V E I N T I D Ó S

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Succiono suavemente mi labio inferior observándolos.

—Yo no los recuerdo. —aseguro mirando a todos con desconfianza, realmente no lo hago, por más que escarbo en mi mente no recuerdo sus ojos negros llenos de oscuridad, ni su cabello oscuro. Nada de ellos y eso me aterra.

Si mi madre dice que los conocía... y no los recuerdo... eso quiere decir, que yo... Probablemente... tengo conexión con esos chicos, ¿y no lo recuerdo?

Piensa, Sage. ¿Recuerdas ir a la cabaña por el chico de cabello ruloso? ¿Puedes recordar su rostro pálido? ¿¡Puedes recordar el olor a muerte?!

Escucho la voz acusadora del instructor del pueblo que se encargaba de hacerme esas preguntas asegurando que yo era quien los mataba.

No, no. ¡Yo no estuve ahí! Efectivamente él fue encontrado en una cabaña, pero no fui yo. Yo no estuve ahí.

—Probablemente fue por cómo sucedieron de golpe las cosas. —habla mi madre con una tranquilidad que me quema las entrañas.

—No, no... ¿Eso es posible?

Ella se levanta y camina en mi dirección, al llegar a mi altura, acuna mi rostro con suavidad, observo sus ojos fijamente con algo diferente en ella.

—Es psicológico, mi niña. —susurra intentando calmarme. —Todo está aquí, Sage. —intento describir algún signo de mentira en ella. Con su dedo índice da unos pequeños toques en mi sien, refiriéndose a mi cabeza. —Hay cosas que olvidas, cosas que recuerdas vagamente, eso es producto de lo que sucedió.

Mi madre es psicóloga, eso eso me hace creerle... tengo que creerle, ella no me va a mentir con algo así, es mi madre.

Ahora desconfío de mi mente, ¿Que cosas no recuerdo?

——————★——————

—¿Tengo que tomar esas pastillas? —señalo el frasco sobre la mesa de noche.

Todo es tan confuso aún, siento que todos me ocultan cosas y no me dan respuestas. 

Tengo miedo de descubrir y de saber que demonios sucede, tengo miedo de caer en cuenta que la única responsable, soy yo.

Que soy un monstruo.

Somos monstruos, Sage. Tú incluida.

La voz de Izan llega a mi mente. Me pongo a recordar las palabras que dijo con tanta profundidad, frialdad y tan seguro de que es así. Intento encontrar algún sentido a ello, pero nada.

—Si, te ayudarán. Espero que con esto puedas mejorar, tanto emocional como mentalmente, cariño. —camina tranquilamente a la puerta de mi habitación, antes de salir por completo se detiene con la mano en la perilla. —Tómate la pastilla, Sage.

Asiento con la cabeza, cierra la puerta detrás de ella y me salgo de la cama casi de un brinco.

—Necesito recordar, necesito saber si es verdad. ¿Realmente los conozco? ¿Entonces, por que no los recuerdo?

tómate las pastillas, Sage.

La voz de mi madre se hace presente en mi mente, regreso a la cama. Tomo una pastilla del frasco con el agua de mi mesa de noche, me recuesto y cierro los ojos.

¿Donde estas... Alexer?

¿De donde saliste... Kyler?

¿En donde te conocí... Izan?

Miles de preguntas me invaden cuando el sueño se hace presente, no tardo en caer en un sueño profundo.

—Él es Izan, yo soy Izela. —poco a poco, sus rasgos se hacen más claros, esta más que claro que son ellos. —Estamos aquí por unos días, mi madre vino a recoger a...

ALEXER. CORRIGIENDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora