Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Seth Accardi
La maldita mirada de esta provocadora me desafía en el instante en que ingresa. No lleva la bata que la cubría, sino que solo viste la maldita lencería que apenas la cubre.
— ¿Qué crees que estás haciendo? — inquiero
— ¿A qué te refieres?
Me habla haciéndose la tonta y me acerco para tomarla del brazo. Me tenso completamente al solo recordar la mirada de los hombres sobre ella y como chiflaban como si fuera una puta más del club.
Desteto que haga estas cosas.
— No te hagas — la suelto — ¿Cuántas veces has bailado en el club así?
No responde, da un paso atrás poniendo distancia entre nosotros. Los ojos azules brillan intensamente como si le gustara esto, el yo reclamando por su maldito acto.
— ¡Habla!
— A mí no me grites — se cruza de hombros — ¿Desde cuándo te debo dar explicaciones? Tu eres el que debería estar dando explicaciones, para comenzar diciéndome que haces aquí en mi territorio.
Entrecierro mis ojos hacia ella y sin ningún tipo de descaro la repaso.
— Me llego un supuesto mensaje de que te atacarían — articulo rígido — Tu hermana no contestaba mis llamadas, no me toco otra que dejar un negocio a medias y venir directamente para asegurarme que mi socia estaba sana y salva
Estaba más que bien
La sonrisa que desata me hace obsérvala atentamente, no sé qué pretende, pero, sé que algo trama. El brillo en su mirada la delata al igual que el acercamiento lento hacia mí.
Su mano se desliza por mi traje lentamente, está jugando y no sabe que a mí no me gusta perder. La dejo actuar, ella sigue bajando y acerca su rostro a mi cuello ubicándose de puntillas.
— ¿Preocupado por mí cuore mio?
Suelto una carcajada, sin embargo, a Belia no le interesa porque sus manos siguen recorriendo mi cuerpo, no sé por qué demonios siento que la habitación esta acalorada.
Comienza a dejar besos húmedos en mi cuello, no me muevo, no le doy el gusto, comienzo a contar ya que mi autocontrol se está yendo al carajo con la imagen frente a mí.
Belia chasquea con una sonrisa. Sus manos no se detienen y es un maldito tormento esto, no quiero tomarla, pero, ella no colabora.
— Basta
La tomo de las manos alejándola de mi cuerpo. Solo vine por una cosa y no es tener sexo con ella, ya verifiqué que seguía viva ahora ya tengo que salir de aquí.