Capítulo 15 parte "a"

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NUEVA YORK, Domingo 28 de Septiembre /1997

¿Quieres ser mi novia?

La anterior cuestión seguía sonando en la cabeza de Candice por millonésima vez; y la rosa que sostenía en las manos, de tanto olfatearla, ya le había acabado su delicioso aroma. Pero lo que estaba impregnado en su sentido del olor era la fragancia de la colonia masculina de Terrence.

Vistiendo ya su pijama, la rubia estaba sentada en su cama con la espalda recargada en la cabecera, las rodillas flexionadas y el libro de Frankenstein en sus piernas.

Así, una vez más, ella hacía girar la rosa por el tallo, volvía a aspirar profundamente el desgastado olor y cerraba los ojos con rostro sonriente e incrédula para volver a pensar en la loca proposición de su esposo.

De cierto modo, a Nina le emocionaba la idea; y por billonésima vez se recriminaba de su estupidez al no haber podido nuevamente expresar lo que en verdad sentía y decirle que ¡sí! que sí quería serlo en ese momento en que se lo proponían.

Pasándose las manos sobre su cabello, la joven hizo la cabeza hacia atrás para comenzar a darse golpecitos ¡por bruta! ya que ahora tendría que esperar quince días para volver a verlo y darle la respuesta correcta.

Después de serenarse un poco, ella inició finalmente la lectura de esa fascinante novela de romance, horror y ciencia donde encierra una tremenda psicología y que era exactamente lo que la rubia necesitaba para aclarar todas las dudas que sentía; y lo mejor... encontrar la manera de destruir el monstruo que se ocultaba dentro de ella.

. . .

Desafortunadamente, el vuelo que estaba programado para las nueve de la noche, tenía tres horas de retraso, lo que indicaba que si Terrence tenía suerte, estaría arribando a la Ciudad Parisina a la una de la tarde del siguiente día.

Tomando su celular, el guapo viajero marcaría un número telefónico. En lo que la llamada era conectada, se levantó de su asiento, caminó hacia los altos ventanales y se detuvo en el corredor para mirar hacia el exterior en espera del imponente artefacto que lo llevaría a su destino final. Al no obtener contestación, él sonrió picarón, marcó otro número y aguardó nuevamente.

. . .

Al tercer timbrazo, Candice abrió los ojos abruptamente. Sobresaltada, enderezó la cabeza para darse cuenta que seguía en la misma posición sobre la cama; lo que indicaba que mientras leía, se había quedado dormida. Estirando su mano, dejó el libro sobre el buró izquierdo y tomó el teléfono.

— Bueno — dijo ella en un susurro adormilado.

— Hola.

— ¿Quién habla?

— ¿Ya estabas durmiendo?

— No — ella mintió al reconocer la voz. — Estaba leyendo — contestó y se reincorporó del todo.

— Menos mal.

— ¿Qué pasó? Ya te hacía volando — Nina indagó mirando el reloj que se tenía a lado.

— Hay retraso en los vuelos.

— Qué malo.

— Bueno, sólo llamé para desearte buenas noches.

— ¿De verdad?

— Sí.

— ¿Estás seguro?

— Claro.

— Bueno, gracias por la llamada y buenas noches.

— Buenas noches.

Castillo de MentirasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora