15.

6.4K 500 137
                                        

Los días pasaron y con eso las idas a la casa de Yuta se volvieron constantes desde esa primera vez que él le pidió ir. Agradecía que él no hiciera nada más que besarla, darle cumplidos y abrazarla cuando sólo eran ellos dos solos. Eso ayudó a que la confianza incrementara, lo que le llevó a pensar que fue un tanto estúpido desconfiar de él en primera instancia.

Allí se encontraba de nuevo, yendo a su casa.

Yuta estacionó el auto. Ella miró a través de la ventana mientras él bajaba, luego imitó su acción y caminó a su lado hasta la puerta.

—¡Yuta! —lo llamó su vecina cuando estuvo a punto de abrir.

Sabía que a quien llamaban era a Yuta, pero ella no pudo evitar voltear su rostro hacia donde provenía la voz, encontrándose con una chica alta, cabello negro, con cuerpo y rostro muy lindos y si sus cálculos no fallaban, aparentaba tener la misma edad de Yuta. Le pareció extraño ya que los días anteriores que había ido, no se habían encontrado con ella.

—¿Qué pasa Nahyun?

—Esperaba a que vinieras para entregarte esto. —extendió su mano. Otra vez el correo.

Pudo notar que había mucha confianza entre ellos.

Yuta elevó una ceja y tomó lo que le correspondía

—Gracias.... Otra vez.

—No hay de qué. —pronunció nerviosa al ver el rostro neutro de Yuta.

—Bien, ve a casa —ordenó sin sonar pesado—. Hace frío y no estás abrigada.

Sin decir más, se giró y abrió la puerta para dejar que la castaña entrara primero, quien sólo se limitó a verlos, ahorrándose las preguntas sobre quién era esa chica.

Esta vez no iba a ayudarle. No era para estresarse viendo aquel montón de papeles con una infinidad de números mientras los revisaba, no. Yuta la quiso invitar para pasar tiempo con ella quien tuvo que mentirle a Yukhei diciendo que no podría salir con él y los demás chicos ya que tenía mucho que hacer, algo que la hizo sentir muy mal.

Yuta dejó su abrigo y bufanda colgados en el perchero y se apresuró a quitar los de ella, mientras lo hacía la chica lo miraba con una sonrisa, le encantaba que fuera tan atento con ella. Una vez terminado lo que hacían se dirigieron al sofá mientras Yuta tomaba el control de la televisión y la encendía.

—Hubiese sido mejor si me hubiera dejado el abrigo, hace mucho frío. —admitió, frotando sus brazos.

—No es necesario el abrigo si me tiene a mí —sonrió coqueto, sin embargo ella sólo lo miró seria y con una ceja elevada—. Está bien, sé que hacer.

Lo observó levantarse e ir a su habitación, a los segundos regresó con una manta y la colocó sobre ella.  Aquella tela era muy suave y cálida, además de tener el olor de Yuta impregnado, era bastante cómoda. El chico se sentó al otro extremo del sofá.

—Gracias —se limitó a decir pero Yuta no contestó nada. Lo miró por unos segundos, él miraba fijamente a la televisión, ella mordió su labio inferior dudando de si se habría enojado o no al haberse negado a sus mimos. Segundos más tarde se arrastró hasta llegar a su lado para apegarse a él, sin embargo tampoco hubo acción o respuesta—. ¿Está bien?

—Sí, sólo estoy prestando atención a la serie. —contestó neutro.

—No se habrá enojado, ¿o sí?

El chico chasqueó la lengua.

—Usted es quien se enojó. Yo sólo bromeaba con respecto a lo que dije hace rato.

—Yo también sólo jugaba. Ahora, ¿podría abrazarme? —trató de sonar lo mas convincente posible, pero no funcionó— Por favor... —alargó mientras lo abrazaba.

Yuta no pudo evitar que una sonrisa se le escapara de sus labios. Era imposible molestarse con ella, así que él también la rodeo con sus brazos, obteniendo lo que ambos querían y brindándose calor el uno al otro.

(...)

Abrió lentamente sus ojos; todo estaba oscuro, siendo la luz de la televisión lo único que alumbraba el lugar. Miró a Yuta a su lado quien también dormía. Seguidamente, cogió su móvil y miró la hora: ¡Las once treinta y cinco! Era demasiado tarde.

—Yuta. —lo sacudió suavemente.

No necesitó mucho, ya que él despertó casi enseguida.

—¿Qué pasa?

—Es tarde y ya debo irme. —se levantó del sofá.

—¿Qué? —él abrió completamente los ojos— No, es muy de noche. Quédese aquí.

—Pero es que yo no...

—Yo podría llevarla pero no querrá arriesgarse a que conduzca prácticamente dormido —bostezó. Era cierto, estaba más dormido que despierto—. Y no hay de qué preocuparse, yo podría dormir aquí en el sofá y usted en mi habitación. ¿Qué dice?

Se quedó en silencio. No estaba segura de si era buena idea, además de que no quería incomodarlo en su propio hogar.

—Acepto, pero si yo duermo en el sofá y usted en su habitación.

Yuta río—. Eso jamás. Usted dormirá en mi habitación y no se diga más. —se dispuso a acomodarse en el sofá.

—No, espere... ¿Que tal si los dos dormimos juntos? —propuso pero con mil inseguridades llenándola— No me sentiría bien que usted durmiera aquí.

El calor subió a sus mejillas y su pulso se aceleró.

—Si eso es lo que usted quiere —alzó los hombros, aceptando aquello sin rodeos—. Venga conmigo, le prestaré algo de ropa para dormir.

La menor asintió y fue con él. Yuta buscó entre sus cosas algo cómodo para ella; cuando lo encontró, se lo entregó y le indicó donde estaba el baño para que se vistiera libremente.

Una vez que terminó de hacerlo, salió y lo miró ya acomodado sobre la cama. Ni ella misma se lo podía creer, ¡iba a dormir con él! Algo que juró que no haría, pero cayó en cuenta de que habló con anticipación.

Gateó sobre la cama y se recostó a su lado, dándole la espalda. Estaba muy nerviosa, pues era su primera vez estando así con él. Yuta se acercó y la rodeó con sus brazos. Un silencio algo incómodo inundó la habitación y ninguno sabía qué hacer para acabarlo.

De imprevisto, Yuta deslizó sus manos bajo la blusa de la chica, quien abrió los ojos a tope al sentirlo, pero inmediatamente se relajó al notar que comenzaba a brindarle sutiles caricias sobre su abdomen.

—... ¿Qué hace? —preguntó titubeante.

Si quería sobrepasarse con ella jamás le volvería a hablar o si quiera voltear a verlo.

—No me puedo resistir con usted —admitió cerca de su oído—. Pero no se preocupe, no haré nada que usted no quiera. —depositó un beso sobre su cuello.

Su piel se erizó ante el suave tacto del chico. ¿Qué intentaba hacerle? El delicado roce de sus dedos contra su piel que ya comenzaba a ponerse tibia era bastante excitante y placentero.

Un suave jadeo se escapó involuntariamente de sus labios, algo que él notó. Se giró quedando boca arriba y Yuta aprovechó para inclinarse y besarla sin detener sus caricias.

—Yuta... —mencionó bajo sus labios debido a las placenteras cosquillas que sentía. Él continuó besándola y acariciándola con mucha lentitud.

Llevó sus manos al rostro de Yuta para acariciar sus mejillas e intensificar el beso, escuchando los leves chasquidos que sus labios emitían y los suspiros que ahogaban en boca ajena. Las caricias del japonés llegaron hasta su espalda, sintiendo como la chica se tensaba ante su tacto.

Ninguno quería soltarse. ¿Acaso había algo mejor que sentir el toque del otro? Para ellos no.

Estuvieron mimándose por varios minutos hasta que la chica se detuvo y lo envolvió en un abrazo, siendo ella quien ahora acariciaba la espalda del japonés. Así llegaron a dormirse, dándose caricias mutuas. Ella lo hizo primero, quedando sobre el brazo de Yuta, mientras él se quedó un rato más apreciándola hasta caer dormido. 

Be with You ; Nakamoto YutaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora