Closer.

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Deanmon! Angel!Cass. (Ligera mención del Sastiel)

Canción: Closer de Nine Inch Nails.

Hice mi mayor esfuerzo así que no sé que pedo.

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La música sonaba por los altavoces a todo volumen mientras los comensales de aquel bar de mala muerte reían y bebían sin parar disfrutando del espectáculo que cualquier mujer de pantalones cortos y pechos grandes pudiera ofrecer sin darse cuenta. El alcohol iba y venía por todos lados haciendo que el olor pronto escociera en la sensible nariz de uno de los hombres en la barra.

Aquel hombre ciertamente no era como los otros, y no exactamente porque fuera increíblemente atractivo a pesar de su cara de pocos amigos, sino que todos los días iba y se sentaba allí disfrutando de la miseria humana, gozando de la atención que le brindaban algunas señoritas y, sin duda, del alcohol. No hablaba mucho, ni mucho menos, pero sonreía escuchando todo lo que había a su alrededor. Por lo general se quedaba hasta que consideraba a una de las mujeres lo suficientemente buena como para llevarla con él o, en caso contrario, hasta que llegaba por él un hombre bien vestido que, a diferencia del primero, se ponía a hablar con los clientes largas horas.

Un simple hombre atractivo que tomaba demasiado, nadie sin saber la cantidad de cuerpos que escondía en el armario.

Aquel hombre sentado sobre la barra iba en su cuarta cerveza y su quinto whiskey, se encontraba encorvado sobre su asiento pensando en todo y en nada cuando sintió la presencia de algo en el local. Sonrió con sorna sabiendo que al fin había logrado su objetivo y se incorporó girando en su asiento en dirección a la entrada.

Hacía semanas que esperaba ese bello momento, ese en donde aquel hombre que ingresaba al bar al fin aparecía tras dejarle un sanguinario rastro a sus espaldas porque eso hacía él, dejar cuerpos a donde sea que fuera como una guía de migajas de pan para ser encontrado por aquel hombre, el ser celestial cuya tarea era asesinarlo al precio que fuera.

Lo cierto es que aquel apuesto hombre de mandíbula firme y ojos resplandecientes no era otra cosa más que un demonio, increíble ¿no es así? A ojos de cualquiera sólo era un humano pero a quien podía ver de verdad podría apreciar su verdadera naturaleza, toda la perversión y las ansias asesinas que nadaban en sus venas que lo volvían loco. Claro que se había metido en problemas pues mataba a quien se le pusiera en frente, ¡claro que le daba igual! A fin de cuentas su niñero no era otro más que el rey del infierno pero esa toma de decisiones había puesto en su camino a aquel ser de ojos increíblemente azules y rostro pétreo que no daba señal de lo que pensaba, tenía la expresión como si todo el tiempo estuviera oliendo mierda.

El demonio sentado cerca de la encimera se mordió el labio inferior mientras sonreía al ver a ese hombre mirar hacia todos lados, como si intentara buscarlo, y lo admiró en silencio; vio como el brillo que emanaba parecía un caleidoscopio de colores y formas extrañas, vio como sus alas se extendían a lo largo de todo el local y a lo ancho también, vio como sus ojos brillaban sutilmente al descubrir que su objetivo no era el único demonio en aquel bar.

El demonio tomó su trago y removió el líquido ambarino antes de llevárselo a los labios y tragarlo. Sus ojos se oscurecieron con satisfacción cuando el recién llegado lo notó entre la multitud, pasó la lengua por los dientes superiores sonriéndole con lujuria al ser celestial mientras algo dentro de sus pantalones se tensaba. Admiró la forma en la que comenzaba a caminar hacia él, en como su gabardina ondeaba como si una corriente de aire amenazara con llevárselo. El demonio, que ya para este punto es mejor presentárselos como Dean, se incorporó un poco entusiasmado una vez que él estuvo cerca y pudo ver el brillo de su espada salir por una de sus mangas.

Te Seguiré.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora