Me puse mi pollera de tubo, mi camisa y… bueno, esas sandalias que me hacían tropezar cada dos por tres.
Sali decidida a conseguir trabajo. No alcance a llegar a la segunda cuadra cuando descubri un local de venta de celulares que pedia empleados.
Me adentre, tragando saliva en seco. Espere a que los clientes fuesen atendidos uno a uno, con la paciencia que no tenia.
Despues de un rato, un par de preguntas que respondi con simpatía, y un calor de incomodidad, pase a la fase de que me explicaran los horarios.
Debia ir a la mañana y a la tarde noche, trabajar alrededor de diez horas y me pagarían un sueldo de alrededor de $4000. No me simpatizaba. Sin embargo…
— Esta bien, vendre a la tarde.— Dije a mi jefa, una mujer demasiado antipatica como para atender al publico. Ahora, entendía el porque una empleada.
Volvi saltarina, silbando por la calle. Las ideas de que Sergio estaria con una cara de… (parte trasera del cuerpo), me hizo regocijar.
Ya no diría “Ella depende de mi, sin mi no es nadie”, no, no señor. Ahora Nerea trabajaría… ¡Y a sus treinta y cinco!
Pense entonces en llamar a mi hermana, pero para ella la noticia seria tan buena como un pronostico del clima.
Luego, baje mi dedo al contacto dos: mi psicólogo. Me negué. No queria que piense que me estaba enamorando de un barbudo.
Mientras seguía mi camino, quede pensando frente a la puerta del mercado. No necesitaba comprarme nada, pero siempre tuve un ritual para la suerte: siempre que empezaba algo nuevo que cambiaria mi vida me compraba un accesorio personal para el primer dia: Ya sea un perfume, una ropa, un zapato. Algo.
Con la excusa perfecta, le salude con la mano al pasar al dueño del mercado. El, estaba algo atareado con las compras de una señora de edad, por lo que asintió, con su simpatía acostumbrada.
Me cerciore de comprar una maquinita de afeitar. Los cardos de mis piernas de ciento veinte días, se debían ir.
Me recordaban a mi persona. Desde el momento en el que me separe, me deje estar. No completamente, solo un poco. Eso, incluia mis piernas velludas. Lo pensaba de tal forma: No tendría sexo con nadie en mucho tiempo y nadie miraría mis piernas en quizás siglos.
Y si alguien se atrevía se encontraría con la realidad: Era un cactus. Queria serlo. Queria estar lejos de los hombres porque no queria volver a equivocarme.
Puse los accesorios de higiene personal sobre la caja. Queria decirle, de verdad, queria hablarle de que estaba saliendo adelante, sin embargo, no queria equivocar las intenciones.
Se que las costumbres chinas eran extrañas y no queria tener algo con alguien por lastima, propia o ajena.
— ¿Es todo?— dijo dándome su gesto simpatico, mostrándome los dientes.
— No puedes estar tenso.— Respondi sacando mi billetera.— eso solo me queda la opción de que te caigo bien…— De inmediato negó con la cabeza.
— Habia olvidado una tercera.
— ¿ah si?¿y cual es?— Le entregue un billete y el sonido de las campanas de la caja sonaron.
— Tener un buen dia.— Admitio dándome el vuelto.
— Pues, que bueno. Yo también lo he tenido.
— ¿Si? ¿Qué me cuenta? ¿regreso su ex?— La pregunta me descoloco un poco.
Negue con la cabeza, precipitada y desesperada.
— no. Claro que no.
— ¿entonces? Crei que eso era lo que queria.— Mordi mis labios.
— Lo quiero.— Se salió de mis labios.— De verdad, aun lo quiero muchísimo… sigo… enamorada de el.
Mi voz se perdió entre el sonido de las maquinas, heladeras y aires acondicionados, sumado a la televisión de fondo que colgaba sobre el mostrador.
— Esta bien. Es comprensible… Quiere decir que es una persona que amo con todas sus fuerzas. Es lo usual.
— ¿Usted me dice que esta bien que sufra?
— Ignorar el dolor es peor.
— Me dijo que olvide.— LE señale.
— Le dije que olvide, pero eso no significa que no pase por la fase de dolor. Debe cerrar la herida. Debe suturar, dejar salir todo lo malo… cuando usted se corta, duele ¿o no?— Asenti con inocencia pensando en la alegoría.— Pues, es lo mismo. El hecho de que haya sido una herida emocional no significa que no tenga su tiempo de curarse.
Comence a caminar, un poco aturdida, un poco enclarecida.
— ¿Dama?— Pregunto cuando tome el pomo de la puerta. Me gire y lo mire.
— ¿si?
— ¿Por qué fue un buen dia?— Pregunto mientras su trapo iba y venia sobre la caja.
— …oh, lo olvidaba… es que consegui un trabajo.
De inmediato, alzo una mano y subió su dedo pulgar hacia arriba en aprobación.
— ¡Siga asi!
Se me escapo una risa. Era agradable que a alguien le diera gusto.
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Muy VIEJA para tanto DRAMA
ЧиклитÉsta podría ser mi historia... o no. Nerea, tras un largo matrimonio es dejada por su marido. Ella no tiene carrera, dinero, estudios o en quién refugiarse. Para lograr superar a su ex, tendrá la ayuda de su psicólogo y los consejos del dueño de un...
