8. DESASTRE DE RUBIOS.

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LONDRES, INGLATERRA.

MARTES, 17 DE SEPTIEMBRE DEL 2013.

Sonrío mientras leo el mensaje que acaba de llegar a mi teléfono.

Gregg se contactó de nuevo y envió por el chat un mensaje donde nos invita a almorzar hoy y prometiendo estar de nuevo.

Estoy feliz de ver a mi amigo luego de casi tres semanas sin saber de él.

Mi relación con Gregg es tal vez, más afectiva que con Dave y es por el hecho que Greggory fue mi primer amigo en Londres. Ya conocía a Quinn e incluso a Davs, pero Gregg se acercó a mí y por una apuesta que hizo, me invitó a la fiesta sorpresa que ellos preparaban para la rubia cuando cumplió dieciocho.

Luego de eso, era el que más conversaba conmigo o entendía el sentimiento de ser la nueva en el Westminster High School, porque él lo había sido el año antes, cuando decidió dejar California para perseguir al amor más tóxico que he visto en mi vida.

De esa manera llegué a conocer realmente a mi rubia favorita y a mi genio tecnológico, porque Gregg nos unió más. Me enseñó a no ensimismarme en mi dolor y ver que había más vida fuera de ello.

Levanto la mirada de mi teléfono y retomo mi camino hacia la clínica.

En realidad hoy no me toca trabajar, es mi ansiado día libre y sin embargo, me encuentro caminando hacía mi lugar de trabajo porque necesitaba el expediente que Robert me había dado inicialmente de Kamilé. Ya lo he leído y analizado, pero simplemente hay cosas que no terminan de encajar.

Entro a la clínica y me dirijo al ascensor, presionando el piso que me corresponde y saliendo cuando las puertas se abren camino hacia mi consultorio y vislumbro la cabellera negra de Lucas Cunningham, mi amigo y algo así como mi psicólogo, pues hay cierta confidencialidad entre los dos.

Escucho la voz grave de Lucas llamarme y me cuelo en la habitación, notando que están él y Trevor Sangster, otro psicólogo.

—Bueno, acaba de llegar la gema de esta clínica —dice Trevor.

— ¿Cómo está todo, Gemmy? —me pregunta Lucas.

—Oh, hola

— ¿Qué haces por aquí, gema? Hoy no te toca trabajar.

Les explico brevemente que vine a buscar un historial clínico y descubro que Alice les comentó un poco sobre Kamilé. Lucas aprovecha para darme un par de consejos al igual que Trevor.

Trevor decide que es hora de marcharse y me dispongo a acompañarlo cuando escucho a Lucas diciéndome que necesita hablar conmigo. Trevor se despide de nosotros y le dice a su amigo la hora en la que termina su turno.

—Es sobre los Hamilton.

— ¿Qué pasó, Lucas?

—Con ella nada. Pero con Eleanor sí. La semana pasada recibí una llamada de la asistente de ella, pidiendo una sesión conmigo. La atendí el domingo y en lo poco que visualicé, Eleanor no está bien, pero no contaré más de eso, sino lo que realmente importa... Ella quería que le recetara antidepresivos.

—Mierda. No tengo una buena opinión sobre la madre de mi mejor amiga, pero Eleanor... ¿Deprimida? No es algo que vaya con ella.

—Solo me inquieta porque sabes... todo sobre ella y...

—Bien, lo entiendo, Lucas. Creo que los Hamilton no saben que Eleanor es posiblemente una adicta a los antidepresivos.

La canción de Maroon 5 que Quinnie le colocó a su contacto, llena la estancia mientras busco mi teléfono dentro de mi cartera.

Los secretos de GemmaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora