Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Belia Moretti
Bianca me observa en silencio, los brazos cruzados, la mirada cargada de preguntas que no necesita pronunciar en voz alta.
—Le diste la ubicación de los laboratorios —dice en voz baja, pero inquisitiva.
Estoy sentada frente a la ventana del ala este, observando el horizonte mientras el sol se niega a salir del todo. Mis dedos giran el anillo en mi mano derecha.
— Solo le mostré de manera superficial — le contesto sin mirarla.
— ¿Por qué ahora? —insiste. Su tono no es agresivo, es preocupado. —¿Por qué confiar en él con algo así?
Suspiro y dejo de girar el anillo. La miro de frente.
—Porque confía en mi — mi voz tiembla, pero se que ella lo nota.
Bianca se queda calla unos segundos para luego sentarse a mi lado.
— ¿Y si lo usa en tu contra? ¿Y si mañana ese amor desaparece?
— Ya pensé en eso —digo en voz baja. — Recuerda Bianca que sin confianza... No hay nada.
Me detengo mirando mis propias manos.
—Pero a ti si te puedo ser sincera — murmuro — Este paso que di... es el tipo de cosas que marcan el principio o fin de todo.
Bianca aprieta mi mano. Su rostro se suaviza.
— Te asusta porque no quieres sentir nada —agrega con suavidad. — Y él te hace sentir absolutamente todo.
No respondo a sus palabras. Solo dejo que quede suspendidas entre nosotras, porque tiene razón, cada vez que Seth me mira, siento que se derrumban las murallas que he construido durante años y eso me aterra más que cualquier enemigo.
Antes de que pueda decirle algo, el sonido de mi celular corta el aire. Una llamada segura desde Calabria entra en la línea segura, contesto y recibo a voz de Federico tensa.
— Tenemos un problema. Seth ha sido emboscado.
No capto lo que me dice de inmediato. El mundo se detiene un segundo, como si las palabras no encajaran en el aire, un nudo cierra mi garganta, el corazón me martillea.
No es posible.
— Seth... — murmuro, poniéndome de pie con un movimiento brusco. La habitación gira por un instante, Bianca da un paso hacia mí, pero levanto una mano para que no se acerque.
Mis manos tiemblan, mi respiración se entrecorta. Todo mi autocontrol baja a cero, Federico sigue hablando pero apenas escucho, solo retumban las palabras "se lo llevaron" en mi mente.
—Fue emboscado al aterrizar. Estaba con Carlton Delaney — explica — Los hombres de ambos... están muertos o desaparecidos.
El aire me falta, Un frío sube desde mi estomago hasta los hombros a medida que sigo escuchando lo que me dice, todo me quema por dentro. Aprieto los dientes.