14. Dean y su Venganza

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Ebi araño su su cara lentamente, siguió así hasta sentir sus mejillas arder.

Preguntandose a sí misma porque tenía una vida así, divago en sus más profundos pensamientos. Y sólo se pudo lamentar otra vez, pues sabía lo que había hecho. Sabía que no tenía porqué haber expuesto de ese modo a Dean en Neimenia -su ciudad natal- donde lo que marcó su huida fue aquella noticia ácida donde un adolescente casi mata a dos estudiantes gracias al acoso que recibían en la escuela con Dean siendo el autor de los hechos y Ebi el testigo quien reveló su identidad.

Recordó aquella noticia que recorrió Neimenia y no pudo evitar sentir miedo.

Ella escogió esa vida, él sólo se estaba vengando.

Ebi se limpió las lágrimas con la manga de su suéter blanco esperando que no brotaran más y salió del cubículo. Se acercó al lavabo, tomó agua del grifo y escupió.

Una chica entró al baño, al parecer dos grados arriba de ella, y sin prestarle la mínima atención a Ebi comenzó a arreglarse. Se hizo una trenza con un listón rojo y después repaso lentamente sus pestañas grumosas para aplicar la máscara de pestañas. Se giró para verla y frunció el ceño.

-Disculpa-pronunció Ebi mientras tapaba un poco su boca por el mal aliento-Tienes alguna pastilla de...

Fue demasiado tarde, antes de que pudiese terminar, ella dio la vuelta y se marchó.

Ebi suspiró un poco alterada.

Al poco rato, entraron otras dos chicas. Las dos se dirigieron directamente al espejo y observaron su silueta satisfechas.

-Mira-dijo una con un tono grosero-Tengo mejor cuerpo que tú.

-Tu no tienes buen cuerpo-encaró la otra.

-Disculpen-intentó nuevamente Ebi-¿Tienen una pastilla de menta o un chicle?

Ellas la miraron y después se miraron entre ellas.

-¿Ya ves?-dijo la rubia a su amiga mientras miraba de arriba a abajo a Ebi-Eso te hace la anorexia.

Ignoraron la petición de Ebi dejando una ofensa de su parte. Las dos dieron a su persona el último detalle y contemplaron la belleza hormonal que destellaban.

-Vámonos-ordenó la otra chica. Las dos se marcharon.

Ebi volvió a entrar al cubículo alterada, respiró un poco acelerada y trató de calmarse poniendo su mochila sobre su regazo.

-Yo no soy anoréxica-dijo mientras abría su mochila y comenzaba a buscar algo que ayudara con el horrible sabor del vómito.

Buscó en su mochila cualquier cosa que pudiera ayudarla, y por suerte, tenía de esas pastillitas que daban en una farmacia cerca de su casa como promoción de ésta. La metió en su boca agradecida y se recargo en la pared intentando calmar sus nervios.

Salió del cubículo con la mirada baja, para después mirarse al espejo con desdén.

«¿Qué esperas para suicidarte?» Se dijo a sí misma.

Apartó la mirada enojada y se propuso salir del baño cuando escuchó la voz de Dean afuera, se detuvo y retrocedió inquieta, había olvidado que él y ella limpiarían el almacén del gimnasio.

-Ya revisé el piso, no hay nadie.

-No está aquí-se quejó Joe desde el otro lado.

Ebi se acercó un poco observando sus reconocibles reflejos sobre la pared segmentada con azulejos lisos.

-Si, Carolina me dijo que está aquí.

«Carolina» pensó Ebi detenidamente al escuchar su nombre «La chica de la trenza ¿Cómo olvidarla? Es la hermana de Uniel».

Los reflejos de Dean y Joe comenzaron a semi-girar de la cintura para arriba, pronunciando que esperarían a que Ebi saliese sin importar cualquier obstáculo que se les presentase. Uniel, por su lado, observó la entrada del baño con extrema concentración como si llamara a Ebi. Sin poder evitarlo, el reflejo de él y ella hicieron contacto visual, Ebi sin poder calificar la situación, no sabía si ya la había visto o tenía la mirada perdida en el azulejo. Hasta que habló con una sonrisa.

-Marginada-llamó.

VÍCTIMADonde viven las historias. Descúbrelo ahora