Uno, dos y hasta tres terrones de azúcar. Y aun así, el café seguía sabiéndole amargo. La lluvia golpeaba suavemente las traslúcidas ventanas, impidiéndole ver el tráfico matutino de coches. Marcos se encontraba tan sumido en sus pensamientos que ninsiquiera se percató de que la camarera le había formulado unansencilla pregunta, a la que él contestó: «No, gracias». Si no fuera porque estaba esforzándose por contener las lágrimas que con mucho esfuerzo intentaba ocultar, Marcos se habría dado cuenta de la forma en que ella se movía, rozando la perfección, como si danzase en aquel lúgubre bar, pintándolo todo de color. Sus suaves facciones invitaban a amar.
Pero hoy y en aquel momento, él no tenía ojos para ella... aún podía sentir el sabor del desengaño; aquella imagen seguía grabadan en su memoria, persiguiéndolo día a día.
No importaba que ya hubiera transcurrido... ¿cuánto tiempo desde entonces? ¿Un año? ¿Dos, quizás? Marcos era incapaz de recordarlo. ¿Importaba, siquiera?
Pero se acordaba perfectamente. Julieta. Ella.
Ella, con sus labios finos y sus mejillas rozadas.
Ella y su voz susurrándole promesas de amor... con su voz cantarina.
Ella y su cuerpo desdibujado bajo las mantas.
Ella, con su aroma a pequeñas estrellas que teñían cada noche el firmamento.
Ella, con su sonrisa que tapaba cualquier temor.
Ella, que todo lo era.
Ella, por quien él habría renunciado al cielo, solo por poder estar junto a ella, su amor, la razón de su existencia.
Ahora no era más que una huella deforme de lo que con tanto fervor él había amado.
Ahora, algo en su interior se había roto, agujereando cada poro de su piel.
Con su marcha, ahora todo era oscuro. Todo se ha apagado, los recuerdos se han convertido en cenizas. ¿Dónde estaba todo ese amor?
¿Dónde se había escondido? ¿Hacia dónde había huido? ¿Acaso no era todo perfecto? ¿Acaso él no le había entregado su alma, el cielo, las nubes, el sol, el arcoíris?
Y aun así, ella ya no estaba. Se fue. Se marchó dejándolo solo, sin saber qué hacer, sin saber qué decir, sin poder preguntarle por qué. Solo quería saber por qué.
Es algo que mata. Es algo que, si es que ya no lo estás, te vuelve loco. Te desmorona.
Julieta juró que volvería. Le prometió que siempre tendría un lugar en su pequeño corazón. Le prometió que siempre le amaría, que él era el primero y el... último.
Pero todo era mentira, una farsa, una estafa. Un contrato, un juego sucio, en el que Marcos era un pobre títere manejado por una cruel bruja.
Poco a poco, él regresa a la tierra y se encuentra, otra vez, allí. En aquel bar alejado de la mano de Dios. Mejor así, pensó. Cambiar de suelo, de aire, de vida. Eso necesitaba.
La camarera se acerca una vez más, sigilosamente, para comunicarle que ha de marcharse porque es hora de volver a casa. «Seguro que le espera impaciente», dice ella sonriendo juguetona. Marcos la mira, no sabe qué responder. Nervioso, decide dedicarle una fracción de segundo a sus ojos color azabache, en los cuales se pierde en un mar repleto de ternura. Era como si ella hubiera estado esperando día a día a que reparase en ella. Sin perder la esperanza de que Marcos aún creyera en el amor.
Antes de marcharse del café, hablando de esto y de aquello, Marcos pensó:
«Así que esto es amor».
—Entonces, ¿por qué no creer en el amor a primera vista?—.
Avril17
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Un libro y un café
Lãng mạnUn libro y un café es un libro de microrrelatos organizado por Everest y Starbucks. Es un libro escrito por todos los seguidores de Canciones para Paula y amantes de la literatura juvenil romántica. Descubrirás historias divertidas, inolvidables y l...