Capitulo 64; Parte 1.

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Este capítulo es 6 años después.

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‘..Por ultimo, lo siento. Por todo.’


Volteo la pagina.

Estas son entradas de mi cuaderno que hablan sobre ella. Las volví a escribir aquí porque no podía darte el cuaderno entero. Tú sabes porque. Ahí hay cosas escritas sobre ti que no quiero que leas. Cosas hirientes e insultantes que en realidad nunca sentí.’

Lo siguiente es una entrada del cuaderno de Tom Kaulitz que me dio hace seis años...

5 de Octubre.

Fui a verla de nuevo, a pesar de que jure que nunca lo haria. Era muy difícil verla, mirar sus ojos y encontrar en sus profundidades un dolor que había causado por mis acciones egoístas. Feliz cumpleaños #13, Karina. La niña mas bella del mundo. Me pregunto si se acuerda de cómo se lo susurré el año pasado, antes de que se tuviera que ir y ambos no sabíamos cuanto tiempo nos quedaba. Aveces me recuerda a mi hermanastra. No conozco mucho a _____ porque _______(tu mama) la envío al internado, pero me gustaría que estuviera aquí. Me gustaba tenerla cerca. Ella a veces llama a Diego, supongo que para que le pudiera contar todo lo que pasaba aquí en Berlin. Lastima que solo estuvo aquí por un mes. La extraño a veces.

En fin, Greta me abrió la puerta y me dejo entrar. Y al ver su mirada, inmediatamente supe que había llegado en el momento correcto. Encontré a Karina desplomada en la silla, sus ojos muy abiertos y vidriosos. Había estado llorando.

Llame su nombre y al escuchar mi voz alzo la mirada. Se veia tan miserable que ni siquiera su belleza podía alumbrar la oscuridad que la rodeaba.

“Karina” volví a llamarla, pisando con cautela.

Parpadeo y grandes lágrimas cayeron por sus mejillas y se puso tensa. Luego volvió a parpadear. Una vez. Dos veces. Se veia confundida y asustada, su cabello negro vuelto un desastre y lo tenia amarrado en un moño. Su cuerpo frágil estaba vestido con un pijama. Me odiaba a mi mismo por quererla, por estar tan unido y apegado a ella.

“Estoy tan cansada.” Respondió, extendiendo su mano para que yo la tomara. La tome. Nuestros dedos se entrelazaron y me dejo sentarme a su lado. Puso su cabeza sobre mi hombro y su cabello me hacia cosquillas pero no me moví ni un centímetro. “¿No estas cansado, Tom?”

Hice una pausa. El secreto me pesaba hasta que llego a ser tan pesado como sus lágrimas. ¿Qué podía decirle para que todo volviera a estar bien?

Levanto la cabeza y me miro inquisivamente. Su boca estaba medio abierta y no me pude resistir. Me incline y la bese y sentí su cuerpo contra el mio. Olía a fresas. Sonreí contra su boca.

Confesiones. Tom Kaulitz.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora