—¿Tienes todo amiga? —pregunté mirando como sacaba todas las cartas.
—Sí —me respondió ella muy segura.
—¿Y las fotos y las notas? —le cuestioné al no ver ninguna.
—Metidas en sus cartas correspondientes —contestó orgullosa de haberlas ordenado.
—¿Y a qué estamos esperando? —pregunté lista para verlas todas.
—Espera —la miré confusa—, tengo sed. ¿Puedes ir abriendo algunas?
—Sí, claro —le respondí cogiendo la primera carta que estuviera más cerca de mí.
La abrí rápidamente sin querer perder más tiempo y con la curiosidad de saber qué carta era esta.
Nos habían enviado ya tantas, que me resultaba extraño que en ninguna de ellas no hayamos averiguado todavía nada.
Eran cartas con mucho significado para mí y para Becket. Me recordaban a todos esos días, a todas las intrigas y emociones antes de verlas, y a todas las cosas que nos habían pasado antes de ni siquiera tenerlas.
Nada eran cosas buenas. Todo fue misterioso y peligroso, hasta escalofriante en más de una ocasión.
Y ahora, iba a tener que abrir y ver todas de nuevo. Todas esas emociones y sentimientos se iban a revolver en mi interior como en aquellos días.
¿Tenía fuerzas para hacerlo?
¿Estaba pensando con claridad?
Solté la carta otra vez en su sitio, sinceramente, tenía miedo de que fuera la foto de Brittany.
Aún me atormentaba por la noche su cadáver, su piel tan pálida y sus ojos tan abiertos. Nunca esas imágenes se me irían de la cabeza.
Efectivamente, se me había generado un trauma después de eso. Aunque me costara mucho admitirlo.
No quería ni pensar en ello.
Volví a fijarme otra vez en las cartas. Todas ordenadas por Becket.
Me pregunto cómo habrá hecho ella para tener que aguantar la foto de Brittany.
Tenía que ser fuerte. Olvidarme del resto e intentar abrir por lo menos una.
Cogí la carta que más me llamó la atención y de la que estaba segura que no estaba la foto de Brittany dentro.
La única carta que no era blanca. La única carta que si podíamos diferenciar. Y la única carta que conseguimos a través de que nos secuestraron.
No sabía si era buena idea abrir esta primera. Sinceramente, aún salía a la calle con miedo.
La abrí deseando con todas mis fuerzas no tener que hacer esto. Y no volver nunca a contemplar ninguna de estas fotos. Pero, probablemente, no me quedaba otra opción.
Espera un momento.
—Aquí no había nada —pensé con la mano metida en ella.
Miré bien, saqué mi mano, la volví a meter y así repetidas veces. Pero no había absolutamente nada.
¿Qué raro? A lo mejor Becket la había metido sin querer en otra carta.
Cogí la que estaba más cerca, ignoré totalmente que podría ser la de Brittany.
Pero, también estaba vacía.
Agarré la de al lado y justo llegó Becket.
—¿Qué haces? —preguntó mi amiga extrañada por mi cara de disgusto.
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Deja que cuide de ti
Cinta¿Qué es lo que harías si alguien totalmente desconocido cogiera las riendas de tu vida? ¿O si alguien anónimo empezara a mandarte mensajes y cartas en plan psicópata? Yo, Katherine Johnson, aún no tengo ni idea de qué hacer. Y mi mejor amiga, Becke...
