Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Belia Moretti
— ¡No pienso hacer ninguna tregua! — explota Sebastián una vez estamos de nuevo en su casa — Roberto debe pagar por...
— Vas a ganar más con esa tregua que con esta maldita pelea que te ha traído perdidas — lo tomo de los hombros y el baja la mirada a mis ojos — Se inteligente, no se tocan y el cargamento de ambos llega completo
Vuelve a negar
Suspiro bajando lentamente mi mano por su brazo hasta entrelazar nuestros dedos, con mi otra mano levanto la barbilla, sé que le intereso y uso eso a mi favor para que ceda. Su mirada baila desde mis labios a mis ojos, su aliento me golpea y desvió el rostro.
— Accardi está hablando con Roberto en este momento...
— Belia... — gruñe
Lo suelto lentamente y pongo una distancia mínima entre los dos.
— No compliquemos más las cosas Sebastián — vuelvo a insistir — Saldrás perdiendo, recuerda mis palabras.
Le doy la espalda y comienzo a caminar hacia la puerta de cristal donde observo a mi Consigliere esperándome. Ya hice mi parte, si le ayude fue porque no veía ninguna contra, pero no me esperaba que los Accardi estuviera aliados a ellos.
Eso cambia todo el juego.
— Si decido aceptar la tregua — me detiene la voz — ¿Qué me asegura que no atacara cuando baje la guardia? ¿Qué me asegura que no me traicionaras? ¿Qué tiempo va a durar esto?
Sonrió
— No tiene tiempo de expiración — soy clara — De eso me encargo yo, y vuelve hacer un comentario de esos dando a entender que soy una traicionera y no vuelves a ver el puto sol, te recuerdo que los Moretti somos de palabra.
No le doy la oportunidad a responder y camino hacia Armani.
— ¿Qué sucede?
— Roberto accedió — responde mientras termina de escribir en su celular — Las cosas se han mantenido tranquilas en Italia, tu padre se está haciendo cargo de todo allá mientras estamos acá...
Mi celular interrumpe la conversación.
— ¿Qué sucede?
— Me siguen llegando mensajes de que te saque del camino.
No he escuchado su voz en días, se supone que debería estar preparando mi "Boda" pero mientras más tiempo pase, es mejor aún, total nuestras organizaciones ya están informadas.
— ¿Belia?
— Me estoy encargando
— ¿Voy a ser viudo antes de dar el sí en la iglesia? — suelta irónico — Avísame así preparo a otra para el puesto.
Cierro la llamada
— ¿Qué sucede?
— Nada.
***
— Muy pronto entrará en el mercado un nuevo producto — Sebastián y Erika escuchan con atención
— ¿Será igual a Mottika?
Niego
— Será un perfume — muestro el holograma de la idea base — Les presento a "BA"
Siento la mirada de mi hermana al escucharme, estoy segura de que al estar a solas me va a atacar con preguntas que no quiero responder porque ni yo misma se por qué le estoy ubicando algo así a lo mío.
— ¿En qué tiempo mataría a una persona?
— Eso es algo que aún estamos viendo — explico — Sin embargo, al ser aliado de mi padre de mayor confianza quiero que tú seas el primero en ponerlo a prueba.
— Tengo en mente a alguien
— Excelente — responde Erika levantándose — Con que no sea Roberto
— Le quitas lo divertido — sonríe él
— ¡No inicies algo en lo que no podrás salir ileso!
Sebastián blanquea sus ojos a la vez que las dos reímos. Acordamos los últimos detalles del siguiente cargamento de droga y damos por finalizada la reunión.
Erika se adelanta saliendo del despacho centrada en su celular con una sonrisa en su rostro dejándome a solas con el hombre al que le pican las manos por llegar a mí.
Recojo mis papeles y su mano va a mi cintura.
— Oye...
— Belia tu prometido dice que...
Armani guarda silencio al observar como el hombre junto a mí baja su mano de inmediato al escuchar sus palabras. Río porque estoy casi segura de que Seth estaría disfrutando ver esta reacción.
— ¿Interrumpo? — inquiere mi Consigliere
— ¿Prometido?
Los dos preguntan al mismo tiempo.
— Para nada.
De hecho, me salvo de golpear a alguien. Camino hacia Armani que me ofrece su brazo y lo entrelazo con el mío.
— ¡Cierto! Te estaré haciendo llegar la invitación — sonrió — Espero puedas asistir
— ¿Quién es el afortunado?
— El Don de la mafia N'drangheta
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