PRÓLOGO

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—Ring, ring... —escuché sonar el teléfono—. Ring, ring... —volvió a insistir.

Desesperada porque dejara de sonar, fui a cogerlo. Cuando por fin acepté la llamada y vi de quien se trataba, instantáneamente me salió una enorme sonrisa en la cara.

—Hola —saludé a mi mejor amiga y futura tía de mis hijos.

—Hola —me saludó ella desde el otro lado.

Tan concentrada estaba hablando por teléfono que por poco se me olvidaba presentarme.

Bueno..., a ver cómo podía empezar.

Hola, soy Katherine Johnson, aunque las personas de mi alrededor me solían llamar Kathy. Mi madre era la única excepción y a la única que le dejaba llamarme por mi nombre completo. Ah, y la que ahora mismo me estaba gritando desde la otra línea —me iba a dejar sorda, por dios mis tímpanos—, era mi mejor amiga Becket Patterson, que además de ser de las pocas personas a las que más quería y en la que más confiaba, también era la única que había estado conmigo desde la infancia.

Os preguntaréis por qué estaba gritando de esa manera. Bien, pues resulta que sus padres le regalaron entradas de su grupo de pop favorito, y como íbamos a ir juntas a verlo, ahora también resultaba ser el mío.

El concierto sería este sábado por la noche. Por lo que había oído hablar en el Instituto: iba a ver mucha pero que mucha gente. Lo que quería decir que nos tocaba no separarnos en ningún momento e ir juntas todo el tiempo. O eso era lo que le había dicho a mi madre para que nos dejara ir.

Es verdad que a mí el grupo en sí no me interesaba mucho, había oído algunas canciones por mi mejor amiga, nada más. Ella sí que estaba loca por ellos. Ya sin contar que lo que más le encantaba era la marcha, la acción y sobre todo, el drama. Mi amiga era muy dramática, demasiado quizás. Todo lo que tenía que ver con eso, iba de cabeza.

Aun así, me extrañaba que no tuviera novio todavía. Becket era súper guapa y súper linda. Todo le quedaba bien y a pesar de que no le hacía falta, siempre iba maquillada y muy bien vestida. Al contrario que yo que intentaba ir lo más simple posible. Guapa pero no tanto como mi mejor amiga que era una diosa.

Becket se encontraba tan contenta y emocionada por el concierto que me costaba seguirle el ritmo de la conversación. Parar sus gritos se convirtió en un reto bastante complicado.

—Ey —solté para captar su atención.

—¿Por qué me interrumpes?

Debía admitir que su indignación me puso de malhumor.

—Para que te calles con cariño, pero como sigas hablando y gritando te voy a quemar esas entradas.

Beck que ya me conocía lo suficiente no se le ocurrió otra cosa que empezar a partirse de risa.

—Jajajajaja.

Lo decía en serio, no entendía de que se reía.

—¡Deja de reírte!

—Lo siento, Kathy, pero no puedo contigo cuando te enfadas —admitió volviéndose a reír.

Hasta consiguió que acabara riéndome yo también. Becket tenía razón, como no solía enfadarme nunca, daba gracia verme de esa manera.

Y así es como podéis apreciar a dos focas, cada una en su casa, partiéndose de risa sin poder parar como dos auténticas chifladas. Sí, somos así.

.......

Nada más acabar con esa interminable llamada, fui a darme una ducha y a cambiarme de ropa. Ya era la una de la mañana y tenía que madrugar para ir a clases. Me puse mi pijama favorito, blanco y decorado con muchos patitos amarillos. Sí, infantil me diréis pero demasiado cómodo y mono para poder quejarme.

Una vez acostada en mi cama empecé a pensar en todo lo que había estado hablando con Becket y en lo cómoda que me encontraba tumbada. Lo bueno de vivir sin hermanos era que todo lo que me compraba mi madre iba solo para mí y no lo tenía ni que compartir. Mi cuarto decía mucho de ello: paredes blancas decoradas con fotos con Becket, con mi madre o con compañeros del Instituto; un espejo grande encima de mi escritorio lleno de libros de clase, subrayadores de colores y unos cuantos bolígrafos; una cama de matrimonio gigantesca, y una ventana al lado donde podía contemplar el jardín. Podéis creer que era millonaria o algo por el estilo pero no, simplemente vivía sola con mi madre que trabajaba como enfermera en un hospital. Por ende, casi nunca estaba en casa y eso me hacía sentir muy sola. Suerte que tenía una increíble mejor amiga que se quedaba conmigo a dormir de vez en cuando.

......

Visualicé a Beck a lo lejos esperándome en la entrada del Instituto. Íbamos hacia las taquillas para guardar los libros que no nos tocaban a esa hora.

Por desgracia, ese día teníamos física y química a primera hora de la mañana. Siempre íbamos temprano para poder hacer los deberes antes de que llegase la profesora. Sinceramente, estábamos de exámenes hasta arriba y sin mucho tiempo para hacerlos en casa. Por suerte para mí, Becket me ayudaba en todo lo que no entendía. A ella se le daban mucho mejor las ciencias que a mí.

Luego de tener dos horas muy aburridas, podíamos disfrutar del descanso. Las dos nos dirigimos hacia la cafetería. Allí nos esperaban dos de nuestros grandes amigos: Mike Tyson y Charlotte Hornets. Ellos charlaban tranquilamente sentados en una de las mesas de la cafetería. A Mike lo conocíamos desde hace poco más de un año, no era de aquí sino que se había trasladado con su familia desde Inglaterra. Al principio era un poco tímido con nosotras, más tarde se acostumbró y pudimos conocer su lado más divertido. Mike era muy gracioso y le encantaba gastar bromas continuamente. Con quien más hablaba era con Charlotte, los dos se llevaban especialmente bien. A Charlotte sí que la conocíamos de mucho antes, estuvo con nosotras en nuestro antiguo colegio y teníamos mucha más confianza con ella.

—Hola, chicas —nos saludó Mike tan de buen humor como de costumbre.

—Hola, tonto.

A Becket siempre le gustaba molestarlo. Yo no tenía ni fuerzas para saludar con tanto entusiasmo, estaba cansada y muerta de sueño.

—Se te ve bien —comentó Mike burlándose de mí.

—Idiota.

Tan cansada me sentía que solté lo primero que se me vino a la cabeza.

—¿Qué váis a hacer este finde? —preguntó Charlotte con curiosidad.

Rápidamente me tapé los oídos sabiendo lo que iba a pasar.

—¡Aaaaaah! —chilló Beck súper emocionada.

Sabía que pasaría.

Charlotte no esperó a que se callara:

—¿¡Qué le pasa!?

—Sus padres le compraron las entradas para el concierto del sábado.

—¿La de los chicos pop esos? No entiendo como os puede gustar esa música —opinó Mike cometiendo el peor error de su vida.

—¡Eh! Esos chicos pop tienen nombre y su música es mucho mejor que el rock que tú escuchas. Al menos ellos no son personas gritando.

¡Oh, no!

Y así es como comenzaba una discusión mientras Charlotte y yo nos reíamos por los comentarios de nuestros dos amigos. Eso sí, todo sano, podrán pelearse de vez en cuando pero en realidad los dos se querían muchísimo.

 Eso sí, todo sano, podrán pelearse de vez en cuando pero en realidad los dos se querían muchísimo

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