Lunes, 27 de abril. Cinco y cuarto.
Como cada tarde, al salir de la oficina, los ejecutivos de la empresa Domótica se acercaron al Starbucks de Preciados. Allí siempre se sentaban en la misma mesa de la cristalera. A esa misma hora, Tania y sus amigas se tomaban un Frappuccino en ese mismo sitio antes de entrar a trabajar.
Martes, 28 de abril. Cinco y cuarto.
Hoy había bastante jaleo y encima Tania no hacía otra cosa que despistarse.
—Taniaaa, eeeooo… ¿Qué te pasa? ¡Últimamente te dedicas a mirar a otro lado y no nos haces ni caso! —le preguntó Alicia.
—Perdón… pero es que… ¿os habéis dado cuenta? Siempre coincidimos con ese grupo de chicos…
—Sí, ¿y? También ellos coinciden con nosotras…
Miércoles, 29 de abril. Cinco y cuarto.
—Luis, sigues pensando en la chica de enfrente, ¿verdad? —le preguntó Héctor sin que ninguno más lo escuchase.
—Sí, pero no por nada, solo me recuerda a alguien… —contestó Luis.
—Ya, claro… algún día tendrás que echarle valor y decirle algo.
Desde que Luis empezó a trabajar en la oficina, entabló mayor relación con Héctor que con los demás.
Jueves, 30 de abril. Cinco y cuarto.
—¿A vosotros os han puesto otro turno mañana?
—Pff… yo mañana tengo que estar a las cinco y media, así que os acompaño aquí y me voy, ¿ok? —les dijo Tania a sus amigas.
—Sí, yo también haré eso, porque tengo tu turno —contestó Laura.
Viernes, 1 de mayo. Cinco y cuarto.
Tania subió con las chicas a su mesa de siempre, en las cristaleras. Quería ver a alguien… y todas se dieron cuenta. Lo vio, ahí sentado, en su sitio de siempre… aunque un poco más serio de lo normal. Además, parecía nervioso. Pero bueno, ella se tenía que ir, así que se despidió de las chicas y empezó a bajar las escaleras…
—¿Vas a esperar otra semana más? ¡Vamos! ¡Aprovecha ahora!
Luis no se lo pensó dos veces, dijo que volvía enseguida porque tenía que hablar por teléfono y bajó. Todos sabían adónde iba.
—Perdona, me llamó Luis y quería…
—¡Hola! —dijo Tania con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Le temblaban las piernas!—. Yo soy Tania. Eres el chico de arriba, ¿no?
—Sí… y por eso quería preguntarte si quizá te apetecería tomar algo el sábado, aquí…
—Eh… —Tania se quedó cortada, ¿estaba quedando con ella?
—¿Es una cita? ¡Estaré encantada!
—Bueno, je, je; llámalo como quieras… a la misma hora aquí, ¿vale?
Tania contestó que sí, se despidieron con dos besos y se dieron los teléfonos.
Desde ese sábado, Tania y Luis empezaron una relación de amistad que pronto se convertiría en algo más. De lunes a viernes ya no se ocupaban dos mesas en las cristaleras, solo una… un poco más grande.
Irene P. Cano
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Un libro y un café
RomanceUn libro y un café es un libro de microrrelatos organizado por Everest y Starbucks. Es un libro escrito por todos los seguidores de Canciones para Paula y amantes de la literatura juvenil romántica. Descubrirás historias divertidas, inolvidables y l...
