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Cuando nos despertamos en la mañana del sábado de la final de la Libertadores, Sebastián ya tiene la camiseta de River. Que cargoso, ahre que yo en breve ya estoy así.

–¿Vos ya estás para ir? —Vanesa lo mira con Fran a upa.

–No, falta el pantalón, los bombos y todo eso.

–Hola hermosa —Leo mira a Gianna.

–Supongo que vos no te vas a poner esa camiseta fea —Sebastian mira a su ahijada.

–En tus sueños se va poner la de River.

–El karma te va llegar y uno de tus hijos va a ser de River.

–¿Y quién te dijo que yo voy a tener mas hijos? —lo miro.

–En unos años vamos a ver...

–A ver tu tatuaje —Leo me mira y le muestro el hombro. Uno que me lo hice ayer, de Boca.

–Desde los 14 años viene jodiendo, al fin se lo hizo —habla mi papá.

–Me encanta porque ella se tatuó a Boca y yo el nombre de nuestra hija —Paulo mira su nuevo tatuaje.

–Ya me lo voy a tatuar.

Como el día está hermoso, decidimos comer afuera y que los más chicos, y los grandes que se creen chicos que ya saben quiénes son, se metan a la pileta.

Yanina y mi mamá se fueron de shopping, raro de ellas, y en la casa estamos con mi papá, Paulo, Leo, Seba, mi hermano, Vanesa, Cande y las bendiciones de siempre.

Luego de estar poco tiempo en la pileta, salgo y voy a bañar a Gianna para que pueda dormir un poco de siesta y no joda.

Mientras los demás se bañan y los más chicos duermen, preparo la ropa que se tiene que poner mi hija y me maquillo y peino.

Al terminar, me visto con la cabeza de Boca y también el pantalón. Visto a Gianna con una calza y la misma camiseta que yo, la dejo durmiendo un poco más y bajo al living.

Mamá con Gian, Yanina con Azul, Candela y Vanesa con Franchesca parten hacia el estadio más temprano por seguro.

Cuando nosotros ya estamos, nos llevan a nosotros gente de Boca y Sebastián infiltrado.

El conductor se pone delante del micro de Boca para entrar con ellos. En cierto momento cuando falta poco para entrar al Monumental, comienzan a tirar cosas, sinceramente no sé que, y creo que gas pimienta porque me pican los ojos y me acuerdo de aquella vez que pasó lo mismo en el superclásico de hace algunos años.

El chofer entra al estadio e inmediatamente bajo de la camioneta para poder respirar un poco.

Los jugadores bajan del micro, algunos tosiendo y otros más o menos bien.

Mi hermano y Paulo se refriegan los ojos mientras nos llevan con custodia hasta que estemos "seguros". Tienen la seguridad de cuatro jugadores que valen millones en su poder, no creo que quieran que algo les pase.

Trato de no refregarme tanto los ojos porque si lo hago puede que me entre maquillaje y sería peor. Me saco la remera, quedando en top deportivo, y me seco lo que me lloran los ojos.

–Descendidos de mierda, son unos cagones —digo mientras me tapo la cara con la camiseta.

–La concha de tu madre —susurra Sebastián. Corazón, fueron tus propios hinchas.

Nos indican el camino hasta el palco, cuando entramos todos nos miran raro.

–¿Qué pasó? —Cande me mira tocandome la espalda.

–Tiraron gas pimienta —habla Paulo.

–Le rompieron los vidrios a los jugadores y algunos están cortados, un pibe tiene la cara cortada.

–¿Y ustedes que tienen que ver?

–Y si veníamos con los vidrios bajos y adelante de ellos, mamá —Ezequiel la mira.

Ellos hablan de lo que pasó mientras que yo agradezco no haber tenido a Gianna conmigo en ese momento. Ni siquiera de como hubiese reaccionado si a ella le hubiesen afectado los gases, mataba a todos.

Cuando voy al baño a lavarme los ojos y usar la camiseta para secarlos aunque no debería reflejarlos.

Me cruzo a periodistas que conozco hace años y si bien siempre paro cuando me quieren preguntar algo y siempre hay lugar para chistes hoy no es el día. Con el comentario que hice al entrar creo que ya dije todo.

Vuelvo a mi lugar y las más chiquitas están jugando sin darse cuenta de nada de la mierda que está pasando. Y es mucho mejor así.

Luego de horas de dichos sobre el partido, jugadores yendo al hospital y hablando con la prensa la Conmebol decide suspender el partido. Al fin, eso se tuvo que hacer hace aproximadamente cinco horas.

Las que vinieron primero, se van al instante y nosotros esperamos a que se vaya la gente y recién después pensamos irnos. Ganas de que los de River me digan algo a mi o a los demás y tener que responderles me estresa. Así que guardo energía para mañana y si no tengo nada mejor que hacer, y me aburro, les respondo.

Cuando la mayoria de los hinchas se van, Paulo me agarra de la mano y me pone pegada a él para ya irnos.

Siento mucho más alivio cuando estoy en casa y veo que todos estamos bien.

Ojalá esto algún día cambié y dejen de ser tan mierdas como personas. Se supone que es una final para disfrutar, no para que decenas de personas salgan heridas.

Boca, River o el equipo que sea, no existen los colores. El respeto se debe dar igual.

21 | Paulo DybalaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora