Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Belia Moretti
Mi mirada está centrada en el gran ventanal ni siquiera me fijo en algo especifico. Solo respiro y ya, no me interesa saber nada, y llevo semanas sin ver a Seth, es solo en las noches cuando todo regresa que el aparece para velar que estoy bien, que no hago nada contra mí.
Ya lo intenté y fracasé.
— ¿Qué quieres?
Me volteo a ver al hombre que me cuida por las mañanas, no se mueve de su lugar e incluso mide el tiempo que demoro en el baño.
— Lárgate
No muestra ni una sola reacción a lo que le digo, y no tengo ganas de pelear con el nuevamente así camino a la cama para acostarme dándole la espalda. Prefiero dormir, como quisiera solo permanecer dormida.
— El señor está llegando — habla cortando el silencio — Debería bajar al comedor
— Dile a tu jefe que se vaya al infierno
— ¿Por qué mejor no me lo dices tu? — no me volteo al escucharlo — Belia...
Ha buscado que ponga de mi parte con la psicóloga, pero al ver que no quiero, se ha detenido. Solo quiero que pare, ya no quiero verlo, no quiero cerrar los ojos y tener que verlo nuevamente sobre mí, por más que me bañe me sigo sintiendo sucia.
— Dolcezza...
Lo siento detrás de mí, no me toca y es lo mejor, ya no valgo ni un misero centavo. Los recuerdos taladran mi mente, las suplicas de mi padre al igual que la imagen de él... su rostro empapado por las lágrimas y estoy harta de todo.
— Solo quiero que pare — susurro — Ya no soy la misma Seth
***
Seth Accardi
Tres malditas semanas es el tiempo que ha pasado, ni siquiera porque la amenace ha salido de ese estado. La doctora me repite que debo ayudarla, tener paciencia y acompañarla en el proceso, sin embargo, es lo que he estado haciendo.
El sueño comienza a vencerme y me muevo hacia el baño que se encuentra en la habitación de alado. Enciendo las luces de la habitación dejando la puerta abierta por cualquier cosa, la noche anterior Belia no pudo dormir bien, sin embargo, hasta ahora parece estar tranquila.
Los bastardos siguen en la bodega siendo torturados por mí de vez en cuando. Ni siquiera he hablado con la hermana de Belia porque con los mensajes que me deja cada día es suficiente, todo me pesa y mi puño termina contra el espejo causando que se rompa.
La sombra que aparece detrás de mí me tensa, su mirada no luce perdida, pero si está centrada en los nudillos los cuales se encuentran manchados por la sangre.
— ¿Qué haces despierta?
Ignora lo que le digo y se adentra al baño yendo por la caja de primeros auxilios. No hablo, solo dejo que haga lo que quieres, Belia me toma de la mano llevándome a la cama sentándonos uno frente al otro.
— Belia... — murmuro
Toma el frasco de alcohol para humedecer el alcohol, toma mi mano y el silencio se instala entre nosotros, el cansancio en su mirada era notorio, mi lengua picaba por querer discutir con ella, sin embargo, sé que no es momento para eso.
— Esto va a arder — avisa
El escozor me hizo apretar los dientes, solo la dejo trabajar mientras limpia con delicadeza para envolver la herida con vendas limpias, mis ojos siguen sus movimientos mientras ajusta bien haciendo presión.
— ¿Qué pretendes golpeando el espejo?
Levanto mi mirada y es cuando me mira, logro ver a través de ellos y no hay calma. Nunca ha habido calma en esos ojos sin embargo ahora es diferente.
Trago grueso sin saber que decir.
— Estoy rota ¿Cierto?
La pregunta me desestabiliza, porque odio que diga eso.
— No Belia, no lo estas
Para mi Belia Moretti no está rota porque para mí hasta su lado más oscuro me da colores, sé que volverá a ser la de siempre ya que el infierno le pertenece y cuando el diablo la ve, hasta se persigna.
— ¿Sabes porque quiero siempre permanecer dormida?
Niego
— Dormida duele menos — la atraigo a mi — Dormida no duele Seth....
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