Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Belia Moretti
Su mirada se mantiene frente a mí. Después de lo que paso con sus hombres y la visita de Ginger, no he cruzado palabras con él. He comenzado a dormir mis horas completas y aunque el dolor de lo que paso aún sigue, no quiere decir que siga en el mismo lugar de hace dos meses.
Cambie, evolucione y ahora mis demonios piden un infierno más grande. Mis demonios piden sangre y es lo que les voy a dar, el silencio entre los dos se instaló desde el momento en que le dije que regresaría a mi territorio.
— Antes de que regreses a tu territorio quiero que viajes conmigo
¿Viajar?
— ¿Dónde?
Sonríe de lado negando, con eso ya me dice que no me dirá nuestro destino. No voy a ponerle pelea después de lo que ha hecho por mí, es lo mínimo que puedo hacer. Si bien no se lo pedí, me ayudo, y eso hace que tenga una deuda con él.
Le quito el vaso de whisky que mantenía frente a él y me lo tomo todo enseguida. No me dice nada, nos miramos en silencio, la tensión de nosotros ha crecido, llevo meses sin sentirlo cerca de mí de manera sexual, solo han sido breves abrazos.
Me levanto y él también lo hace, la diferencia de estatura hace que tenga que levantar mi rostro hacia él. No decimos nada, sin embargo, soy la primera en acercarme llevando mis manos a sus brazos, masajeándolos en el proceso.
La camisa blanca con mangas se le ajusta al cuerpo mostrando lo trabajado que esta.
— Dolcezza...
El que me llame así solo hace que el placer entre mis muslos aumente. Estoy mojada de solo pensar en su toque, su loción llega a mi olfato, necesitaba esto, quería esto, pero mi temor ahora era...
— Cualquier cosa negativa que este en tu mente ahora — me da un beso casto — Deséchalo en este momento
— No quiero que....
Me calla tomándome de la barbilla uniendo en un beso profundo nuestros labios, mis piernas flaquean al sentir su erección rozándome, siento mi cuerpo caliente, me alza para ubicarme sobre su escritorio.
No hay droga más peligrosa que la química sexual, y es lo que tenemos Seth y yo. Algo peligroso porque las barreras que sabemos mantener se borran por momentos.
— Me gusta
— ¿Qué cosa?
— Volver a ver la misma mirada que tenías cuando te conocí — une nuestras frentes — La que advierte que eres un peligro y del bueno
Lo último hace que ría
— Hazme tuya — susurro — Borra todo Seth, necesito que lo hagas
— Belia tu misma borraste todo rastro de ellos — responde — Y creo que hace tiempo tenías que ya tener claro que eres mía.
Me besa el cuello y cierro los ojos dejándome perder en medio de sus toques. Levanto mis brazos y se deshace de mi blusa al igual que del brasier, su mirada hambrienta me deja en el limbo de una fantasía, mi coño hormiguea ansiando su toque y son mis tetas quienes se llevan la atención de sus labios.
Mi respiración se entrecorta al sentir su lengua recorriendo mi pezón. Su boca succiona y tira suavemente mientras mis manos permanecen agarradas del filo del escritorio. Tira de mi short junto con las bragas, dejándolas por debajo de mis rodillas.
Esto me hace empeorar al sentir sus dedos jugando con mis pliegues, me dejo llevar, su aliento en mi cuerpo.
— Tan mojada para mí... — cierro los ojos — Mírame dolcezza. Quiero que veas como disfruto de tu coño.
Joder. Esto realmente se siente jodidamente bien.
Un dedo suyo calo en mi interior, sacándolo y volviéndolo a meter. Un fuego devastador atravesando mi cuerpo, el calor recorriendo mientras sentía su lengua nuevamente moverse más rápido, mi mano agarrándolo por el cabello. Noto como retira sus dedos de mi interior llevándoselos a la boca, su lengua sobre ellos hasta dejarlos limpios.
Mi cuerpo se estremece ante la imagen...
— Seth... Dios...
Seth gime de placer mientras vuelve a chupar y lamer mi clítoris. Arqueo mi espalda sintiendo que quedo sin fuerzas, la tensión en mi cuerpo se acumula y cierro mis ojos al sentir como me corro sobre la boca de él con un gemido.
Abro mis ojos conectando mi mirada con el hombre que se mantiene arrodillado entre mis piernas lamiendo los restos de mi orgasmo. Lo hice.
Realmente lo hice.
Trago grueso por el sentimiento que me invade y Seth lo nota.
— Oye...
— Estoy bien — susurro — Todo está más que bien.
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