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Entro a la habitación y encendió la luz, se recargo en la puerta y miro el lugar, al menos algo en su vida seguía igual.

O no.

Claro que no seguía igual, todo estaba en orden y no había ropa de Natasha tirada en alguna esquina.

Tampoco estaba el vaso sobre la mesa, ese vaso que ocupaba cada mañana para beber agua.

Ya nada se siente igual.

Los últimos meses, su consuelo fue saber que ella andaba en algún rincón del mundo haciendo sabe que cosas. Pero ahora, ella ya no está.

En ningún sitio.

Ella ya no existe, queda un dulce pero doloroso recuerdo que lo seguirá por el resto de sus días. Recordándole lo poco que disfruto de su compañía.

Bruce camino arrastrando los pies hasta la cama, se dejó caer mientras cubría su rostro con las manos. Respiro pausadamente intentando mantenerse calmado, pero no pudo.

Las lágrimas comenzaron a salir al mismo tiempo que el dolor aumentaba.

Un ardor dentro de su cuerpo comenzó a incomodarlo, se sintió incompleto.

Él no va a cumplir ninguna promesa, porque no puede.

No es lo suficientemente valiente como para intentar vivir tranquilo. Por egoísta que parezca, no está dispuesto a buscar la felicidad, por nadie.

Respirar ya no se sentía igual, algo tan básico había perdido el sentido.

Pudo jurar que los colores se apagaron un poco, un mucho. El frío ya no era molesto, su piel ni siquiera se erizo al sentirlo.

Se levantó y camino hasta el espejo, miró la marca y pasó los dedos sobre esta, quejándose al sentir el fuerte dolor en la zona. Su madre tenía razón, una vez consigues alfa, te vuelves un maldito dependiente que no hace más que lloriquear en cuanto este se va. Pero, ella no se fue, se la quitaron.

Quito su ropa sin dejar de mirar al omega ojeroso del espejo, ¿En que momento aparecieron esas ojeras tan marcadas?

Desnudo, camino hasta el baño y lleno la tina, acariciando su vientre y mirando las estrías que comenzaban a aparecer. Pero no las odio, tampoco sintió asco al ver los gorditos en su cadera.

Porque a Natasha no le gustaría saber que odia esos detalles.

Sumergió su cuerpo en el agua tibia, cerró los ojos con fuerza y espero.

Espero con la esperanza de que todo fuera una pesadilla, rezo para que ella apareciera en la puerta, pero nadie lo escucho, la puerta del baño nunca se abrió.

Ese maldito silencio regreso, ese silencio que odio por años. Se sintió solo, desamparado.

Ella regresara. Pensó antes de salir de la tina, aún mojado, camino hasta el closet y busco entre toda la ropa, encontrando la sudadera favorita de la pelirroja, se la puso dejando que la tela se mojara, pegándose a su piel, se miró al espejo y sonrió al ver lo grande que le quedaba, cubría debajo de su cadera, ¿Cómo es que nunca noto lo alta que era Natasha?

Eso y el hecho de que le gustaba comprar ropa de tallas que incluso a ella le quedaban grandes.

Se puso el gorro y se acostó en la cama abrazando la almohada, pego su rostro a ella y encogió sus piernas haciéndose bolita.

—Vamos a vender el comedor, porque cuando ella regrese, seguiremos con el plan de comer en el piso, ya verás que también te gustará. Hablo acariciando su vientre aferrado a la almohada como si eso le diera seguridad.

Grito desesperado y comenzó a patalear intentando descargar su frustración, poco tardo Tony en aparecen, abriendo la puerta sin permiso, camino lleno de preocupación hasta él y lo abrazo, Bruce dejó que su amigo lo envolviera.

—Tranquilo, cariño, vas a salir de esta. Dijo al borde del llanto, acariciando el cabello del omega quien se acomodo sobre sus piernas.

—Ella tiene que regresar, porque aún no nos casamos por la iglesia, la casa aún tiene cosas pendientes por arreglar y tenemos que pintar el cuarto de nuestra hija. Tony negó y tomó la mano de su amigo dejando que este la apretara. ¿Lo hará, verdad? En cualquier momento aparecerá.

Tony lo miró y acaricio su rostro con delicadeza.

—No te hagas esto, Brucie. Por favor, no te hagas más daño, tienes todo el derecho a sufrir, ninguno de nosotros puede decirte cuando es suficiente, pero, no te engañes, no lo hagas. Bruce negó repetidas veces. Ella no va a regresar.

El científico grito, grito con fuerza sintiendo como su garganta se lastimaba, pero no le importo.

Pego su cara a las piernas de Tony y continuo, grito hasta sentir que ningún sonido salía ya, apretó los dientes mordiendo su labio y haciendo sangrar este.

Tony lo ayudo a sentarse y tomó su cara entre sus manos, con su manga, limpio la sangre que salía de la boca del pelinegro.

—Tony, es Natasha, claro que va a regresar. Confío en ella. El millonario cerró los ojos y suspiro.

Bruce habia entrado en la etapa más difícil del proceso, la negación.

Y él no iba a hacer más por intentar sacarlo, solo queda acompañarlo hasta que se de cuenta de la realidad.

Ahora esta solo. Porque esa es la realidad, aunque el equipo este junto a él, siempre se sentirá así. Vacío.

—Tienes que dormir. Dijo en un tono tranquilo y Bruce asintió.

—Lo sé, si ella se entera que no estoy cuidándome, se molestara. Contestó mientras limpiaba su rostro. ¿Puedes quedarte? Pregunto casi en un tono de suplica.

—Me quedaré las noches que sean necesarias. Bruce le sonrió y se acomodo bajo la cobija.

Tony lo abrazo con fuerza y planto un beso en su frente.

El científico suspiro y puso ambas manos sobre su vientre, la respiración de Tony terminó por hacerlo dormir.

Quizá no fue la respiración de Tony, quizá el dolor fue tan fuerte que terminó por vencerlo.

Tony maldijo por dentro y se odio como nunca, ni todo su dinero, ni su tecnología y mucho menos su gran belleza pudieron servir para ayudar a su mejor y único amigo. A su Brucie.

Steve entro a la habitación, le sonrió a su omega y sin decir nada apago la luz y se acomodo en el sofá.

Él también estaba dispuesto a sacrificar su comodidad por la de Bruce, porque es lo menos que puede hacer.

Cuidar de él, porque regresarle la vida a Natasha, es imposible.

Aroma. (Brutasha)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora