Capítulo doce.

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Siento como mi cama se mueve por lo que parpadeando abro los ojos, cuando logro enfocar mejor la veo a ella sentada en la cama, tapándose los pechos con la sabana.

Quiero que esa sabana desaparezca, ahora.

Ella está completamente nerviosa, hasta creo que le puede dar un tic en el ojo en cualquier momento.

—Yo...

No continúa y me paso una mano por el rostro y cabello, creo que no debo ser un idiota con ella al empezar el día. Parece que está esperando que la eche de la casa o algo, no haría algo como eso.

—Hola —Digo saludándola, ella luce muy tensa. No es muy propio de mí el acercamiento luego del sexo pero me aproximo hasta ella y con la mano ahueco su barbilla para dejar un beso ahí. Le sonrío y vuelvo a acostarme, tiene que relajarse, no es como si hubiésemos hecho algo malo anoche.

Sus ojos verdes brillan y eso me hace saber que una idea loca pasó por su cabeza, lo siguiente que hace es dejar caer la sabana y subir encima de mí.

Me gusta que sea así de descarada.

Se aproxima hasta mi rostro dejando besos suaves y húmedos en mis labios, haciéndome desear más de ella. Ella piensa en alejarse pero ahora no se lo permitiré, no cuando la sensación de sus labios contra los míos me encanta.

Muerdo su labio inferior logrando mi objetivo, abre su boca soltando un jadeo y yo me aprovecho para besarla como se debe. Aprieto su cintura con fuerza mientras la beso y luego acaricio la piel desnuda de su espalda.

Pero cuando las cosas iban mejor ella coloca sus manos en mi pecho y con fuerza se hace para atrás.

Arqueo una ceja en su dirección, paso mi brazo sobre mi cabeza acomodándome mejor en la cama mientras la veo rebuscando algo.

— ¿Qué hora es? 

Estiro el brazo para agarrar mi celular, al percatarme de la hora me sorprendo.

—Las once de la mañana.

Ella gimotea por lo bajo empezando a mirar por el suelo de la habitación, luego maldice.

Le pregunto qué le pasa mientras me siento, las sabanas rozan mi piel desnuda... necesito una ducha fría.

—Mi trabajo... debí haber estado allí hace una hora.

Oh, olvidaba que solo yo estaba de vacaciones. Como fue mi culpa el no haber puesto una alarma como de costumbre creo que lo mejor sería llevarla hasta allá, además no necesito ir al Hospital hoy por lo que no tengo apuro alguno.

—Te llevo.

Ella parece realmente agradecida.

—Eso sería de gran ayuda Doctor, ¿Puedes prestarme tu celular?

Asiento, pongo la contraseña del celular y se lo tiendo pero antes de que lo agarre la jalo del brazo para que termine sentada sobre mis piernas.

Mi amigo agradece el sentirla y no digo nada, porque lo único que quiero decirle es que su trabajo se vaya a la mierda y nos quedemos en está cama todo lo que resta del día. Me dice algo pero no le presto mucha atención y solo asiento.

— ¿Hola?

— ¡Elena! ¿Mi tío ya llego?

¿Elena? Pensé que llamaría a su jefe.

Ella continua parloteando mientras la veo, su piel luce resplandeciente y tengo ganas de pasar mis labios por ella pero creo que eso lograría distraerla. Cuando corta la llamada me extiende el celular y lo tiro donde estaba.

El Amor Por El Chocolate. #2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora