Las cenizas se asientan

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– "Quizás..." – pensaba X, mientras las llamas continuaban ascendiendo y danzando a su alrededor, y sus sistemas internos registraban que el calor continuaba en aumento. – "Si puedo cortar el acceso a su aceite, entonces ciertamente ayudaría a apagar todo esto."

Pero luego vino la siguiente parte de la pregunta: ¿cómo hacerlo?

Tenía que hacer algo, pero hasta ese momento, el Storm Tornado, aunque servía como la debilidad de ese elefante, hacía muy poco por ocuparse de esa trompa que disparaba aceite. Si tan solo pudiera cortársela o... un momento.

– ¿Este de verdad es el futuro que quieres? – cuestionó Flame Mammoth, gesticulando hacia la escena en llamas que ambos habitaban en ese momento. – ¡Incluso si de algún modo lograras pasar por encima de mí, todo se va a escalar a partir de aquí! ¡Nada sino conflicto te está esperando si continúas en este camino contra nosotros!

X no dijo nada, internamente cambiando de arma en secreto, pero tenía que hacer esto bien. Sólo tenía unos cuantos disparos, e incluso entonces, estaba actuando por pura corazonada. Sólo podía rezar por que esto funcionara.

– Sabes, aún no cumplo mi promesa de quemarte hasta las cenizas. – El elefante comenzó a preparar otra mezcla dentro de sí mismo. – Pero antes de eso, necesito saber algo de ti. Y no creas que aceptaré silencio como respuesta.

X permaneció inmóvil, con los ojos todavía fijos en la trompa. – Te escucho. – declaró, aunque no podía responder con mucho más.

– No es que me importen en absoluto, pero mis contrapartes orgánicas... – continuó Flame Mammoth. – Ellos tienen una historia muy extendida con los humanos, ¿sabes? Y en todas las formas, siempre ha sido en detrimento de las criaturas.

– Ellos eran ignorantes del daño que estaban causando. – contraatacó X. – No es una excusa, pero ellos no tenían idea de que montarlos podría alterar la forma de sus espaldas...

– Ahí es donde te equivocas, X, o más bien lo ignoras por voluntad propia. – lo cortó Mammoth. – Y no son sólo ellos, todos entre nosotros, desde Penguin hasta Eagle, fuimos creados a la imagen de animales, ¡criaturas que los humanos regularmente golpean hasta la muerte y hacen pedazos!

– ¡No todos los humanos! – lo desafió X. – ¿O es que simplemente te crees todo lo que te dijo Sigma?

– Sigma no me dio esta idea; esto fue una observación que hice yo mismo por mi cuenta. – replicó Mammoth. – Sí, contrario a la creencia popular, PUEDO pensar. Un elefante regular tiene permitido ser inteligente, ¿pero yo no? ¿Por qué? ¿Es porque soy enorme? ¿O porque tengo una apariencia que algunos encontrarían graciosa?

X no respondió, pero continuó formulando una estrategia.

– Bueno, eso ya se terminó. – continuó Mammoth. – ¡Porque ya no seremos sometidos por aquellos que no hacen otra cosa que rompernos las espaldas cuando no les obedecemos! ¡Ya nunca más seremos obligados a obedecer a aquellos que nos matan cuando ya no somos de utilidad! ¡Y ya nunca más...! – concluyó. – ¡Nunca más seremos bestias de carga para aquellos que deberíamos aplastar bajo nuestros pies!

¡Ahora!

X posicionó su buster y disparó hacia adelante, pero en lugar de viento o incluso hielo (Mammoth asumió que planeaba usar el arma de Penguin a continuación), tres boomerangs curvos salieron disparados de la boca del cañón, y los tres proyectiles giratorios viajaron en curva hacia Flame Mammoth, que pareció confundido al principio, pero pareció divertido cuando el primer Boomerang Cutter lo alcanzó.

– ¡¿En serio crees que esas insignificantes cosas pueden dañarme?! – rugió el elefante, dividido entre reírse y sentirse ofendido. – Bueno-¡GAH!

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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