Capítulo 2: La insistencia contra la paciencia.
Quizás suene algo irónico de mi parte decir que los últimos días sido extraños en su totalidad, pero, es que, así eran. Gabriel Miyers ya no era el chico ajeno a mí que ignoraba constantemente.
Por alguna razón que yo no lograba entender por completo, el chico había comenzado a ser más simpático y atento conmigo. No es como si fuese un gran cambio, pero, realmente me sentía incómoda cuando me saludaba cada vez que me veía. También me quedaba mirando durante las clases. Esa gran sonrisa que siempre tenía en el rostro se estaba volviendo muy incómoda y perpleja para mí. ¿Por qué él no había cedido a mi indiferencia como el resto del curso? Ni siquiera lo miraba directamente, pero él continuaba insistiendo. Si llegábamos a extremos, también se podría decir que me acosaba un poco.
Dos semanas habían pasado del suceso y esto se estaba volviendo una molestia, molestia que ni siquiera podía evitar. No podía ser descortés con él, porque no había dado motivos para serlo. Pero ahora hasta su risa me molestaba. Todo lo que a él refería me parecía incómodo y abrumador.
Allí estaba, paseando con su patineta por afuera de mi casa, riendo contento con su pandilla de amigos.
Solo trataba de ignorarlo, obligándome a mí misma a centrarme en uno de mis numerosos libros.
Aunque yo no quisiera admitirlo, Gabriel Miyers se había adueñado de una parte importante en mi mente, una en la cual se guardaban las cosas que me desagradan. Y, a pesar de que su presencia en mi archivador mental no fuera positiva, no quitaba el hecho de que estaba allí, latente y firme, recordándome todo el tiempo que no me iba a dejar en paz.
No soporté demasiado dentro de mi habitación, donde podía escuchar todo lo que provenía de afuera.
Necesitaba con urgencia despejar la mente y distraerme de todo aquello que perturbara mi calma.
Bajé al primer piso y me senté en el sofá, ganándome una mirada de sorpresa de Odeth, quien se exaltó un poco al sentir algo hundirse a su lado. Me miró extrañada, como si se le hiciese un milagro verme.
– Por fin pasa algo interesante en esta casa. –Comentó Odeth después de unos segundos.
– Hola a ti también Odeth.
Fijé la mirada en la televisión. La programación transmitía un documental de la vida salvaje, explicando a detalle la vida de los pingüinos emperador.
No me interesaban demasiado esos programas, pero he de decir que si te atrapan por un buen tiempo. Le daba créditos al narrador por llamar tanto la atención.
– ¿A quién le escribes tanto?
Arrugué el ceño al sentir como Odeth se tensaba.
– Chismosear no es bueno. – Me contestó Odeth.
Los nervios eran anormalmente evidentes en su tono.
– No me interesa lo que hagas o no con tu vida, pero estoy segura de que mamá se enfadaría si supiera que usabas tu celular y la televisión al mismo tiempo, – Respondí sin apartar la mirada de la pantalla. – y no eres la persona correcta para reprenderme por la curiosidad Odeth.
La escuché suspirar pausadamente. Vio la pantalla del celular otra vez cuando vibró y tecleó algo de forma veloz. Ella continuó con su actividad por un tiempo y yo seguí mirando el programa. Aprendí datos de los cuales no me acordaré la próxima semana, pero eso daba igual.
La actitud de Odeth era bastante peculiar e inusual a lo que siempre solía ser.
Se estaba comportando muy extraño desde hace unos meses atrás. Yo no podía juzgarla ni recriminarla por tener ese comportamiento, pero sí había un cambio en ella. No compartíamos muchos momentos de hermanas como para poder conocerla bien, pero si de algo me había servido ser reservada, era que notaba cosas que otros no con la vista y la audición. Y sabía que Odeth no era la misma. Sus ojos más brillantes la delataban, mezclando ese pequeño detalle de que ahora prestaba más atención a su celular que al resto del mundo. Se había vuelto muy torpe por eso.
– ¡Mami! ¡Hay una araña gigante en el baño! – Gritó Bastián.
Odeth y yo giramos la cabeza al acceso del segundo piso cuando escuchamos semejante grito. El castaño bajaba a toda prisa las escaleras, con una toalla en el cabello y otra rodeando su cintura. Su rostro trigueño se había vuelto pálido y su expresión estaba alarmada.
– ¿Qué cosa? – Preguntó Odeth, dejando de lado su celular.
– ¡Una puta araña! ¡Me estaba mirando mientras me bañaba! – Exclamó Bastián, completamente histérico.
La cara de Odeth daba a entender que estaba a punto de soltar en risa, igual que yo, aunque trataba vagamente de simularlo.
– ¡No te rías! – Alegó Bastián, moviendo los brazos exageradamente. – ¿No lo entiendes? ¡Si me picaba me podía morir! – Continuó gritando.
Y es que, mi hermano mayor, a pesar de tener sus estudios completos, un trabajo serio, una novia y poco tiempo para convertirse en un treintañero, aún temía a las arañas.
– Uh, que miedo. ¡Un monstruo! – Se mofó Odeth.
– ¡No te burles! – Continuó alegando. – ¡Ve a matarla, Odeth! ¡No seas tan cruel conmigo!
– Soy demasiado joven para morir. – Las risas y burlas de Odeth no paraban, alterando más a Bastián.
– Ay... Moriré rodeada de tontos. –Comenté masajeando mis cienes.
Las carcajadas de Odeth se multiplicaron a mil con mi comentario, incluso tenía la impresión de que se iba a atragantar con su propia saliva de tanto reír. Mientras Bastián, con el pánico en sus ojos, aún no era capaz de regresar al baño y confrontar a la "asesina".
– ¡Samanta! ¡Por favor hermanita! ¡Acaba con esa cosa! – Me rogó Bastián con las manos juntas.
Daba mucha gracia la situación. Odeth matándose de risa, mientras Bastián, un chico bastante más alto que yo, me rogaba que fuera a matar a una araña del baño. Era la situación más bizarra que podía imaginarme.
Cuando Odeth logró estabilizar sus emociones, fue al baño en busca de la araña.
Deduje que no habían encontrado nada porque Bastián le insistía a la mediana de entre los tres que se quedara con él mientras terminaba de bañarse. También me insistió a mí, pero, debo confesar que prefiero que me hostigue mi vecino a escuchar a mi hermano mayor cantar en la ducha por los veinte minutos que demora en bañarse.
Finalmente, terminó de bañarse en solitario, pero daba pequeños gritos cuando tenía la sensación de que algo se movía en el interior de la ducha.
Yo ya me había ido a mi habitación, encerrándome en mi mundo como lo hacía siempre.
No existían dudas de que el semi rubio ya no estaba fuera de la casa, pues los ruidos que se manifestaban en mi habitación ya habían quedado en tiempo pasado, algo que agradecía enormemente.
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Algo en ti
Teen FictionEsta es la historia de una adolescente, cual nombre es Samanta García, narrada desde su perspectiva. Se centra en el instante en el que conoce a un particular chico que le hará cambiar su punto de vista y aflojar todo lo que alguna vez no quiso dem...
