Capítulo 2 "¿Sabes lo que pasa con los que se atreven a desafiarme?"

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Él llegó a mi lado del coche y abrió la puerta por mí mientras me ayudaba a bajar.

-¿Q-qué hacemos aquí?- tartamudeé

-No te puedes ir así a casa, tenemos que curar tu heridas.-  dijo señalando hacía mí y me di cuenta de que tenía razón. Miré mis muñecas que estaban enrojecidas por la fuerza que había aplicado aquel animal al sujetarme.

Empecé a temblar dando un paso para atrás hasta que mi espalda acabó pegada al coche.

-No te haré nada malo. Te lo prometo.-  extendió su mano mirándome justo a los ojos.

Es raro, pero ese desconocido me daba confianza. Puede que por que me había salvado de haber sido violada.

De todas formas, yo extendí mi mano también hasta tocar la suya y él me dio una pequeña sonrisa.

Dimos pequeños pasos hasta la puerta, por donde él me dejó entrar primero.

La casa era bastante grande, los muebles eran muy bonitos, los sofás negros y las paredes de color clarito, hacían un contraste perfecto. La tele estaba encima de la chimenea y delante de un sofá había una pequeña mesa de cristal.

Sentí su mano en mi espalda, y me cuerpo se tensó haciendo mi respiración mucho más difícil.

Me dio un leve golpecito en la espalda señalándome que siga andando y así hice, subimos por las escaleras de madera hasta llegar al piso de arriba, donde entramos en una habitación.

La cama estaba hecha, las paredes de esa habitación eran blancas y el armario del mismo color, solo que este, tenía algunos detalles morados. Había también algunas estanterías llenas de libros y un escritorio que tenía un ordenador encima.

-No es mi habitación.- 

Me imaginaba que no fuera suya, pero si no era suya entonces de quien era?

No tuve mucho tiempo para pensar eso, el se dirigió hacia el armario y sacó una camiseta blanca y unos pantalones de chándal y me entregó las prendas.

-El baño está allí.- dijo señalando una puerta. -Dúchate, vístete con esto y cuando salgas curaré tus heridas, ¿está bien?-

Asentí con la cabeza y me dirigí hacia la puerta que me había señalado. Cerré la puerta detrás de mí soltando todo el aire que no me había dado cuenta de que había estado sosteniendo. ¿Cómo había llegado allí? ¿Por qué no me pudo dejarme simplemente en mi casa?

Me aseguré de cerrar la puerta con llave y me quité lo que me quedaba de ropa dejándola en un lado del baño. El agua caliente me relajaba, aunque no del todo.

Quince minutos mas tarde, me vestí con la ropa que el me había prestado y salí del baño con el pelo mojado.

Mis ojos se abrieron con sorpresa cuando lo vi sentado en la cama con unos trocitos de algodón y una botella de alcohol medicinal.

-Ven, no muerdo-

Di pequeños pasos hacia él y me senté en el margen de la cama mientras jugaba nerviosamente con mis dedos.

Su risa hacía cosquillas en mis oídos y cuando sus manos se posaron en mi cintura acercándome más a el, mí corazón empezó a latir muy fuerte.

Tomó mi mano izquierda y pasó el pequeño algodón mojado por mi codo, que me acababa de dar cuenta de que estaba raspado. Hice una mueca en el momento en que el alcohol chocó con mi pequeña herida.

-No te muevas- él dijo, pero para mi sonó mas como una orden que como una simple petición.

Su voz era suave y hablaba con calma, me hacía temblar por dentro. Necesitaba decir algo. Odiaba ese silencio que al parecer sólo era incómodo para mí.

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