NUEVA YORK, Jueves 6 de Noviembre /1997
Sobre una de las tantas carreteras del Estado Imperio, se veía transitar al Grand Marquis negro donde llevaban prisionera a Candice.
La ruta había sido recta; y exactamente en una solitaria curva, el vehículo comenzó a disminuir su velocidad, deteniéndose por completo a la orilla de la carretera.
Tres puertas se abrieron: la del conductor, el copiloto y una de la parte de atrás, yéndose a reunir los desconocidos personajes a la parte trasera del auto.
Desde ahí, los secuestradores comenzaron a recorrer el lugar; y lo que se observaba eran: los arbustos secos, los árboles donde sus hojas pintaban ya de color amarrillo y otros tantos que ya habían perdido totalmente su follaje.
Acto seguido, uno de ellos sacó una cajetilla de cigarrillos, y lo ofreció a sus compinches, siendo únicamente uno quien aceptara el tabaco, mientras que la tercera persona se abrazaba a sí misma por el frío que se sentía y miraba de un lado a otro la soledad del lugar.
Ninguno decía nada; y así permanecieron unos minutos hasta que el primer cigarro se esfumó. Consecutivamente...
— ¿Y bien? Ya pasó el tiempo que le diste — comentó una persona vestida totalmente en negro, cabellos oscuros ondulados, y ojos color café. Este preciso ser había manejado y también golpeado a Neil.
— Lo sé — respondió "Charlie" quitándose una gorra y mostrando una hermosa cabellera rubia.
— ¿Qué harás ahora? — volvió a cuestionar la misma persona.
— Como lo planeamos. Ella sólo que me ayude a vestirla — se apuntó a la tercera involucrada, la cual asintió positivamente. — Después, los dos se largan del país, y si es posible esta misma tarde, al fin que... ya se les pagó por su "cooperación".
— ¿Y tú? — se escuchó una nueva pregunta.
— ¿Yo? ¡Haré lo mismo, por supuesto! — se aseveró fingiendo una sonrisa.
Instante siguiente, "Charlie" se dirigió al vehículo y sujetó la manija para abrir la puerta; y al hacerlo decía:
— Pero antes debo ajustar cuentas con ellos. Así que, tú... — se miró a la chica para ordenarle: — ven conmigo adentro, y cuando Walker esté lista, se pueden marchar —, pidió a los dos, y aquellos asintieron positivamente.
Mientras tanto, en el interior de ese auto, desde que "Charlie" dejara de hablar con Terrence, Candice, —habiendo sido atada de pies y manos—, se había arrinconado en su espacio no queriendo mirar a su secuestrador, el cual, a pesar de haberla amenazado, en sus ojos no se veía tal intención, empero, a la mente de la rubia llegó el dicho de "caras vemos, corazones no sabemos".
Por ende, sin dejar de abrazarse a ella misma, Walker, en su mente, pedía una y otra vez, ayuda celestial, así como la de su esposo, ya que era su nombre el que repetía entre labios y también solicitaba fervientemente perdón por todo lo mal portada que había sido con todos, principalmente con su pequeño bebé que lamentaba y presentía no volvería a ver.
De pronto, Candice brincaba asustada en su lugar al escuchar que las puertas del vehículo se abrían. Rápidamente, la secuestrada se limpió las lágrimas que en su rostro escurrían para ver claramente, una de cada lado, a las dos personas que ya había reconocido, ingresar y encerrarse con ella.
Pero en lo que una la liberaba de las esposas que ataban sus manos para deshacerla de su prenda de vestir, la segunda le apuntaba justo en la cabeza, no teniendo Candice la oportunidad siquiera de intentar poder escapar de ellas.
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Castillo de Mentiras
FanfictionESTA HISTORIA, COMO LAS ENCONTRADAS EN MI PERFIL, SON DE MI TOTAL AUTORÍA. NO DE DOMINIO PÚBLICO. Sin saber que uno ni otro existía, la engañosa conveniencia los obligará a estar juntos, aprendiendo los dos en el trayecto a soportarse, y quizá con e...
