Capitulo 2 - Primer día

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Michelle

Me desperté de un brinco.

La alarma sonaba con insistencia desde alguna parte desconocida de mi cama. Tardé unos segundos en entender que mi teléfono no estaba en la mesita de noche, así que comencé a revolver las sábanas como si se me fuera la vida en ello, hasta que lo encontré por fin y lo apagué.

Primer día de clases. Y, honestamente, no estaba ni remotamente emocionada.

Me recogí el cabello en un moño desordenado, hice mi cama casi por inercia y entré al baño con esa sensación de rutina obligada, esa que vuelve cada año después del verano, como si nunca se hubiera ido. Desayunar con mis padres, sería como un golpe de aire fresco aunque fingiría más entusiasmo del que realmente tenía.

—¡Buenos días! —grité mientras bajaba las escaleras.

—Buenos días, hija —respondió mi papá al mismo tiempo que me daba un beso en la frente.

Me dirigí a la cocina y, mientras bebía un sorbo de jugo, el teléfono vibró en la mesa. Una notificación iluminó la pantalla y, sin pensarlo, la abrí. Era él. Rockstar.

Espero que te vaya increíble en la escuela hoy, pequeña.

Nunca me has visto, no puedes decir que soy pequeña.

No me hace falta verte para querer llamarte pequeña.

Sonreí sola, sin querer.

Bloqueé la pantalla y traté de actuar normal. No era la primera vez que hablábamos así, pero sí la primera que sus palabras me hacían sentir... algo distinto. No sé si era ternura, nervios o simplemente el efecto de una rutina que, hasta ahora, él lograba romper un poco cada día.

La voz de mi papá me llamó desde el garaje, así que tomé mi mochila y salí hacia el coche. Me senté atrás, como siempre. Íbamos a pasar por Alex.

No habían pasado ni cinco minutos cuando el teléfono volvió a vibrar.

Otra vez él.

¿Cuándo será el día en que nos veremos?

No lo sé... ¿cuándo vienes a Miami?

Vivo en Miami.

Tu perfil no dice eso.

No iba a poner mi dirección real. Eso no sería muy inteligente.

Me quedé mirando el mensaje. Y tenía razón.

No era seguro compartir esa información en una app anónima. Pero... él vivía en Miami. ¿Desde el principio? ¿Y si ya nos cruzamos alguna vez sin saberlo?

Una puerta se abrió de golpe, sacándome de mis pensamientos. La sonrisa de Alex apareció brillante como siempre, y el interior del coche se llenó de su voz mientras comenzábamos a ponernos al día. Mis padres hablaban con nosotras durante el resto del trayecto, y por un rato me olvidé por completo del mensaje de Rockstar.

—Llegamos —dijo mi papá mientras se estacionaba frente a la escuela.

Alex y yo bajamos del coche y caminamos entre la multitud hasta nuestros casilleros. La escuela estaba llena, como siempre el primer día, con esa mezcla entre emoción y nervios que flota en el aire.

De pronto, algo —o alguien— me saltó encima. Literalmente.

—¡Ahhh! —Alex y yo gritamos al unísono cuando caímos al suelo entre risas y confusión.

Todos se giraron hacia nosotras, pero apenas vimos de quién se trataba, todo tuvo sentido. Rebeca.

—¡Cuéntenme! ¿Qué tal sus vacaciones? —preguntó, llena de energía.

—Básicamente estuvimos alternando entre su casa y la mía —respondí entre risas.

—¡Chicos a la vista! —advirtió Alex, y las tres giramos la cabeza al mismo tiempo.

Allí estaban, Kimi, Charles, Carlos, George... y un chico nuevo.

Definitivamente no lo había visto antes.
Debe ser el que Alex mencionó en su casa.

—Hola, chicas —saludó George con una sonrisa amplia. Las tres respondimos con un "hola" casual, aunque Rebeca parecía más emocionada que nosotras. Ella era amiga de todos, pero George en particular era uno de sus mejores amigos. Se acercó a ella, la abrazó con fuerza y hasta la levantó del piso como si no hubieran pasado ni un día sin verse.

—Él es mi amigo Lando Norris, viene de Inglaterra —dijo George.

El chico nos miró. Sonrió. O al menos lo intentó. Su sonrisa era tan falsa que casi podía escucharla crujir.

La campana sonó justo a tiempo, como un salvavidas social. Charles se acercó an Alex y le dio un beso rápido en la mejilla. Ella solo le sonrió como si fuera lo más normal del mundo.

Mis amigas salieron corriendo con los chicos rumbo a clase, pero yo me detuve un segundo en mi casillero. Necesitaba sacar unas cosas antes de irme. Mientras buscaba entre mis cuadernos, me obligué a no volver a pensar en Rockstar... ni en ese mensaje... ni en que él también vivía en Miami.

Cerré la puerta y empecé a caminar hacia mi clase. Y fue ahí. Justo cuando estaba a punto de entrar al salón, choqué de hombro con alguien.
Volteé de inmediato, molesta por reflejo.

Y ahí estaba otra vez. Lando Norris. Mirándome con esa cara.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora