BROMLEY, GRAN LONDRES.
VIERNES, 11 DE OCTUBRE DEL 2013
Es medianoche cuando Isaak aparca en el estacionamiento de un local de comida y me mira por primera vez en muchas horas. Logramos adelantarnos lo suficiente para que perdieran nuestro rastro, sin embargo, los planes de Isaak van un paso por delante y me explicó que llamó a un amigo que nos prestará su auto y se llevará la Mercedes Benz para que así no puedan seguirnos de ninguna manera.
Bajamos con rapidez y con esa misma fugacidad entramos en un bonito Bentley azul, Isaak sube en el piloto y yo junto a él. Afuera hay un hombre de ojos y cabello castaño, con una barba de un par de días y esa característica tez blanca alemana. Él se acerca a la ventanilla, me sonríe e intenta ser cordial preguntando como me encuentro, pero Isaak lo interrumpe y le entrega las llaves de su camioneta.
—Les compré comida —señala la parte trasera del auto—. Es un gusto conocerte por fin, Gemma.
—Gracias por todo, Aaron —respondo.
—Este idiota es mi hermano, pero esa es charla para otro momento. Deberían irse.
Vuelvo agradecer e Isaak se despide con un asentimiento de cabeza, arrancando de nuevo y diciendo con voz tensa que debo comer algo. No refuto su comentario porque tengo hambre y no tengo las energías necesarias para lidiar con su carácter alemán de mierda ni con sus cabreos en tres idiomas.
Supongo que ha sido un día muy pesado y lleno de sorpresas.
Quince minutos después, Isaak estaciona en un hotel y sale del auto, murmurando que irá a preguntar si tienen habitaciones disponibles mientras yo termino de comer los restos de mi hamburguesa y le informo a Patrick y a Mitch donde y como estamos.
Ambas llamadas son cortas y precisas. Dejo el rastro emocional para después y escucho las indicaciones que Mitchell me da, explicando que mañana vendrá a buscarme para que llevemos el diario a un sitio seguro. Por poco hoy pude haberlo perdido y es una herramienta importante que necesitamos. Mi amigo informa que aunque Kia no fue perseguida, Stefany y Patrick sí estuvieron en las mismas circunstancias que yo.
Cuando hablo con mi primo, él me habla de cómo lograron huir luego que les avisáramos y que luego de perderlos, lograron llegar a la mansión en Kensington donde se quedaron todos, inventando una excusa para la abuela
Número desconocido: Ven adentro. Sí hay habitaciones, te espero en la entrada.
Leo el mensaje y luego me doy cuenta que es Isaak, recuerdo que la única vez que hablamos a través de mensajería fue hace semanas y por obvias razones yo no guardé su número.
Saco la llave del auto, tomo mi bolso y la comida y salgo del Bentley de Aaron para activar la alarma. Luego de comprobar que está cerrado, camino rápidamente a la entrada del hotel.
No hay mediación de palabras entre el alemán y yo. Ninguno necesita de ellas cuando con un gesto de su mano me indica que camine al ascensor. Él presiona el piso y luego me mira, suspirando.
—Dormiremos en la misma habitación, Gemma —farfulla con neutralidad en su voz, sin dar espacio algún reclamo y me da esa mirada de por favor, no lo discutas.
—Explícame porqué. Sinceramente solo quiero estar sola y dormir. Ambos en la misma habitación no es parte de mi idea.
—Solo habían dos disponibles —explica conteniendo ese borde cansino en sus palabras—. Una en este piso y otra dos pisos más arriba.
El ascensor abre y ambos salimos intentando mantener la poca cordura que aún nos queda. Simplemente no entiendo cuál es el maldito problema, yo podría estar en un espacio y en el otro. No creo que pase algo más esta noche y mierda, si sucede lo afrontamos sin ninguna duda.
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Los secretos de Gemma
RomansaLa familia Hoffman ciertamente no está libre de secretos. No, de ninguna forma lo están. Hay demasiadas historias tejidas entre ellos, muchos misterios por develar, pero nadie se ha preocupado por ellos. Nadie se ha preocupado por el pasado oculto b...
