Capitulo 46

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Belia Moretti

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Belia Moretti

Los planos de los cargamentos ocupan la mesa central, los números de cuentas y contactos ilegales van aumentando en la pantalla. Observo de reojo a la mujer frente a mí que lleva un suéter gris, sus uñas golpean el vidrio mientras espera que diga algo, la lluvia repiquetea contra las ventanas y el olor a humedad me embriaga.

— El transporte que fue dirigido al Cartel de Sinaloa llegara dos días antes de lo previsto — informa — Necesitamos redirigirlo o pagar sobornos en la aduana.

— Redirígelo — respondo sin mirarla — Que la mercancía no toque ni un minuto suelo oficial.

Asiente, pero no deja pasar su mirada inquisitiva.

— ¿Dónde esta Meyer? — pregunta de pronto, con un tono nada casual

— Encargándose de los nuevos guardaespaldas. — respondo seca.

Lo que menos me interesa en estos momentos es hablar de él. No tengo ninguna certeza de en que punto el se encuentra con mi familia.

— ¿Erika? Por cierto, felicidades...

Bianca quiere seguir hablando, pero levanto una mano con firmeza. Ella entiende y da un paso atrás tomando la Tablet dejándome sola con mis pensamientos.

Ese es otro tema. Mi hermana no me ha dicho que planes tiene ahora con el padre de su hijo, mi padre por otro lado anda tocando el cielo con la noticia que será abuelo, aún no ha nacido y ese bebé ya tiene el mundo comprado.

Salgo de la sala y camino por el pasillo con mi cuerpo tenso. Hoy es el ultimo día y debo hacerlo ahora para poder encargarme de lo que me tiene Seth esperando.

Uno de los numerales me abre la puerta y el olor a humedad está impregnado en la habitación. Jaziel esta justo donde lo observe en la mañana, sin embargo, ahora está más pálido, respirando como si cada bocanada de aire fuera prestada.

Mi padre no está conmigo esta vez.

Abro la caja de seguridad sacando la otra dosis del veneno BA. El líquido azul brilla dentro de la jeringa, me acerco sin hablar, él solo me observa, sus ojos velados por el cansancio, pero aún con el orgullo podrido que siempre lo caracterizó.

— ¿Vienes a terminar lo que empezaste? — suelta con voz raposa, pero desafiante.

— No vengo a terminar nada — me inclino — Solo vengo a sellar lo que tu iniciaste.

Le inyecto el veneno sin ninguna contemplación. Sus músculos se tensan al instante, su cuello tiempo y el pecho ser le agita, es más hueso que piel y eso lo hace aún peor a la vista. Jaziel intenta hablar, pero solo logra escupir saliva espesa.

— Cuando diste la cara al mundo — murmura — Te pusiste cruz en la frente... como un maldito blanco para la muerte.

Sonríe. Esa sonrisa que estoy rogando que borre rápido.

— Yo me voy — suelta las palabras con dificultad — Pero hay más detrás de mi Belia... Enemigos que tú no veras venir, me los llevo a la tumba, pero no por eso estas a salvo.

No contesto.

Solo lo observo apagarse, la soberbia yéndose, los minutos pasan y el agoniza hasta dar su último respiro, no me acerco enseguida, dejo esperar unos minutos, solo hay silencio rodeándome y siento mi mejilla húmeda.

Tomo un respiro profundo.

Lentamente me acerco y corroboro su pulso. Vacío. Sin latido.

Doy media vuelta, me limpio el rostro y mis tacones resuenan contra el suelo. Abro la puerta y el aire me golpea con rabia contenida, no me detengo, solo subo las escaleras cruzando los pasillos de mi casa.

El sonido de sus voces me alcanza antes de verlos. Están en la sala de reuniones principales, logro captar como están verificando nuestras rutas, últimamente hemos tenido a la Europol encima de nosotros, con esto de que se vienen las elecciones presidenciales.

— ¿Debería cuidarme de ti? — espeto al entrar con mi mirada clavada en Meyer.

El silencio que se forma es tan brutal, Meyer levanta la cabeza y su ceja se arquea con desprecio.

— ¿Perdón?

— ¡Tu maldito padre murió por mi mano, y tú ni un puto dedo moviste! ¡Aún! — grito — ¿Eres leal? Porque realmente no se en que punto estamos y con eso estamos todos jodidos.

Armani intenta intervenir.

— Belia, calma...

— ¡No me digas que me calme! — lo detengo con la mano — ¿Y bien?

— Vienes a reclamar porque no reacciono — habla despacio — ¿Qué esperabas? ¿Qué te aplaudiera? ¿Qué te ayudara a matarlo? ¡Que no se te olvide que ese hombre era mi padre!

— ¡Era un traidor! — escupo — ¡Vendió a mi familia! ¡Quería matarme!

— ¡Y aun así era mi jodido padre! — grita — ¡Tú no tienes idea de lo que es ver a alguien de tu sangre morir por tus manos! ¡Tu padre sigue vivo, festejando que será abuelo! ¡El mío está muerto, por tus manos, y tú esperas que lo tome como si fuera una orden cualquiera!

Armani intenta volver a interponerse.

— ¡Ya basta los dos! Somos una familia...

Meyer se gira hacia él con los ojos encendidos.

— Tu hablas porque tu padre supo aceptar lo que le convenía — se va contra él — ¡Tu no tuviste que elegir entre la familia y la lealtad!

Se vuelve hacia mí.

— Tú hablas de traición, pero desde que regresaste desconfías hasta de tu puta sombra — ríe con amargura — ¿Después de todo lo que hice por esta organización? No todos tenemos el lujo de escondernos del mundo como tú.

Bianca lo toma del hombro buscando llevarlo afuera.

— Estas sola — escupe — Por eso gritas, porque no tienes mínima idea de en quien confiar y no soportas la idea de estar jodidamente sola.

— ¡No te atrevas! — le advierto con la voz temblando de ira — No me provoques, Meyer. No después de lo que acaba de pasar.

— ¡Me atrevo porque tú me enseñaste a atreverme, maldita sea! — me reta con los dientes apretados — ¿Vas a matarme también?

El silencio se hace tan pesado que nadie respira. El hombre frente a mí me lanza una última mirada mezclada de furia, dolor y desprecio. Meyer toma su chaqueta, da media vuelta y se va sin decir más. La puerta se cierra de un portazo y Bianca se acerca

— Belia, por favor... Él...

— Ahora no — digo sin mirarla — No quiero hablar con nadie.

Salgo de ese lugar. En algo tenía razón Jaziel y es que nací con una cruz en mi frente que me recuerda que nací para caminar entre enemigos incluso que llevan tu apellido.

 En algo tenía razón Jaziel y es que nací con una cruz en mi frente que me recuerda que nací para caminar entre enemigos incluso que llevan tu apellido

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Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora