CAPITULO 47

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Alessandro

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Alessandro

Un mes.

Treinta días exactos respirando el mismo aire que aquellos que arrasaron con mi vida. La rutina aquí dentro es disciplinada, casi militar. Despiertas con la voz metálica del supervisor en el auricular, entrenas hasta que los músculos arden, luego limpias tus armas como si fueras a usarlas hoy... aunque no lo harás.

Aquí no eres más que una sombra al servicio de una causa ajena.

Hasta que demuestres que puedes ser útil, hasta que logras ser parte del engranaje. Nos viven recordando que nuestra prioridad es proteger a la familia, no cuestionar, no mirar demasiado y no hablar a menos que se nos pregunte.

Familia.

Ellos llaman familia a una estructura mafiosa que descansa sobre cadáveres como el de mi padre.

Greco.

Un apellido que alguna vez impuso respeto desde Foggia hasta los callejones podridos de Nápoles. Hasta que se metieron, hasta que la FIMP, esa coalición de ratas disfrazadas de justicia se alió con las demás familias acabando con todo lo que éramos.

Mi padre murió por una bala de ellos, jamás olvido sus caras ni la de los hombres que lo entregaron. No notan el parecido y festejo por ello, el único Greco que queda.

***

Durante semanas solo he visto el mismo rostro entre todos los altos rangos.

Meyer.

Se que es importante en la cadena, lo respetan y le temen. Sin embargo, no habla mucho, su mirada es la de alguien que carga secretos, los otros no a diferencia de él, no aparecen.

Mi auricular vibra.

— Código 17, custodia directa. Puerta principal, prepárate.

Dejo lo que estoy haciendo y reviso el arma que llevo oculta bajo el cinturón. Camino por los pasillos como uno más, sin llamar la atención.

¿Será uno de ellos? ¿Será Osiel Moretti?

Llego al portón principal de la mansión y es Meyer quien está allí. A su lado, un hombre corpulento de barba marcada, ojos color avellana y un traje negro, entrecierro mis ojos buscando en mi mente la información de él.

Lo reconozco, es Armani Russo, es a quien más se lo ve en cuestiones de los tratos con otras organizaciones y territorios. El Consigliere de la organización, intacto y arrogante.

Me detengo frente a ellos adoptando la postura de guardia reportándome.

— Vescari. A la orden para la custodia directa.

Uso mi apellido falso y Meyer me lanza una mirada rápida. El Consigliere se inclina hacia él y murmura algo que no alcanzo a oír. Luego me miran con atención.

— Si le pasa algo a la persona que vas a custodiar — dice Armani con voz grave — Te vamos a buscar hasta debajo de las piedras ¿Entendido?

— Sí, señor.

Una tercera voz aparece, es fría, segura e imposible de ignorar.

Los tres giramos y observo a la persona que a pesar de mis búsquedas jamás logre dar con una foto de ella. Realmente tenía mis dudas de que fuera real de que la Cosa Nostra esta en manos de una mujer, tenía una imagen de ella en mi mente, sin embargo no es nada comparado.

Vestida con un corto vestido negro ceñido pero elegante, botas negras, chaqueta de cuero y gafas de sol. Su cabello negro cae como tinta sobre sus hombros, ondulado.

Se detiene frente a nosotros sin decir una palabra innecesaria, solo se quita las gafas y sus ojos...

Dios.

Fríos, azules como el hielo en Foggia durante el invierno. Pero vivos, casi hipnóticos, no me mira realmente, pero hay algo en ella que me atraviesa.

— El cuerpo debe desaparecer antes del atardecer — ordena — Que no quede nada de que él estuvo ahí ¿Entendido?

Su voz no sube de tono, no lo necesita.

— ¿Qué cuerpo? — indaga Myer con uno tono tenso.

Belia lo observa por un segundo, yo no noto, como hay una tensión entre ellos, algo no dicho flota.

— Haz lo que se te ordena, Meyer — dice sin más.

Los pasa de largo y le sigo el paso centímetros detrás de ella. Acabo de conocer el rostro de mi enemiga y no sé qué sentir exactamente. 

 

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Inevitable DestrucciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora