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Fruncí el ceño al mirar esa escena, y estaba enojada; todo parecía indicar que había preferido pasar la noche bebiendo en el sillón y no conmigo, no le había importado ni siquiera que me levantara hacia la habitación después de la tonta discusión que tuvimos.
—Daniela —la llamé con rabia notando como ni siquiera se inmutaba, —¡Daniela! —grité fuerte haciéndola sobresaltarse, tanto que lanzó la copa de forma inconsciente al suelo.
—¿Qué sucede? —preguntó tallándose los ojos, mirando a su alrededor.
—Necesito que abras la puerta, Roi llegó por mí —avisé y con ello me levanté, yendo con cuidado a pequeños saltos, debía comprarme un par de muletas para ayudarme a caminar o terminaría desesperándome por no poder hacerlo de la forma habitual.
—¿Qué dices? —se levantó aún con un ligero movimiento en su eje, tal vez estaba mareada.
—Abre —pronuncié sin querer verla, aunque sabía que estaba despeinada y dispersa, probablemente aún no estaba totalmente en sus cinco sentidos.
—¿Nos vemos a la hora de la comida? —su pregunta hizo que la mirara, ¿Cómo se atrevía a preguntarme eso después de la noche que tuvimos?
—Estarás ocupada, ¿No? —reproché incitándola a qué abriera, ella por inercia lo hizo.
—Es cierto —admitió, —Lo había olvidado—comentó sujetando su cabeza, —¿Para la cena? —volvió a proponer cansándome.
—¿Por qué actúas como si no hubiera sucedido nada anoche? —reclamé arrepintiéndome en ese momento.
—Se muy bien lo que pasó, por eso es que estoy intentando quedar en volver a verte para platicar al respecto —siendo irónica rodé los ojos escabulléndome por la primer puerta.
Al cerrarla escuché como Daniela la forcejeaba, pero era un trabajo absurdo, mientras estuviera abierta la segunda puerta nunca se abriría.
La presencia de Roi hizo que me desconcentrara de mi reciente plática, le pedí que llama de nuevo al elevador y mientras llego seguí con la puerta abierta.
Finalmente, después de tomar aquel cubo desplazable llegamos al lobby del edificio, por su ayuda no fue tan difícil llegar a la camioneta.
Recorriendo la costa de Malibú y la carretera que llegaba a Los Ángeles llamé al doctor de mi preferencia, mismo que abrió en su agenda un espacio para atenderme. Y no es que no confiara en al doctora de Merida, necesitaba confirmar el cuidado que debía tener.
Mi llegar a Bel Air fue sorpresivamente tranquilo, Susei no estaba en casa y eso me quitaba un peso de encima, eso y llegar con las muletas proporcionadas por el personal de la clínica de la que había sido atendida.
Tomé asiento en uno de los sofás de la sala y estirando mi pie me puse a mirar mi celular, en dónde un par de mensajes de Daniela se asomaban.
—Señorita Garzón, ¿Le ofrezco algo? —una de las muchachas de acercó.
—Estoy bien, gracias —contesté volviendo la mirada al celular.
Daniela (2)
Espero que podamos hablar más tarde, la noche se me fue en un segundo y ni tiempo me dio de subir a la habitación.
Recibido, 11:42 A.M
Lamento la escenita de anoche, estoy con las hormonas en su punto máximo, ayer me sentí por algo estúpido.
Recibido, 11:42 A.M
Cuando quise contestarle un nuevo mensaje llegó.
Te quiero, no dudes de eso.
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Neptuno 26 | Caché
FanfictionMaría José jamás pensó que esa noche su vida cambiaría de órbita y aunque comenzaba a girar en torno a ella, no estaba convencida de fomentar su espectáculo de exclusividad. Historia 100% original. Todos los derechos reservados® PROHIBIDAS COPIAS O...
