Italia... un país totalmente amplio si de territorio hablamos, pero donde en aquellas tierras existe la disputa de hace varios años atrás. Son cinco mafias, mismo país, comparten fronteras, pero ninguna está dispuesta a estar en último lugar.
¿Qué...
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Seth Accardi
Acelero queriendo llegar rápido, mis hombres ya se encuentran en el lugar ubicándose en sus puestos para poder ingresar, no sé si ellos están aquí y si están vivos no van a durar mucho.
Dante junto a Benroy vienen detrás de mí. Espero que no haya tocado a Belia porque si lo hizo no descansare hasta que pague por lo que le haya hecho, la sensación que tengo es sofocante y el estar inquieto por las palabras de Jetmir que se repiten en mi cabeza no ayuda en nada.
— Todos en posición — informa Federico por el intercomunicador — Esperando indicaciones
La bodega se ve a lo lejos y me estaciono para sacar las armas que voy a usar y la glock que le daré a Belia.
— Debes calmarte — alega Benroy llegando detrás de mí — Tienes que pensar con cabeza fría
— Es mi jodida prometida la que está en ese lugar
— Seth — la voz de Rigel detiene nuestra discusión — Jetmir no está aquí
— ¿Qué?
— Tiene dos días que no está aquí en Italia
Sus palabras me tensan, esto solo comenzara la cacería entre nosotros porque yo no le voy a dejar pasar esto y él va a escapar cada que pueda, el juego del gato y ratón.
Rigel eleva el dron sobre la bodega y es él quien nos informa lo que va viendo mientras nosotros avanzamos con sigilo. No hay muchos hombres y nos dividimos, Benroy ingresa junto con Dante por la parte delantera, sin embargo, yo voy por la parte trasera con dos hombres cubriéndome la espalda.
El sol casi se oculta por completo y eso hace que la oscuridad comience a adueñarse de este lugar, los hombres de Jetmir comienzan a aparecer volviendo toda una batalla campal, el eco de los disparos resuena entre las paredes metálicas del almacén y dos de mis hombres disparan abriéndome paso para poder ir a la parte de arriba.
Mis sentidos están alerta al más mínimo ruido, necesito encontrar lo que me interesa.
— Señor — Federico me habla por el intercomunicador — Hay actividad en el sector noroeste, están moviéndose
Volteo con el crujido cerca y una figura corre entre las sombras, no llega muy lejos con el disparo que suelto en su pierna que causa que caiga al suelo sosteniéndose de donde comienza a sangrar, los disparos se escuchan en la parte de abajo y me escondo en el momento en que escucho pasos apresurados dirigiéndose hacia allá.
No se percatan del herido ni se dirigen hacia donde...
— ¡Quédate quieto hijo de perra! — escucho el grito que me indica donde están.
La puerta que abro revela una escena que me golpea, Belia está sentada en el suelo desnuda con la mirada perdida, ni siquiera se inmuta cuando me observa y su mirada parece estar...
Toda la situación se vuelve áspera cuando reparo todo incluido a Osiel que está peor de lo que observamos en el video, un segundo es lo que me toma irme contra el hombre que golpeaba al padre de Belia quitándole la oportunidad de respirar, lucha, pero es inútil de su parte.
— Hoy no será tu muerte — siseo y Dante aparece detrás de mí para hacerse cargo de la plaga que lanzo a sus pies.
— Belia — susurro acercándome — Estoy aquí
Volteo a ver a Osiel y baja la mirada, la rabia me envuelve y no quiero soltar lo que me imagino en voz alta porque todo pesara aún más, me acerco queriendo ayudarla a levantarse, pero se aleja enseguida.
— No me toques — suelta temblando — ¡Juro que te voy a matar si vuelves a poner tus asquerosas manos sobre mí!
No levanta la mirada, la mantiene en el suelo mientras busca cubrirse como sea cada vez más. Rigel aparece después de que los disparos han cesado y nota lo mismo que yo he visto, su mirada evita caer sobre Belia.
— Llévatelo — ordeno y avanza a tomar a Osiel
— ¡No! — se resiste — Tengo que estar con ella
Comparto una mirada con Rigel y a las malas lo hace salir, el que este débil lo ayuda, sus heridas deben ser tratadas o no sobrevivirá la noche. Me acuclillo frente a la mujer que sigue perdida.
— Belia — no levanta la mirada — Amore...
Se le escapa un pequeño sollozo al reconocer mi voz y eso me hace avanzar para tomarla en mis brazos, se tensa sin embargo comienzo hablarle para que tenga claro que soy yo quien la tiene, sus manos se aferran a mi cuello y llega Dante para terminarla de cubrir con la chaqueta de él.
— Estoy sucia — dice en un susurro — Ya no valgo nada, permití caer en el pozo.
Mi corazón cae con las palabras que suelta con el llanto que la abarca. Camino despacio y Rigel vuelve para cubrirme la espalda, termino de salir y me van informando que tienen a los dos hombres que habían estado torturando a Osiel.
— Uno de ellos está lleno de tatuajes entre ellos el que representa a la mafia albanesa — Belia se tensa bajo mis brazos al escuchar a Rigel — ¿Qué sucede?
— Belia.... ¿Fue él? — pregunto con el miedo de la respuesta, pero ella asiente — Dile a Benroy, luego me hare cargo yo.
Rigel asiente y meto a Belia al vehículo. Mis hombres tienen ordenes de no dejar rastros de nosotros y mandar abajo ese lugar antes de que lleguen las autoridades, intento irme, pero el agarre de la pelinegra me detiene.
— No me dejes — se aferra a mí — No te vayas, por favor
Saco mi celular para llamar a Federico para que maneje y me siento junto a Belia quien se acurruca a mi lado, el auto arranca dejando atrás la bodega y aun la siento tensa hasta que termina durmiéndose en mis brazos.
¿Qué te hicieron anima mía?
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