haciendo que pierda la orientación. Hay algo en esas bombas, algún componente que se cuela por mi garganta y se instala en mi pecho. Me arde, me asfixia. Siento mis músculos debilitándose, la respiración volviéndose cada vez más corta, más lenta.

Todo a mi alrededor se vuelve borroso.

Unos de los míos correr hacia la salida lateral, pero cae de inmediato con dos impactos en la espalda. Carlton grita mi nombre, pero su voz se pierde entre el caos. Trato de avanzar, de cubrirme, de resistir... pero todo arde.

Me cubro la cara, tosiendo. Intento levantarme, sin embargo, me vuelven a mandar al suelo, una descarga eléctrica me sacude el cuerpo, cae otro de los míos. Veo botas acercarse para luego rodearme.

—¡Cubierto!

—¡No lo maten! — ordena una voz al fondo.

Mis brazos son jalados. Intento resistirme, pero una culata golpea mi costado. Caigo al suelo, medio inconsciente, oigo los disparos continuar, los gritos de Carlton y el rugido de las camionetas escapando.

—¡Él es el objetivo! ¡Llévenselo ya!

Me arrastran hacia una furgoneta negra que aparece de la nada. Las puertas se abren y me lanzan dentro, mi última imagen es Carlton arrastrándose mientras sangra mirando hacia mi con una mezcla de furia.

Alguien vendió mi ubicación.

Las puertas se cierran y con esa la oscuridad aparece.

Las puertas se cierran y con esa la oscuridad aparece

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Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora