Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Seth Accardi
Una vez que aterrizamos en Calabria le ordeno a Federico llevarnos a la mansión que hace poco adquirí, hemos mantenido sedada a Belia y dentro de poco debería estar despertando. La tomo en mis brazos y la llevo a una de las habitaciones de la mansión para que el medico la pueda revisar, Rigel me informa que Osiel ya está siendo atendido y hablo con Benroy por celular que me informa como están las cosas en la organización.
Observo como le ubican suero a Belia y me tenso cuando comienza a revisar los golpes y demás. Cada vez que su rostro se frunce siento una punzada de culpa, debí llegar antes, no puedo apartar la mirada de los moretones que cubren su piel.
— Su estado es crítico — habla finalmente el médico — Por la sangre que había entre sus muslos parece tener signos de abuso sexual, así que le haré exámenes para descartar enfermedades o en todo caso...
Me observa dudoso
— ¿O qué?
— Un embarazo — mis manos se cierran en puños ante la idea — No muestra señales de haber sido drogada sin embargo los exámenes descartaran todo eso, señor, ella necesitará tiempo para sanar física y emocionalmente, en mi opinión es que tome terapia.
Asiento incapaz de hablar y me obligo a salir de la habitación dejando al medico tomar las muestras de sangre, bajo las escaleras hacia la sala de estar donde esta Federico con una expresión tensa.
— Jetmir desaprecio — habla sin rodeos entregándome una carpeta — No hemos podido rastrearlo, es como si se hubiera desvanecido.
Antes de que pueda responder el grito en la parte de arriba me hace subir nuevamente las escaleras de dos en dos. Belia está despierta, pero no parece estar en sí, su mirada luce perdida y tiene al médico en el suelo ahorcándolo
— ¡Belia! — la tomo de los hombros y se retuerce mientras me aruña — Maldición ¡Federico sácalo de aquí!
Sigo luchando con Belia, sus uñas se entierran en mi piel mientras intento sujetarla sin lastimarla y la inmovilizo
— ¡Soy yo! — repito las palabras — ¡Soy Seth! Estas a salvo... nadie va a lastimarte
Sus movimientos se detienen, su respiración entrecortada y sus ojos se enfocan en mí.
— Escúchame — hablo despacio — Estas conmigo, nadie te hará daño
Su cuerpo flaquea y la tomo con fuerza en el momento en que su cuerpo se desploma contra el mío temblando. La envuelvo en mis brazos mientras solloza y no digo nada, solo la mantengo contra mi pecho mientras acaricio su cabello con mis dedos temblorosos
— Anima mía — susurro y siento que las palabras que quiero decir no son suficiente — Perdóname... Perdón por no llegar antes, por no haberte protegido
Mi voz se corta con cada palabra, ella no responde, sus sollozos son los único que se escucha en la habitación y siento impotencia, el que hizo esto va a pagar sin embargo no será suficiente.
— Si pudiera quitarte este dolor... — mi voz se quiebra y sin darme cuenta siento húmeda mi mejilla por la lagrima que rueda — No importa que diga o haga, te falle...
El eco de sus sollozos se mezcla con mi respiración entrecortada. Belia levanta su mirada y sus ojos... esos ojos azules que antes brillaban con fuego ahora solo están vacíos, no hay nada de la Belia que conocí, no hay reproche en su mirada, pero tampoco alivio.
— Solo quédate conmigo...
***
Una vez dejé a Belia dormida salí para encontrarme con Aria y hacernos cargo de los negocios pendientes, envió las drogas mientras Benroy se encargaba del cargamento de las armas, no me despego del teléfono durante el tiempo que estoy fuera, Federico tiene ordenes de no despegar la mirada de la mujer que está en la mansión.
Megan me envía el informe del club y la envió al territorio de Oliver, necesito que con él todo este en calma y el comenzar a tener negocios con él es algo que me beneficiara más adelante.
El bullicio dentro de la mansión me tensa y ni siquiera termino de cruzar el umbral cuando escucho un disparo que obliga a mi cuerpo moverse por instinto, subo las escaleras yendo directamente a la habitación de la pelinegra.
Me muevo cuando otro disparo me pasa, por un lado.
— Señora... — Federico intenta calmarla
— Belia — ingreso con las manos levantadas — Nadie te va hacer daño así que baja el arma
Niega y las palabras del doctor se vienen a mi mente, ella está demasiado perdida.
— Capta con quienes estas — reitero tratando de acercarme — Estas a salvo
— ¡Un paso más y la bala va directo a tu cabeza!
— Belia...
— ¡Esto es un infierno! — tiembla — ¡No sabes lo que estoy viviendo, lo que pasé, solo quiero que pare que deje de aparecer! ¡Dile que se vaya!
Trago grueso sin saber cómo actuar, siento que lo que sea que haga o diga hará que cometa una locura.
— Estas alucinando — escucho pasos apresurados — Federico que nadie intervenga
El hombre se mueve para detener a los demás y regreso mi mirada a la pelinegra de ojos azules.
— ¿Por qué lo trajiste? — reclama — ¡Me traicionaste! ¡Te aliaste con ese hombre para que me lastimara! ¡No debí confiar en ti!
— Yo fui por ti Belia — hablo despacio — Apenas supe lo que paso fui a buscarte
Noto como su cuerpo se tensa y nuestras miradas se conectan.
— ¿Lo hiciste?
— Eres mi mujer — me enderezo — Amore obviamente iba a ir por ti y somos aliados ¿Lo recuerdas?
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