Summertime Sadness.

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Destiel AU muy au probablemente :v

Canción: Summertime Sadness de Lana Del Rey.

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La noche era tranquila, silenciosa. La brisa sacudía los pastizales como si de un susurro se tratara acarreando con ella miles de secretos. Aquella noche podría considerarse como cualquier otra en Nápoles, Italia, pues no tenía nada de sorprendente, la luna se alzaba sobre todos alumbrándolos y recolectando los secretos nocturnos que se susurraban entre callejones y luego se los otorgaba a la brisa para que se los llevara lejos de allí.

En una hacienda cerca de la costa, donde una imponente casa de colores sepia con un hermoso jardín que daba para las aguas del Golfo de Nápoles donde un yate se balanceaba sobre ellas estaba un norteamericano de cabello negro y ojos relucientemente azules. Se encontraba escondido en la oscuridad de los pilares de aquella hermosa casa de arquitectura antigua. Aquel chico, porque no pasaba los veinte años, se encontraba enfundado en una camisa roja y unos pantalones oscuros, en su puño sostenía una chaqueta de cuero negro y se balanceaba al ritmo de la brisa mientras la veía mover las plantas mirando fijamente las costas en espera de aquello que esperaba.

Fue entonces que apareció la silueta por la que aguardaba en su último día en Italia y sonrió como si aquella persona pudiera verlo desde esa distancia. Se apresuró a ponerse la chaqueta y caminó aprisa por el jardín cuidando de que nadie en la casa se asomara por la ventana y lo descubriera. Deslizó sus manos por algunos arbustos sintiendo la sojas de éstos acariciarle la yema de los dedos, jugueteó con la brisa del aire dejándola pasar entre sus dedos antes de perderse en los ojos de quien tenía en frente.

Castiel, el norteamericano, se encontraba en los límites del jardín donde sus pies aún pisaban verde mientras que su dicha estaba allá en la arena con el océano a sus espaldas y la luna acariciándole la piel. Parecía algo etéreo en ese momento, como un sueño que se desharía si te atrevías a parpadear perdiéndose para siempre entre las brumas de tu mente sin volver a ser encontrado. Castiel suspiró intentando calmar su corazón mientras salía de lo que él aún consideraba jardín y sentía sus zapatos deslizarse por la arena pesadamente hasta llegar a él.

Bésame fuerte antes de irte,
tristeza de verano.
Sólo quería que supieras
que, cariño, tú eres el mejor.

Castiel era más bajo que el chico que tenía en frente pero no le molestaba, de hecho le agradaba bastante pues podía acomodar con más facilidad su cabeza sobre su pecho. Aquel hombre se llamaba Dean y lo conoció en una excursión por la catedral Duomo di San Gennaro, ambos se habían perdido de sus respectivos grupos y se encontraron charlando con un horrible italiano poco fluido de parte de Castiel y un inglés difícil de entender de parte de Dean. ¿Cómo lograron entenderse? Sólo ellos sabían, Castiel sólo sabía que cuando lo vio no pudo dejar de admirar sus pecas por todas sus mejillas ni los ojos verdes que parecían brillar cuando sonreían, se perdió en la curvatura de su mandíbula y en el arco que hacían sus labios.

Incluso en ese momento, dos meses después, tenía cierta dificultad para dejar de mirarlo a pesar de ya haber besado esos labios, ya haber recorrido con la yema de sus dedos la curvatura de su mandíbula y nombrado cada peca en su rostro. Se sentía tan fascinado como aquel día de verano en que lo conoció y ahora se preguntaba cómo iba a poder despedirse de él aquel día porque tendría que volver a Estados Unidos por la tarde.

—Hola—saludó Dean con su extraño acento haciéndolo sonreír.

—Hola—susurró Castiel sintiéndose extraño—Te extrañe.

Esta noche tengo puesto mi vestido rojo,
bailando en la oscuridad a la luz de la pálida luna,
llevo un gran moño estilo la gran reina de belleza,
los zapatos de tacón alto quitados.
Me siento viva.

Te Seguiré.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora