Capitulo 37

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Seth Accardi

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Seth Accardi

— Han pasado ya dos meses Seth — me hablan — Pensé que al recuperarme ya encontraría a mi hija aquí, sin embargo, lo único que encuentro es la noticia de que nadie sabe dónde está Belia, ella tiene que hacerse cargo de la organización, volver a su vida, volver a ser ella.

— Tienes a Erika

Osiel gruñe

— Hablo enserio debes mandar de regreso a Belia

— No. — alego mientras me recuesto en el auto — Te voy a repetir lo mismo que le dije a tu otra hija semanas atrás, y es que de Belia me hare cargo yo y no los quiero ver en mi territorio porque no terminaremos de buena manera.

Cierro la llamada. Tomo un respiro profundo buscando la calma que no tengo desde que todo paso, se que una vez que cruce la puerta de la bodega frente a mí me volveré a desquitar lo que le hicieron.

Tocaron a quien no debían, mi celular vuelve a sonar y no reviso ya que seguro es nuevamente Osiel Moretti exigiendo el paradero de su hija. Los gritos, las pesadillas y sus llantos que tiene cada noche se reproducen en mi mente produciéndome un mal sabor en la boca y avivando las ansias por atravesarles una bala a las dos personas frente a mí.

Pero no puedo hacer eso, ya que esa venganza le pertenece a la mujer que entrena desde hace una semana con Federico. Ese día el diagnóstico del doctor que pertenece a la organización solo reafirmo lo que ya sospechaba que le habían hecho, la violaron sin importarles nada, la tocaron y la ensuciaron como una vil ramera.

Me la dañaron

Y es algo que pagaran muy caro antes de morir, les hare vivir el mismo infierno, porque pasaran por lo mismo que ella pasó solo que multiplicado por mil veces más.

Los dos levantan su rostro al escuchar la puerta ser abierta.

— ¿Están listos?

Comienzan a suplicar por su vida como si me interesara lo que tienen que decir. Ni siquiera saben donde esta oculto Jetmir y ese es otro al que muero por ponerle las manos encima y hacerle pagar también.

— Hoy tengo ánimos de ir por una de sus manos.

***

Las luces de la mansión se apagan. Estoy en una de las habitaciones con el celular en mi mano observando todo por medio de las cámaras, veo como lo primero que hace es buscar con que defenderse.

Saben lo que tienen que hacer, no me gusta, pero es necesario para saber si avanzamos ya que con Federico se está sintiendo demasiado segura para su bien. En la pantalla dividida observo cada rincón de la casa, pero mis ojos están fijos en una sola cámara.

En cuanto las luces se cortan ella se pone de pie al instante, no duda ni un segundo. Su silueta se mueve con rapidez por la habitación hacia el closet, por un momento pienso que va a esconderse, pero...

Una sonrisa cerrada se forma en mi rostro. Vamos dolcezza demuéstrame que has mejorado. Un cuchillo escondido en medio de sus cosas.

— Vamos...

La puerta cae con un golpe seco y dos encapuchados entran, sus rostros cubiertos, no hay nombres ni palabras, solo amenaza. El primero que ingresa es quien la nota y se lanza hacia ella, no retrocede, le lanza el cuchillo buscando distraerlo y lo logra porque este impacta en su hombro.

Él cae hacia a un lado, y es el segundo quien la toma por detrás y ella gira el cuerpo con una llave que Federico le enseño hace poco. No es perfecto, de igual manera le ayuda para zafarse y estrellar su codo contra la mandíbula del sujeto.

El primero se recupera y ella se tropieza, por un segundo me inclino hacia la pantalla. Se recupera antes de caer tomando la lampara y la estrella en la cabeza del segundo, el foco explota, el vidrio chispa y estoy seguro de que es furia lo que siente en este momento.

La logran arrinconar, ella le permite la cercanía, las luces de la mansión parpadean y es cuando noto como le clava un pedazo roto de la lampara en la pierna.

Trago grueso al verla, todo vuelve a estar en total oscuridad, el maldito instinto de supervivencia en ella, ambos hombres caen, pero ella no nota al tercero que aparece quien la empuja contra la pared y la tira al suelo con fuerza. Todo ocurre tan rápido que apenas alcanzo a ver como su espalda golpea el piso.

El sonido seco me golpea el pecho, su cuerpo sobre ella sujetando sus muñecas, entonces...

La veo congelarse.

El pasado vuelve a golpearla de lleno, me obligo quedarme, este era el momento que más temía. Su cuerpo tiembla, está reviviendo todo, siento nauseas al ver como tiene su rostro en su cuello, estoy por detener todo para arrancarle la cabeza al bastardo que esta sobre ella.

Sin importarme que sea uno de los nuestros, sin importar que yo mismo haya dado la orden.

Pero cuando estoy por ir algo cambia. Belia flexiona sus piernas y con fuerza se gira usando la fuerza del atacante en su contra, ruedan los dos y ella queda encima con las piernas firmes sobre su abdomen.

Lo golpea. Una. Dos. Tres veces. No se detiene, es entonces cuando me muevo a la habitación y en el momento en que llego al umbral las luces se encienden.

— ¡Belia!

Su mirada se conecta con la mía deteniendo lo que iba a hacer, el cristal se estrella contra el suelo a la vez que sea aleja del hombre.

No me muevo, pero mis hombres si lo hacen, no llora, no colapsa. La Belia de hace dos meses atrás estaría en posición fetal... la de ahora...

Suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo.

— Mierda — murmuro al ver el desastre que hay

Camino hasta donde ella arrodillándome a la misma altura en la que está, y limpio el sudor que hay en su frente. Acaba de ganarle a su infierno personal.

— Lo hice...

Ella levanta su rostro y su mirada no va hacia mí, sino a la cámara que se encuentra en la esquina del techado.

— ¿Eso era lo que buscabas? — escupe con la voz rota — ¿Ver si todavía me rompo?

No respondo.

Solo la observo.

Solo la observo

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Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora