Los lunes siempre le habían gustado, aun cuando era más joven y los demás chicos de su barrio lo tachaban de anticuado. Y ahora le gustaban un poquito más, sino es que muchísimo más todavía. Todo había pasado muy rápido, aunque para él fueron minutos con una larga y extensa duración.
A pesar de haber podido ir temprano a esa cafetería que tanto le gustaba, prefirió llegar a las 12, por qué, no lo sabía, pero algo en su interior le dijo que esperara; y así lo hizo, aun cuando sabía que para esa hora, sería ya muy tarde para conseguir alguno de esos panes tan deliciosos que servían y por los que se había hecho famosa esta misma. Pero contra todo pronóstico, la encargada del lugar, una dulce señora ya mayor de edad, le había guardado uno en el horno, 'para que estuviera calientito', le dijo cuándo se lo entregó junto con el té que había pidió al llegar.
Con su taza en una mano y el plato con el panecillo en la otra, tomó asiento en la mesa junto a la ventana que daba a la calle. Desde ahí todo se veía en perfecta calma; los rayos de sol que tocaban los rostros de las personas y ése calorcillo agradable que siempre se sentía a esa hora, hasta el ruido de los autos de afuera era grato. Si cerraba los ojos, el trinar de los pájaros y el suave murmullo de las conversaciones se entremezclaban de manera armoniosa.
Al darle un sorbo a su té, recordó al chico de su pintura, y a su vez también llegó la imagen del otro chico, el que hace unas semanas atrás lo había llamado 'fortachón', y sin saber cómo ambas imágenes acabaron por formar una sola. Sintió como si algo muy pesado le hubiera caído en el estómago. Ahora entendía porque sentía que ya lo había visto, pero nunca vi su rostro pensó, ¿entonces cómo fui capaz de pintarlo si no...? Y su monólogo mental fue interrumpido por el sonido de la campana de la entrada.
Fue como si una fuerza magnética lo llamara poderosamente a levantar la vista, y cuando lo hizo, la respiración se le quedó atorada en la garganta y la sensación en su cuerpo se acrecentó. ¡Es él!, gritó una voz en su cabeza, era el chico que había pintado y el mismo que trotaba de manera deplorable.
No pudo apartar la vista ni por un segundo, tampoco es como si quisiera. Parpadeó un par de veces, pero eso era todo lo que podía hacer, se sentía petrificado en su lugar. Y mientras el chico llegaba al mostrador y tomaban su orden, él lo recorrió con los ojos de pies a cabeza, y cayó en la conclusión de que a pesar de no tener "sentido de la moda", como en repetidas ocasiones sus amigos le habían dicho en son de burla, la chaqueta de vestir, junto con el pantalón de mezclilla que traía, le sentaban de maravilla.
Cuando acabó con su pequeño análisis, se percató de que el chico tomaba su vaso y una dona de maple de manos de una dependienta y daba media vuelta. Aun cuando no pudo ver con claridad sus ojos por unos lentes de sol con vidrios color naranja, si notó un brillo muy peculiar en ellos, y supo que había puesto una cara de bobo cuando el otro esbozó una sonrisa de medio lado al verle.
Y así como había entrado, salió. Quiso pararse y salir tras él, y cuando lo alcanzara preguntarle su nombre, pero sus piernas no le respondían y su cerebro se encontraba tan embotado que todas aquellas ideas fueron sólo eso: ideas. Y en ése momento, Steve soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo, respiraba como si hubiera corrido por mucho tiempo, y los latidos de su corazón le retumbaban en los oídos.
¿Qué rayos había pasado ahí?
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Creo que éste capitulo puede tener algunos fallos sobre las ideas, si es así y no logran seguirlas, pueden decírmelo en los comentarios y yo veré cómo solucionarlo.
espero les agrade y les doy las gracias por leer.
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Siempre has sido tú
FanfictionEl chico que viene y va. Así es como Steve lo había nombrado en un principio, cuando no conocía absolutamente nada de él. ¿Y porqué lo llamó así?, fácil, no pasaban más de 5 minutos en los que él se aparecía de la "nada" y se iba. Cualquier otro, ha...
