Era el primer lunes que me veía tan emocionada y encima no me encontraba muerta de sueño.
¡Estaba súper contenta e ilusionada! La verdad que nunca imaginé que un chico como Christian me invitaría a salir. No tenía claro ni siquiera si esto era una cita, pero mientras fuese con él, nada más importaba.
Quedaban muchas horas para nuestra supuesta cita y yo —todavía en una mañana de Instituto—, me encontraba demasiado nerviosa como para poder pensar en otra cosa que no fuera en esta tarde y en Christian.
Es más, por estar tanto tiempo dándole vueltas e imaginando miles de escenas, era incapaz de concentrarme y atender al profesor a la vez. Suerte que mi queridísima amiga Becket me explicaría todos los ejercicios antes del examen. Que por cierto, ella aún no sabía nada de mi quedada con Christian. Ayer lo único que le envié fue un mensaje donde prácticamente le daba a comprender que muy pronto mi etapa de soltería terminaría.
Beck estaba esperando impacientemente a que le diera alguna pista, sin embargo, yo prefería contárselo más tarde en la cafetería. Así se lo podía contar con detalles como a ella le gustaba.
—¿Por qué me dejas con la intriga? —se quejó mirándome con cara de pocos amigos.
—Porque quiero que lo sepas con todo detalle.
—Está bien —medio aceptó—, eso sí, ¿qué hago con esta intriga mientras? —volvió a quejarse sabiendo que no le iba a contestar.
..........
Por fin, después de eternas horas de sufrimiento, llegamos a la cafetería.
Nos sentamos en una mesa algo apartada de las demás para tener cero molestias.
—Amiga cuenta —me suplicó Beck nada más sentarnos en la mesa.
Cuando quería se convertía en una persona muy intensa.
—Pues verás, resulta que ayer salí un rato para despejarme un poco y aproveché que había un banco cerca de mí para sentarme y relajarme —comencé alargando su intriga—. Estaba tranquilamente echando un vistazo a mis redes sociales, cuando de repente, levanté la mirada del teléfono y noté que alguien me observaba desde lejos.
—¡El de los mensajes! —exclamó asustada un poco más alto de lo que debía.
—No, amiga, no. Cálmate, no tiene nada que ver.
—Uff, qué susto. Espera, ¿y quién era entonces?
—Si me dejases continuar.
—Vale, vale, continúa —proclamó impaciente por averiguar de quién se trataba.
—Resulta que el que me estaba mirando no era el de los mensajes, más bien, era otra persona. Era...—hice un suspense para darle más emoción—... ¡Era Christian! ¡El que conocí en el concierto! —finalmente exclamé emocionada.
—¿El mismo chico al que no le pediste su número? —interrogó con ganas de saber más.
—Exacto, de hecho, ahora sí tengo su número.
—¡Aaaaaah! —gritó Becket ilusionada por mí—. ¿Y cómo pasó? Cuenta, cuenta —me insistió esperando a que se lo contara absolutamente todo.
—Pasó que estuvimos hablando tranquilamente de cualquier cosa y en un momento dado nos miramos, estábamos demasiado cerca el uno del otro, él poco a poco se agachó y....
—¿Y? —volvió a insistir con mucha curiosidad.
—Me besó —admití sin más rodeos.
—¡Aaaaaah! —gritó otra vez, pero esta vez intentando no llamar la atención—. ¿Te besó? ¿Y cómo fue, cómo te sentiste?
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Deja que cuide de ti
Romance¿Qué es lo que harías si alguien totalmente desconocido cogiera las riendas de tu vida? ¿O si alguien anónimo empezara a mandarte mensajes y cartas en plan psicópata? Yo, Katherine Johnson, aún no tengo ni idea de qué hacer. Y mi mejor amiga, Becke...
