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En la primera mañana en Argentina, llegamos ayer a la noche, todos nos sentamos en la mesa de afuera a desayunar.

–Baja la música estúpido —miro al Kun.

–Andate a Bora Bora con tus amigos gringos querida, estamos en Argentina y acá se escucha así.

–Gianna está durmiendo idiota.

–Ah, entonces si mi reina duerme si la bajo —baja el volúmen.

–¿Quién se va ir a Bora Bora? —Ezequiel sale de la casa.

–Ni siquiera sé si me voy a ir.

–Ay si, andate y dejame a mi hija —Paulo me mira y lo miro mal.

–Me voy a ir dos semanas estúpido y te voy a dejar, ya veo como me vas a mandar mensajes diciendo que Gianna no se queda quieta, que no te deja jugar a la play, que me extrañas... cómo haces siempre.

–Mamá —escucho una voz detrás de mí.

–Se despertó el diablo —Ezequiel mira a su hija.

–Ay Ezequiel —Cande lo mira.

Cuando terminamos de desayunar los chicos levantan todo, y si algo tienen que hacer.

Gianna se despierta cuando estamos almorzando, subimos a la habitación y le pongo el traje de baño para luego bajar.

–Hola bombón —Leo la alza y se la lleva.

–Yo tengo sus regalos —miro a Thiago.

–¿Que me regalaste? —me mira con ambas manos en su cintura.

–Ya vas a ver.

–¡Sofía! ¿Cómo se llama tu perra? —grita Anto.

–No se, Paulo me dijo que Sammy —me encojo de hombros.

–Gian, ¿Cómo se llama tu perra? —Anto mira a Gianna en brazos de Leo.

–Hali —la miro sin entender.

–¿Eh? —la miro.

–Hali —vuelve a decir.

–Lali ahre —dice el Kun.

–¿Hailey? —Toto la mira y niega.

–¿Harley? —la miro y asiente—. Se llama Harley.

–Aguanta gringa —Ezequiel la mira.

–Ayer se llamaba Hali —Paulo entra a la casa.

–Hali es Harley, Paulo —lo miro.

–Español esa nena no habla —mira a su hija.

–Deja de hacerte la gringa y háblale en castellano a la nena —el Kun me tira del pelo.

–Ay nene, duele —le tiró del pelo a él—. Y no, el encargado de hablarle en español es Paulo, no yo.

–Es que ella es como la familia de Luisiana Lopilato, los hijos hablan inglés y español —Ezequiel me mira riendose.

–Te odio.

–Te amo —me abraza riéndose.

Salimos al patio y ellos se meten a la pileta mientras que yo tomo sol, necesito estar bien bronceada.

Luego, me voy a sentar al borde de la pileta.

–Que cuerpo —Paulo me mira sonriendo.

–Sabía —asiento.

–Te amo tanto —se acerca a mi.

–Te amo más —le doy un corto beso.

21 | Paulo DybalaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora