Capitulo 55

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Alessandro Greco

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Alessandro Greco

Escucho los pasos apresurados en el pasillo. Algo ha cambiado, escucho varias voces ladrando ordenes, me mantengo en mi lugar esperando que ya no quede nadie para poder salir.

Escucho a dos hombres intercambiando palabras.

— La doña acaba de cerrar todas las fronteras. Nadie entra ni sale — su tono es directo. — Dicen que hay un traidor.

Aprieto la mandíbula.

Ya lo saben.

No mencionan mi nombre, aun no. Eso es lo menos, el que tenga ya una sospecha, el tiempo se me agota. Después de unos minutos salgo de la habitación caminando sin apuro por el pasillo del ala este, donde solo el personal con acceso puede transitar. Paso junto a dos hombres que me saludan con un gesto, con uno de ellos he compartido varias entregas.

Cruzo el siguiente pasillo y doblo por el área de mantenimiento. Saco el dispositivo escondido y marco el código cifrado, en este lugar la señal es débil, pero suficiente.

— ¿Dónde carajas estas? — responde Felippo su tono es más preocupado que molesto.

— Escucharon algo. Ordenaron cerrar las rutas Felippo y necesito salir ahora — ordeno — Necesito que abras la carretera sur, no hay otra opción.

— Debes llegar a Foggia — suspira — Estoy haciendo el control de daños, sin embargo Jetmir ha pedido comunicarse contigo.

— ¿Le informaste lo que estoy haciendo? — Felippo niega. — Bien. ¿Hay cobertura?

— Te abro en quince minutos, después de eso... Que el infierno te abrace, hermano.

— Tranquilo, el infierno me crio. — corto la llamada.

Me muevo por uno de los pasillos de distribución eléctrica, en el tiempo que he estado aquí adentro aprendí cada tramo, lo recorrí por semanas disimulando rondas nocturnas. Voces en el intercom comienzan a elevarse, y logro captar la orden de Rigel de bloquear los accesos internos.

Subo por una escalera lateral y giro hacia el túnel de mantenimiento. El acceso esta bloqueado por dos hombres, uno de ellos me reconoce.

— ¿A dónde vas? —pregunta desconfiado.

— Me mandaron a reforzar la línea de vigilancia en la salida norte. Rigel está pidiendo más ojos.

— No tengo orden de eso.

—¿Quieres que lo llamemos y le digas que preferiste cuestionar a uno de sus hombres cuando la Doña esta gritando que hay un traidor suelto? —mi tono no vacila. Mis ojos lo sostienen.

Duda. Lo veo en sus ojos mientras el otro guarda silencio, finalmente asiente y me deja pasar.

Idiotas.

Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora