Capítulo cuarenta y ocho.

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—¿Podemos hablar antes de que vaya a trabajar?

Revuelvo mi cereal asintiendo con la cabeza de mala gana. Él se acerca al otro lado de la encimera y mis ojos se encuentran con los suyos que lucen realmente preocupados.

No pude dormir nada anoche, no me sentí bien, me la pase vomitando y con dolor de cabeza. Seguía molesta con Ryan pero el continuó a mi lado toda la noche, él tampoco durmió y me siento un poco culpable ya que él tiene un turno largo y no descansó nada.

—Ya te dije lo que me molesta —Digo dejando el tazón de cereal y la cuchara para cruzarme de brazos—. Ryan en verdad entiendo lo de Rebbeca, lo hago —Mis labios se tuercen—, pero eso no quita las ganas que tengo de matarla y ahora para rematar viene esa mujer que tiene un pasado contigo, no sé como sentirme.

Él coloca sus codos en la encimera, está tranquilo. Luce cansado pero aún así realmente apuesto, sus ojos tienen ese color chocolate que tanto me gusta y me pierdo en ellos unos segundos.

—¿Sabes algo? Rebbeca y Ruth pueden querer algo conmigo. Pero yo solo quiero a una mujer loca, extrovertida realmente hermosa que está casada conmigo —Un suspiro brota de mis labios y él rodea la encimera para acercarse, giro con la butaca y él se mete entre mis piernas. Levanta mi rostro y deja un suave toque en la punta de mi nariz con su dedo índice—. Sería un verdadero tonto si llego a perderte de nuevo, si los pierdo.

Sus palabras calan hondo en mí y le sonrío. Mis manos van hasta su pecho y juego con los botones de su camisa blanca.

—Lo mismo digo. Bastian fue alguien en mi vida antes de conocerte pero nunca llegué  a enamorarme de él ¿Entiendes? —Pregunto levantando la mirada, sus dedos trazan círculos en mi mentón—. Te amo, y no quiero pelear contigo pero sabes que soy malditamente celosa.

Él sonríe y su rostro baja a la altura del mío uniendo nuestras frentes. Cierro los ojos dejándome deleitar por los sentimientos cálidos que me envuelven el pecho cuando Ryan está junto a mi.

—Te amo —Repite—, y eso no va a cambiar, Micha. Así que tu y yo trataremos de controlar nuestros celos ¿Sí?

Asiento y busco sus labios ansiosa, él los atrapa y la piel de sus labios se encuentra con la mía. Al principio es suave, gentil, explora mi boca con cariño y yo desabrocho los botones de su camisa diciéndole sin emitir palabra que quiero más. Sus brazos rodean mi cadera empujandome contra su pecho y jadea cuando mis piernas rodean su cuerpo atrayendolo hacia mi, siento que su miembro comienza a crecer y estoy muy lejos de detener esto.

Su mano derecha sube hasta llegar a mi nuca y luego se hunde en mi cabello logrando estremeserme.

—Quiero tener sexo antes de que vayas a trabajar.

Se aleja para lanzarme una gran sonrisa.

—Y yo quiero tener sexo antes de ir a trabajar.

—Creo que por fin estamos de acuerdo en algo, doctorcito.

Él se ríe y en un movimiento me levanta de la butaca, chillando me aferro a su cuello y él camina entre risas hasta el sofá dejandome caer en éste.  Mi cabeza termina en el apoyabrazos y el cuerpo de Ryan está sobre él mío apretandome con fuerza,  un gemido brota de mis labios cuando sus besos van de mi cuello a mi clavícula. Sus manos calientes comenzaron a vagar por debajo de mi blusa y agradezco no tener pantalones que me molesten ahora, mi piel se eriza y su boca vuelve a invadir la mía, de manera juguetona tironeo de su labio inferior sacándole un gruñido.

Se aleja para quitarse la camisa y miro lo miro con detenimiento,  tira su camisa y creo que terminará arrugada cuando vaya a trabajar pero no puedo pensar mucho en eso cuando se levanta y se saca los pantalones y boxer, trago saliva. Su cuerpo vuelve a subir sobre mí y su boca baja hasta mi vientre mientras sus manos van levantando la tela de mi camiseta y sus labios dejan besos húmedos, mi espalda se arquea pidiendo más.

Cuando su lengua se dirige a mi pecho mis manos van hasta su cabello para jalarlo, siento su sonrisa contra mi piel y luego succiona.

—¡Ryan!

Estoy demasiado ansiosa, mi pulso está alterado y mi sangre caliente bombea con fuerza, mi pobre corazón no puede con tanto. Sus dedos se cuelan en mis bragas y gimo cuando su dedo encuentra mi punto sensible.

Mi cabeza va para atrás y jalo su cabello con más fuerza. Baja mis bragas y yo hablo.

—Por favor te necesito ya —Mi voz suena suplicante.

Su rostro se levanta para dejar un beso en mi mentón.

—No tienes porque suplicar cariño, estoy aquí para complacerte.

Siento su miembro en mi entrada y muerdo mi labio, cuando ingresa lo hace por completo y siento fuego en el estómago que quiere, necesita, ser extinguido.

—Te amo, te amo, te amo —Repite incontable veces mientras me hace el amor y yo no puedo hacer nada más que responderle con el mismo amor que él lo hace.

Cuando llegó a mi orgasmo termino rendida al igual que él pero seguimos basándonos como si él no tuviera que ir a trabajar.

—Vamos levántate —Digo palmeando su pecho—, debes irte ya.

—Ya voy tarde —Susurra mordisqueando mi labio.

—Piensa que cuando vuelvas a casa me tendrás toda la noche ¿Sí?.

No quiero que se vaya, menos ahora que solucionamos las cosas pero debe ir a trabajar. Termino convenciéndolo y se viste lo más rápido que puede, yo me arreglo un poco y cuando se va a ir viene a dejarme un gran beso en los labios.

—Desayuna, necesitas comer.

—Sí, doctor —Respondo en broma ganándome otro beso antes de que se marche.

Cuando me quedo sola voy a la cocina a terminar mi cereal que realmente no me llenó nada por lo que preparo un emparedado de jalea y maní. El timbre suena y con el sándwich en mano corro en mi habitación para ponerme un pantalón luego voy a la puerta para abrirla y ver a mi madre y a mi pequeña hermana, me mira con las cejas levantadas.

—¿Ryan está? Porque luces como si hubieses tenido un gran despertar  —Arquea una ceja, las dejo pasar y cierro la puerta.

—Nada mejor que el sexo de reconciliación —Digo y ella me mira mal—. Ups, pequeña Dahiana tu no escuchaste nada.

Ella aplaude mientras se ríe y me hace manitas para que la cargue, agarro a la pequeña de ojos verdes y se aferra a mi cuello. Mis manos van a su espalda donde dejo caricias.

—Estás un poco pálida —Comenta mi madre.

—Estos niños no cooperan mucho con su mami —Digo y ella me mira enternecida—, ya comí algo y solucionar las cosas con Ryan solo mejoran mi estado de ánimo.

Llegamos a la sala y nos sentamos, dejo a Dahiana en la alfombra y mi madre le extiende unos juguetes.

—¿Pelearon?

Asentí.

—Los celos y yo no somos buenas amigas.

Le cuento lo ocurrido a mi madre y ella escucha todo atentamente.

—En mi opinión cariño, Ryan no te metería los cuernos.

—Lo sé, sólo no me fío de esas dos yeguas que andan acechando.

—Deja de estresarte por eso, Micha —Dice sonriéndome—, mejor concéntrate en tu esposo y en tus bebés.

Asiento con la cabeza soltando un suspiro. Mi madre tiene razón, no debo ser tan paranoica.


Hola lindos chocolatitos, espero que el capítulo les haya gustado.

Ultima actualización de hoy, 5 creo que son suficiente por un día<3


El Amor Por El Chocolate. #2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora